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La Ciutat de la Justícia: iguales ante la ley

Por El Quinze
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Ocho bloques imponentes de hormigón armado teñidos de una sutil tonalidad que cambia de uno a otro. De distintas alturas, se disponen de manera que, en su interior, forman una plaza pública. Cuatro de ellos, además, comparten atrio. Esta es la arquitectura que da forma a la Ciutat de la Justícia, inaugurada hace diez años y que concentra los juzgados de L’Hospitalet de Llobregat y parte de los de Barcelona. Para llevar a cabo el proyecto –obra de los arquitectos David Chipperfield y Fermín Vázquez–, se buscó un solar a caballo entre los dos municipios, el del antiguo cuartel de Lepanto, ubicado en un extremo de la Gran Via y del que no se han conservado vestigios. Muchos recuerdan su tapia destartalada, cuando en los años noventa salían de la capital en dirección a la playa de Castelldefels, o para hacer la compra en el Pryca del Prat. Los zapadores dejarían paso a abogados, fiscales, jueces, demandantes y acusados, y también a psicólogos, forenses, traductores o archiveros, que dan vida a estas moles de apariencia cuadriculada. La Ciutat de la Justícia es ya uno de los emplazamientos clave del área metropolitana: de ella depende que todos seamos, como dice la teoría, iguales ante la ley. La práctica es más caprichosa. Aunque por el enclave han pasado desde ciudadanos anónimos hasta algunos tótems del oasis catalán –Félix Millet, por el expolio del Palau; Jordi Pujol, por los presuntos fondos ocultados...–, para el común de los mortales lo mejor es no tener que visitarlo nunca.