Este artículo se publicó hace 7 años.
El móvil gana peso como herramienta educativa

Por El Quinze
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En algunas escuelas ya no hay pizarra, ni tizas, ni libros de papel. La tecnología ha entrado con fuerza en el aula, y agendas y cuadernos han dado paso a tabletas y campus virtuales. Los niños y adolescentes son nativos digitales. Por eso en los últimos años el aprendizaje y las nuevas tecnologías han empezado a ir de la mano, con la vista puesta en el futuro. El Instituto Pla Marcell de Cardedeu, por ejemplo, ha hecho de la tecnología un pilar fundamental de su método: si bien nunca ha tenido un aula de informática –del mismo modo que nunca ha usado libros de texto–, los ordenadores siempre han formado parte de la clase y han sido una herramienta de trabajo más para el alumno. Otra de las iniciativas que muestran la adaptación tecnológica del centro es la creación de sus propios portales digitales con redes sociales privadas, una especie de Facebook en el que se comentan proyectos que se trabajan en clase. En uno de ellos los alumnos hablan de literatura.
Con la irrupción de los smartphones, los alumnos empezaron a crear grupos de clase en Whatsapp. "Lo que antes pasaba en el aula ahora pasa en el chat", explica Àlex Salleras, director de este instituto del Vallès Oriental. Fue entonces cuando el centro incorporó sus propios espacios de aprendizaje en el chat y creó grupos en los que trabajar proyectos. "En el momento en que incorporamos el uso de Whatsapp o un hashtag de Twitter para abordar cuestiones concretas, estamos dando una nueva dimensión a la tecnología digital", dice Salleras, que añade que eso no quita que se regule el uso de los dispositivos en el instituto.
Entre regular y prohibir
Este extremo genera discusión a escala global. Francia, sin ir más lejos, volvió en septiembre de 2018 a la escuela sin teléfonos móviles tras aprobarse una ley los prohibía. La aplicación de esta medida reabrió el debate en España, donde el Gobierno llegó a plantearse seguir sus pasos. Por el momento, aquí no existe ninguna regulación específica sobre ello, ni por parte del Ministerio de Educación ni por parte de las comunidades autónomas. Así, cada centro puede decidir sus políticas.
En Catalunya, el Departament d’Educació tiene clara su postura: los dispositivos móviles deben usarse en las escuelas, siempre y cuando su uso esté vinculado al proceso formativo del alumnado. Según datos hechos públicos por la Generalitat, el 35,9% de los centros de primaria y secundaria públicos y concertados catalanes ya dan un uso educativo a los teléfonos móviles en el aula. "No entendemos esta prohibición tan radical de la tecnología; no acaba de encajar en el marco del siglo XXI", sostiene Mar Camacho, directora general de Innovació, Recerca i Cultura Digital de la Generalitat, que define la creación de este departamento –hace un año– como "un cambio de rumbo y una línea de futuro para avanzar hacia este modelo de centros del siglo XXI".
Las nuevas generaciones están más expuestas que nunca a las tecnologías digitales: el 71,8% de niños y jóvenes de entre 10 y 15 años disponen de móvil y, a los 16 años el 98,9% lo usa para conectarse a internet, según el Idescat. La clave está en la manera en que se educa a los niños y en la formación del profesorado, que a menudo no es la adecuada. Por eso Educació ha puesto en marcha este curso 2019-2020 un programa orientado a los alumnos de primaria y secundaria, pero también a los docentes: Mòbils.edu. La iniciativa, que tendrá una duración de tres años, se basa en modelos consolidados, como el BYOD –del inglés bring your own device (trae tu propio dispositivo)–, facilitando terminales a los alumnos que no dispongan de uno, y que abordará desde competencias comunicativas a la creación artística, pasando por un LAB de ciencia y ciudadanía y el aprendizaje mediante técnicas de gamificación. "Es un proyecto rompedor, ambicioso, centrado en los dispositivos como herramientas de aprendizaje, sobre todo los que caben en una mano: los móviles y las tabletas", explica Camacho, que resalta la importancia de la orientación pedagógica sobre qué uso hay que darles.
En el Instituto Pla i Farreras de Sant Cugat han pasado del libro al portátil, del portátil a la tableta y de la tableta al Chromebook, un nuevo modelo de computadoras basadas en web, diseñadas por la compañía Google. Para usarlas se debe validar un usuario que está gestionado en todo momento por el centro, lo que permite un control total del uso que le da el alumno. El docente limita las páginas a las que este puede entrar y las aplicaciones que pueden instalarse. "La idea es que los alumnos usen los dispositivos para acceder al material, pero que no estén todo el día con ellos. De hecho, hay días que no los usan", explica Toni Aparicio, director del centro y firme defensor de la tecnología en el aula. En su día a día usan el dispositivo como un libro de texto más, con el que trabajan con todo el material. El Chromebook es también su agenda, ahora convertida en una suerte de campus virtual.
En este centro del Vallès Occidental, donde sí que se trabaja de manera intensiva con el móvil es en la asignatura Utilitzem la Informática. En ella, mediante la iniciativa App Education, los alumnos aprenden a crear aplicaciones para móviles. App Education lleva el sello de mSchools, creado hace seis años bajo el paraguas del Mobile World Capital para integrar la tecnología móvil en la docencia. "Lo que hacemos es dar buenas pautas de uso para que la introducción de la tecnología en el aula funcione y sea efectiva. Educamos en toda esta metodología que permite que el móvil sea un aliado del docente, en lugar de ser su enemigo", apunta Albert Forn, director de mSchools. El programa empezó con la implementación de App Education en cuarto de ESO. Inicialmente vinculada a la asignatura de Tecnología, la acogida fue tan positiva que se introdujo en otros ámbitos. Surgieron Mobile History Map –vinculada a la historia–, mSteam –de ciencia– o mSchool Scratch Challenge –sobre programación–, además de talleres formativos para docentes. Forn asegura que, al margen de la materia de Tecnología, "la carencia es muy importante en otras asignaturas y espacios".
La formación del profesorado, vital
Educar en la era digital precisa de una formación del docente que en muchos casos se ve limitada por barreras que pueden provenir de reticencias personales al cambio o de factores externos, como la falta de tiempo. Por eso iniciativas como mSchools o Mòbils.edu inciden en el trabajo en red con el profesorado. "Si no lo formamos, poco rendimiento podremos extraer", explica Mar Camacho.
Cristina Mercader, diplomada en Magisterio de Educación Primaria e investigadora postdoctoral, coincide en que estas iniciativas son "muy necesarias" porque "ayudan a los docentes a conocer experiencias y buenas prácticas y poder replicarlas", además de dar recursos para conocer otras aplicaciones. Destaca, ante todo, las plataformas en las que los profesores pueden dejar su opinión sobre las iniciativas. "Es fundamental que los compañeros te digan: "He hecho esto y me ha servido"".
Esta es también la apuesta de Yomo, el festival del móvil para jóvenes nacido del Mobile World Congress y que aboga por dar confianza y recursos al docente. "Queremos que vean que la tecnología no va en contra de lo que enseñan", sostiene Melanie Somers, responsable de ventas del evento, quien justifica los temores de algunos docentes por el hecho de que no hayan nacido en la era digital. "Los cambios generan miedo, y a algunos profesores les sirve la excusa de que los alumnos se distraerán en clase", agrega Cristina Mercader. "Pero prohibir el uso de los dispositivos móviles en el aula es negar la realidad y dejar el aprendizaje de una herramienta tan importante del día a día en manos de otros", añade. "Si no los formamos nosotros, los estudiantes se formarán fuera", alerta Mercader.
El Instituto Pla i Farreras de Sant Cugat también participa en la iniciativa EduHack, en la misma línea de apostar por la formación del profesorado. Se trata de una jornada en la que los docentes se reúnen para hablar de cómo hacer un uso eficiente de la tecnología en el ámbito de la educación. "A partir de aquí salen muchos proyectos que se pueden poner en práctica", explica Toni Aparicio, el director del centro, que también destaca la plataforma Tool Box, a través de la cual los docentes acceden a aplicaciones que han sido valoradas y seleccionadas por otro profesor. El uso de la tecnología ya ha provocado cambios en el comportamiento y las habilidades del alumno. Por ejemplo, en la consulta de dudas al profesor. Aparicio cuenta que los hay que preguntan mucho más a través de la plataforma digital, "porque les es más fácil que hacerlo delante de 30 estudiantes". Y pasa algo parecido con la entrega de los trabajos: ahora se hace a través del dispositivo móvil, lo que da más información al docente de a qué hora los envían. "Está todo documentadísimo", detalla. Además, la gran diversidad de opciones para comunicarse o participar permite que cada alumno personalice su metodología según sus necesidades.
Algunos expertos aseguran que el uso de estas herramientas ayuda a democratizar el aprendizaje y la enseñanza. "La competencia digital hace más libre al alumno", sostiene Cristina Mercader. Poder acceder a todo ello les da, según la investigadora, la capacidad de ser más críticos y vislumbrar en qué momento se le está dando un buen uso a la tecnología y en qué momento no. Mercader lo tiene claro: "Hay que adaptarse y hacerlo lo mejor posible. Si no puedes con tu enemigo, únete a él".