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El aeropuerto del Prat: pájaros metropolitanos

Por El Quinze
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Fuselajes, carlingas, slats y flaps. Son palabras con las que muchos ciudadanos se han familiarizado en los últimos años, en los que el tráfico aéreo ha crecido de manera exponencial. El mayor aeropuerto de Catalunya cerró 2018 con 50 millones de viajeros, casi el doble de los registrados hace solo diez años. Todo un récord para una infraestructura que es, sin duda, uno de los motores del área metropolitana. Dispone de dos terminales y tres pistas, que permiten 90 despegues y aterrizajes por hora, operados por más de 80 aerolíneas que lo conectan con 196 destinos. Muchos turistas lo conocen como el aeropuerto de Barcelona. Para los autóctonos, suele ser el del Prat. Y desde hace un mes lleva, oficialmente, el nombre de Josep Tarradellas, una decisión del Gobierno central que ni ha sentado demasiado bien ni, de momento, ha cuajado. A seis metros sobre el nivel del mar, el gris de su asfalto contrasta con el verde de los reductos naturales que sobreviven en su entorno: el Parc Agrari y el Delta del Llobregat. Una convivencia en ocasiones conflictiva: solo los halcones adiestrados evitan que las aves migratorias que recalan en este paraje entorpezcan la actividad aeronáutica. Un ir y venir que, por cierto, hace las delicias de los spotters, aquellos aficionados a la aviación que, desde una docena de puntos estratégicamente colocados, fotografían los aviones que llegan o parten de este particular ecosistema ubicado ya en la comarca del Baix Llobregat.