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La escuela y el instituto, sin cambiar de edificio

Por El Quinze
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Catalunya iniciará el curso 2019-2020 con 25 nuevos institutos escuela, un modelo educativo que facilita la escolarización de los alumnos en un mismo centro desde los 3 hasta los 16 años. La comunidad autónoma cuenta con 28 institutos escuela en funcionamiento. Los que se habilitarán ahora servirán para extender la secundaria, resolviendo así la falta de plazas en gran parte del territorio.
De estos nuevos institutos escuela, 20 se crearán en municipios de la provincia de Barcelona. En el Barcelonès Nord, tres de ellos se implantarán en Badalona –Sant Jordi, Rafael Alberti y Baldomer Solà– y uno en Santa Coloma de Gramenet –Pallaresa–. Cuatro centros con casuísticas distintas, pero que coinciden en que en los últimos años han visto reducida la demanda de P3. En Badalona, los tres colegios se hallan en barrios en los que viven familias vulnerables y donde los casos de abandono escolar son habituales.
"Entendemos que se haya dado prioridad a aquellos centros que disponen de aulas vacías y, de este modo, recibir a nuevos grupos sin que eso signifique un gran gasto", explica David Guerrero, portavoz de la Federación de AMPAS de Badalona (FAMPAS), entidad que ha batallado curso tras curso para que las escuelas de zonas con dificultades económicas y sociales no pierdan líneas. Los tres nuevos institutos escuela de Badalona deberían ayudar a resolver la falta de plazas de secundaria que las familias ya pronosticaban hace años. "En Badalona se crearán 120 plazas públicas de secundaria; algo que era absolutamente necesario", detalla Guerrero, que está convencido de que "la respuesta, sin duda, pasaba por crear nuevos grupos".
La Generalitat intenta resolver así dos problemas distintos: la falta de plazas de secundaria sin nuevas construcciones y el abandono escolar que se produce en el cambio de la primaria a la ESO. En el colegio Sant Jordi, en el barrio de Pomar de Badalona, lo vienen sufriendo desde hace tiempo. "Los alumnos tienen que desplazarse hasta el barrio de Bufalà para cursar la secundaria", recuerda Pili Padilla, directora del colegio desde hace tres años y profesora del centro desde hace diez. "A causa de esta lejanía, es cierto que algunos de los alumnos abandonaban y el absentismo crecía", añade.
El anuncio del Departament d’Ensenyament de convertir este centro en instituto escuela ha sido recibido "con mucha ilusión", según la directora del centro. "En la jornada de puertas abiertas nos han venido a conocer 30 familias, mientras que el curso pasado solamente vinieron dos", añade orgullosa Padilla. El colegio Sant Jordi se creó en 1968 en el contexto de las luchas vecinales en el barrio de Pomar, cuando se reivindicaban servicios públicos para el territorio. El centro ha llegado a acoger hasta 1.300 alumnos, distribuidos en tres líneas. Ahora, solamente ofrecen una, y desde hace cuatro años la matrícula ha bajado de los 225 alumnos a los 171 que tiene en la actualidad.
Un proyecto continuo
La Generalitat defiende el proyecto común entre la primaria y la secundaria. El conseller d’Ensenyament, Josep Bargalló (ERC), afirma que este modelo "asegura la continuidad pedagógica del centro y ofrece compactar la oferta en un único edificio". La lucha contra la segregación escolar es otro de los objetivos que defiende Bargalló con la implantación de los institutos escuela. Una opinión que no comparten las AMPA de Badalona. "El hecho de retener al alumnado durante la secundaria podría incluso empeorar la situación en centros que ya sufren el problema de la segregación", alerta David Guerrero. "Es necesario un plan realmente ambicioso que coordine diferentes medidas e integre a todos los agentes que intervienen en el ámbito educativo", asegura el portavoz de FAMPAS Badalona. Esto es, dice la entidad de madres y padres, "aumentar los recursos tanto humanos como económicos".
En 2011, fruto de la integración de dos colegios de primaria –la Escola Gaudí y la Escola Sant Antoni Maria Claret– y tras el cese de la actividad del Institut Collserola, nació el Institut Escola Turó de Roquetes, en el distrito de Nou Barris de Barcelona. "Tuvimos que modificar muchas cosas, fusionar maneras de ser y trabajar conjuntamente hacia objetivos pedagógicos comunes", explica Mireia Borràs, coordinadora pedagógica de secundaria de este instituto escuela.
"Roquetes ha sufrido mucho los efectos de la crisis; nuestro centro es de alta complejidad, ya que las familias han pasado por situaciones complicadas", detalla Borràs, que reconoce que ofrecer formación en un entorno cercano a las familias "ha ayudado a reducir el abandono y el absentismo escolar". Laura Lucas es madre de tres alumnos del Institut Escola Turó de Roquetes. El mayor se encuentra en sexto de primaria y el próximo curso empezará la secundaria en el mismo centro. "Es muy positivo, porque así no tendrá que coger el autobús para ir a otro instituto, que es lo que más miedo me daba", reconoce Laura. Sus otros dos hijos, gemelos, están en P5 y tienen toda la escolarización en el mismo barrio por delante.
Aun así, esta madre, miembro del AMPA del Turó de Roquetes, reconoce que la fusión de los dos centros de primaria no fue fácil: "Pasamos de dos a tres líneas cuando mi hijo era aún muy pequeño, y daba respeto que el número de alumnos se multiplicara". A pesar de ello, está muy satisfecha de su elección. Familias, profesorado y expertos en educación coinciden en que son todo ventajas en la creación de institutos escuela. "Les ofrecemos la posibilidad de tener un buen traspaso entre primaria y secundaria, la tranquilidad de seguir en el mismo barrio y poder hacer actividades conjuntas", asegura Borràs.
"La escuela y el instituto dejan de ser dos mundos separados para construir un proyecto compartido: mejoramos la coordinación y el funcionamiento", asegura la directora del Institut Escola La Mina, Marta del Campo. Este centro se creó en 2016 tras la fusión de la Escola Mediterrània y el Institut Fòrum 2004. Uno de los aspectos que lo diferencian de los institutos escuela que se crearán el próximo curso es la infraestructura. En el caso de La Mina –y también en el del Turó de Roquetes–, tiene un mismo proyecto educativo pero desarrollado en dos edificios distintos, muy cercanos. En los nuevos proyectos, la secundaria se incluirá en el mismo centro, aprovechando aulas vacías.
Un estudio elaborado en 2012 por Màrius Martínez, doctor en pedagogía de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), analizó los 18 institutos escuela que entonces existían y constató que esta tipología de centro garantiza que el entorno perciba una imagen de centro único, mejorando así el sentimiento de pertenencia y generando expectativas positivas. "El instituto escuela es, por tanto, una oportunidad para la mejora de la educación en el barrio de La Mina, ya que la continuidad aporta elementos de carácter afectivo y aumenta la posibilidad de no abandonar los estudios", dice Del Campo. "Esto nos permite hablar de discontinuidad de éxito, cuando un estudiante pierde el norte pero, gracias a este trabajo de acompañamiento, le vuelve a encontrar el sentido a algún proyecto que surge del centro", asegura Martínez. "En La Mina hemos recuperado a alumnos que habían abandonado; con el nuevo ciclo formativo de actividades comerciales, han vuelto al centro estudiantes que no habían seguido estudiando después de la ESO", asegura su directora.
Otra de las características, detalla Pilar Gargallo, docente y presidenta de Moviments de Renovació Pedagògica de Catalunya, es que se alinea con la oferta educativa de la escuela concertada, que desde hace muchos años ya ofrece la posibilidad de escolarizar a sus alumnos hasta la secundaria. Gargallo reconoce que este sentimiento de pertenencia podría llevar a pensar que los alumnos tendrán más dificultades para enfrentarse y adaptarse luego a un entorno distinto. Para evitarlo, el trabajo debe llevarse a cabo en el mismo centro. "Es necesario cuidar la autoestima; de este modo los jóvenes maduran y pueden pensar en las oportunidades que tendrán en un futuro", afirma Martínez.
UN MODELO REPUBLICANO
La Generalitat de Catalunya fundó el primer instituto escuela en 1932, en plena Segunda República, en el Parc de la Ciutadella, en Barcelona, con carácter de ensayo pedagógico. El centro admitía a niños y niñas a partir de once años y se regía por normas como la coeducación, el uso del catalán como lengua básica, la supresión de las calificaciones y los libros de texto o la introducción del ejercicio físico, entre otras. Pero no sería hasta el siglo XXI, tras la aprobación en 2009 de la Ley de educación en el Parlament de Catalunya, cuando se impulsó de nuevo la creación de este modelo. La mayoría de estos institutos escuela se formarían a partir de la fusión de dos centros educativos.
MÁS DE 50 INSTITUTOS ESCUELA EN CATALUNYA
En el próximo curso Catalunya contará con 53 institutos escuela: los 28 actuales más los 25 que se inaugurarán en septiembre. En la mayoría de los casos se trata de ampliaciones de escuelas para implementar la secundaria. Solo hay tres casos en que se fusionarán dos centros: Sant Quintí de Mediona (Alt Penedès), Empuriabrava (Alt Penedès) y Cornudella de Montsant (Priorat), todos fuera de Barcelona.
NUEVOS CENTROS METROPOLITANOS
Baldomer Solà. Badalona
Rafael Alberti. Badalona
Sant Jordi. Badalona
Can Llobet. Barberà del Vallès
ARTS. Barcelona
Sant Esteve. Castellar del Vallès
Pepa Colomer. El Prat de Llobregat
Pere Lliscart. L’Hospitalet de Llobregat
Montcada. Montcada i Reixac
Martinet. Ripollet
Pinetons. Ripollet
Teresa Altet. Rubí
Pallerola. Sant Celoni
Pallaresa. Santa Coloma de Gramenet
Sant Quintí de Mediona. Sant Quintí de Mediona
Pere Viver. Terrassa