Este artículo se publicó hace 6 años.
Bolsas de tela y tápers contra los residuos

Por El Quinze
Vanessa Rodríguez va a buscar a sus hijos a la salida del colegio, en el barrio del Poblenou de Barcelona. Hoy no ha podido pasar por casa para prepararles la merienda y les ha comprado unos bocadillos que le han envuelto. Pero es una excepción. "Mamá, ¿dónde está el portabocadillos? ¡Nunca nos traes la merienda envuelta en papel de aluminio!", se queja su hijo Martí. Hace tres años que la familia de Vanessa, su pareja Carlos Escudero y sus dos hijos, hizo un cambio radical en su modo de consumir. Dejaron de ir al súper para acudir al mercado con una bolsa repleta de envases reutilizables y bolsas de red para transportar productos frescos, fruta y verdura. También frecuentan las tiendas a granel de su barrio, donde compran pasta, arroz o grano. Y al llegar a casa organizan la compra sin haber generado ningún residuo y sin tener que soportar los malos olores de los envases sucios. "¡A los niños les encanta salir a comprar, porque es como un juego! Ellos llenan los envases y las bolsas de los productos que necesitamos. Y son muy conscientes de que no hace falta comprar si puedes reutilizar o reparar", explica Vanessa. "En casa los cepillos de dientes son de bambú; el jabón, de pastilla; hemos cambiado la cafetera de cápsulas monodosis por una exprés y las toallitas del baño para los niños ahora son toallas de algodón que vamos lavando", añade.
Un cambio posible
La de Vanessa fue una de las cinco familias escogidas para participar en 2018 en el reto de no generar residuos –o de generar los mínimos residuos posibles– durante un mes. La campaña Jo soc coco –de consumidor consciente–, impulsada por la Fundació Rezero, una entidad sin ánimo de lucro que promueve la prevención de residuos y el consumo responsable, seleccionó cinco hogares de distintos perfiles pero que no fueran activistas ni tuvieran relación alguna con asociaciones medioambientales, para dejar constancia de que, si se quiere cambiar, se puede; que, si se organizan las compras de manera consciente, los residuos generados en un hogar pueden reducirse a más de la mitad.
El experimento, pionero en Europa, constaba de dos fases. Primero se pedía a los voluntarios que mantuviesen sus hábitos en cuanto a consumo y residuos durante un mes, guardando –y, si era necesario, limpiando– los envases para que los técnicos de Rezero los pudieran contabilizar. Pasado ese primer mes, la entidad le entregaba a cada familia un kit de ayuda para reducir el volumen de residuos generados, compuesto por bolsas de red, envases reutilizables y portabocadillos, entre otros utensilios, junto a un listado de consejos que podían colgar en la nevera.
El ingenio y la fuerza de voluntad permitió que todos los participantes, entre ellos Jordi Arias y Christian Koester, otra pareja voluntaria de la ciudad de Barcelona, redujeran la basura de casa a más de la mitad: "¡La foto del antes y el después es muy chocante! Te hace reflexionar sobre la cantidad de residuos que generamos y que podríamos evitar", reflexiona Jordi. "Ahora tiramos menos comida y ahorramos dinero. El problema siempre aparece cuando hay pereza e improvisación. Si no planificas, acabas consumiendo envases y plástico", dice el participante.
La campaña Jo soc coco no sólo logró sensibilizar a estas familias de la necesidad de un cambio de hábitos: también fue premiada con el Premio Europeo en Prevención de Residuos por la webserie Objetivo Residuo Cero, en el que las cinco familias voluntarias contaban su día a día y las ventajas e inconvenientes con los que se iban encontrando mientras trataban de conseguir el reto. "Desde el Jo soc coco ha habido una explosión en cuanto a la sensibilización acerca de los plásticos y los productos de usar y tirar. Hemos puesto en evidencia que hacemos un gran consumo de productos de plástico que no se recuperan ni se reciclan", apunta Rosa García, directora de la Fundació Rezero.
Las estadísticas lo corroboran. Según datos de esta fundación, cada municipio catalán genera cuatro millones de toneladas de residuos al año, lo que equivale a una ratio por cápita de 1,35 kilos al día; unas cantidades alarmantes contra las que muchos consumidores ya luchan de manera anónima. El contador en línea The World Counts, por su parte, calcula que cada año se generan 2,12 billones de toneladas de residuos en todo el planeta: si se pusiera toda esa basura en camiones, estos darían la vuelta al mundo 24 veces. Y, según recoge la misma web, el 99% de lo que se compra se tira al cabo de solo seis meses. "El tiempo se agota y necesitamos medidas concretas. Es importante demostrar que los ciudadanos quieren y pueden hacer un cambio real de consumo, pero también es necesario que la Administración regule y que las empresas aporten productos al mercado que no generen ningún impacto ambiental", asevera García.
Como no hay alternativa posible –no existe un planeta B– las Administraciones han empezado a legislar para eliminar el uso de algunos productos de plástico de usar y tirar. "Si me lo hubieran contado hace dos años, cuando iniciamos el Jo soc coco, no me lo habría creído", reconoce Rosa García. A partir de 2021, plásticos de un solo uso –como platos, cubiertos, pajitas y bastoncillos para los oídos– estarán prohibidos en todos los países de la Unión Europea. Los estados miembros tendrán que recuperar el 90% de las botellas de plástico en 2029 y se refuerza el principio de que quien contamina paga.
La reciente declaración de la emergencia climática en Barcelona incluye también un punto que hace referencia al modelo de consumo en el que se apuesta por desplegar una estrategia de residuo cero a partir de vasos y vajillas reutilizables, espacios y talleres de reparación, espacios de intercambio, biblioteca de las cosas, lugares de reparación, ferias y congresos bajos en residuos... En el marco de dicha declaración, además, el Consistorio ha constituido la Taula Plàstic Zero, un punto de encuentro multisectorial que debería servir para buscar soluciones al crecimiento exponencial de los plásticos de un solo uso y que contará con la participación y colaboración proactiva de diferentes agentes sociales y económicos. Rezero calcula que en 2020 la producción mundial del plástico llegará a los 500 millones de toneladas, y en 2050 la cifra podría superar los 1.800 millones. La cantidad de plástico reciclado no llega al 10%, según datos de la misma entidad.
El proyecto Jo soc coco no solo convenció de la necesidad del cambio a las cinco familias que participaron: como si de una cadena se tratase, ellas también se han encargado de convencer a sus amigos, familiares y conocidos. "Cuando voy a comprar pescado con mis envases y veo a algún cliente que me mira, siempre le digo: «Llevo los envases, es muy cómodo, no huele y lo pongo directamente en la nevera». Quizás esa persona, al día siguiente, irá con el envase reutilizable a comprar", aventura Vanessa. "Ya no nos sentimos extraterrestres. Ahora nos encontramos a más personas con bolsas de red o con envases para comprar. Es más común", añade Jordi.
Ayuntamientos residuo cero
Isabel Sanuy, estudiante universitaria de Balaguer que residía en Barcelona durante el reto de Rezero, también ha conseguido cambiar los hábitos de su familia. "En casa soy muy pesada e insisto mucho en intentar no generar residuos. Cuando te metes en el tema, te das cuenta de que, si se quiere, se puede. He dejado de comprar muchos caprichos porque van envasados. En la actualidad priorizo el medio ambiente", asegura.
Algunos ayuntamientos metropolitanos también se han interesado por la campaña. Es el caso de Corbera de Llobregat, el primer Consistorio en realizar el reto residuo cero: organizó un ciclo de cuatro conferencias en el que los ciudadanos compartían experiencias e identificaban comercios verdes en los que poder comprar. "Repartimos kits de ayuda a las familias que participaron y 3.000 bolsas de red a los comercios a los que calificamos con un sello verde. El resultado fue muy positivo, aunque nos hubiera gustado que la participación fuese mayor", reconoce Xavier Miquel (CUP), concejal de Medi Ambient.
El Consistorio de Corbera también programó talleres mensuales –sobre cómo hacer su propio jabón, cocina de aprovechamiento, elaboración de compost o reparación de pequeños electrodomésticos– y, a finales de este año, tiene previsto empezar con la recogida de basura puerta a puerta. "Nuestra principal voluntad es reducir residuos, porque, aunque reciclamos por encima de la media, todavía generamos demasiada basura", añade Miquel.