Opinión
El Pequeño Nicolás, en la OTAN

Directora corporativa y de Relaciones institucionales.
Algunos jueces españoles -y mucho españoles- han llegado a la categoría de berlanguianos según el ministro Óscar Puente, que describió así la decisión de la Audiencia Provincial de Madrid de suspensión de entrada en la cárcel a Francisco Nicolás Gómez Iglesias, más conocido como El Pequeño Nicolás. Quien fuera una estrella mediática en España la década pasada por su capacidad de introducirse en todas las esferas de poder del PP -desde las patronales de empresarios al Palacio Real- a pesar de su juventud, se enfrentaba a una última condena de dos años de cárcel por falsificar documentación para hacerse pasar por un alto cargo de la Administración.
La Audiencia Provincial, no obstante, considera que el condenado lleva doce años de procesos judiciales y que ya no hace falta que entre en prisión, siempre y cuando pague 1.800 euros y no vuelva a delinquir en cuatro años. Y yo pensando que lo del buen comportamiento se vigiliaba dentro de la cárcel... ¿Cómo era lo de la garantía de reconciliación con dios cuando confiesas tus pecados a un sacerdote, que se me viene a la cabeza ahora por lo que sea? Examen de conciencia, dolor de los pecados, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. En el caso de Francisco Nicolás, los sacerdotes de la Audiencia Provincial creen que la penitencia ya se ha cumplido con no haber cometido ningún delito -algo extraordinario, al parecer- durante los doce años de dilación judicial, ésta de la que tienen la responsabilidad los propios tribunales, supongo, aunque algunos togados gocen de bula permanente en esta España nuestra.
La cuestión, sin embargo, no es si Gómez Iglesias entra o no en prisión, si es justo o no dejarlo libre. En todo caso, la gravedad de sus delitos no alcanza ni a los calcetines de marca de Víctor de Aldama y ahí tienen al nuevo referente de la ultraderecha patria celebrando la generosidad del Supremo con una fiesta en Formentera. La cuestión es la coincidencia del día en que la decisión de no encarcelar a Francisco Nicolás se hace saber por parte de la Audiencia madrileña, poco después del pitorreo explícito del Alto Tribunal con la libertad del corruptor Aldama frente a los 24 años de prisión del exministro corrupto José Luis Ábalos y a las pocas horas de conocerse que Begoña Gómez no tiene permitido viajar a la cumbre de la OTAN de Ankara junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que casualmente es su marido. No puede ir a Turquía, ha dictado el juez sustituto del sustituto de Juan Carlos Peinado -de vacaciones sin cerrar este asunto, porque él lo vale-, porque este país no pertenece a la UE. Gómez sí puede viajar a Reino Unido, en cambio, a la graduación de su hija, porque todo el mundo sabe que lo del brexit fue una alucinación colectiva y UK sigue siendo Estado miembro europeo. Solo de imaginar a Gómez en Ankara en un intento de salir corriendo para huir de tropecientos policías españoles, otros agentes de los países de la OTAN, los servicios de Inteligencia de los ídem, sus presidentes o primeros ministros y el sunsuncorda, me hace creer que las encuestas sobre el lawfare y la confianza de los españoles en la Justicia publicadas esta semana en La Vanguardia y El País se han quedado cortas.
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