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Cuando las paredes se convierten en lienzos

Por El Quinze
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Cada vez es menos extraño pasar por debajo de una autopista y constatar que las columnas que la sustentan ya no son grises, sino que han sido decoradas con dibujos y colores. Y lo mismo pasa con no pocos muros de edificios en ruinas o en desuso. El street art, que hace unos años llegó tímidamente a las ciudades metropolitanas, pisa fuerte y amenaza con quedarse. Este arte urbano, que en la década de los setenta tomó las calles de Nueva York, prolifera en municipios como L’Hospitalet de Llobregat, Sant Feliu, Santa Coloma de Gramenet o Montcada i Reixac; poblaciones que, junto con Barcelona, han apostado por convertir sus paredes vacías en lienzos.
"La creatividad urbana es un nuevo modelo de unión entre el arte y la ciudad", asegura la Fundación Contorno Urbano en su web. Nacida hace diez años como asociación, es desde 2017 una fundación que ya ha tenido tiempo de "liderar proyectos, impulsar un consejo asesor o crear un fondo de arte urbano", detalla Esteban Marín, su presidente. Uno de los proyectos destacados lleva por nombre 12+1: durante un año, 12 artistas pintan el mismo espacio, uno por mes. Son obras efímeras, que se conservan durante solo 30 días, hasta que llega el siguiente artista. En Barcelona, Sant Feliu, L’Hospitalet y Sant Vicenç dels Horts ya se han realizado varias ediciones. "Queríamos acercar el arte a aquellos que normalmente no consumen cultura o no entran en las salas de exposiciones. Después de la quinta obra, logramos generar expectativas entre aquellos que veían el muro a diario", explica Marín.
En algunos municipios la iniciativa ha tenido tan buena acogida que se han realizado hasta tres ediciones. En la primera se elegía a los artistas a través de un comisariado, pero ahora se hace a través de una convocatoria que abre la Fundación. "Entre L’Hospitalet y Sant Feliu se han llegado a presentar 300 artistas para realizar 24 murales", asegura Marín. Al principio se trataba solo de artistas locales, pero el proyecto cuenta ahora con participantes llegados de otros continentes.
Una de las artistas que ha participado en esta iniciativa es Irene Valiente, que inauguró la tercera edición del 12+1 en Sant Feliu de Llobregat pintando el mural del mes de enero de 2018. "Me hizo mucha ilusión que me seleccionaran para participar. Es todo un reto intervenir con artistas tan diferentes y de tanto nivel", asegura. Tiene 37 años y pinta desde hace mucho, pero fue hace solo cuatro años, en un festival para conmemorar el Día Internacional de la Pintura, cuando se animó a salir a pintar a la calle y a hacer su primer mural en el espacio público. Desde entonces combina el trabajo en el estudio con el muralismo. Valiente Creations, como se da a conocer, es también profesora de instituto. "Aplico mis capacidades creativas en la educación. Así me dedico al street art desde dos vertientes distintas", afirma.
Valorar lo que hay en la calle
"El arte urbano tiene una larga trayectoria, pero es ahora que se le está dando reconocimiento. Los ayuntamientos están cada vez más interesados en mejorar su espacio con arte, porque ven que funciona", explica Esteban Marín. Valiente, por su parte, reconoce que, "a veces, la gente no se para a mirar atentamente lo que hay en la calle, porque tiene interiorizado que el grafiti es ilegal". "Como está al alcance de todos, no se valora", añade, y reconoce que "poco a poco, se está haciendo pedagogía y consiguiendo que la ciudadanía valore las intervenciones de street art, como pasa en otros países en los que se invierte en cultura y en educación, y en los que se admira el arte emergente".
El proyecto 12+1 quiere transformar el espacio urbano teniendo en cuenta el lugar en el que está. Por ello el orden en que se pintan las obras es fruto de una reflexión profunda. En Santa Coloma de Gramenet, el proyecto Core Festival STKO Creativitat Urbana nació con la misma filosofía: decorar un espacio público teniendo en cuenta a las personas que viven cerca de él. Hace unos meses, diferentes artistas crearon seis murales en otros tantos puntos de este municipio del Barcelonès Nord. La iniciativa, impulsada por el Ayuntamiento y gestionada por la Cooperativa La Bonita, culminaba en la obra central que le daba nombre, un corazón gigante que evoca las 114 nacionalidades presentes en la ciudad. Además, está pintado sobre el suelo de una plaza en forma de anfiteatro, un espacio poco habitual, ya que para apreciarse en su conjunto el dibujo debe verse desde arriba. "Me inspiré en las personas que estaban en la plaza cada día", dice Jorge Rodríguez-Gerada, su autor. Un homenaje al poeta colomense Màrius Sampere, en la fachada de una biblioteca, o un recuerdo a la lucha vecinal del barrio de Les Oliveres son otros de los murales que se realizaron.
"Nos preguntábamos como un proyecto de muralismo podía representar las historias, realidades y vivencias de una ciudad como Santa Coloma", explica Anja Mila, comisaria del proyecto. "Hicimos muchos amigos mientras lo pintábamos. Y la gente está muy agradecida", asegura orgulloso Rodríguez-Gerada. A pesar de las dudas que a veces genera, esta disciplina tiene cada vez más adeptos. "Los vecinos nos preguntan cómo será el siguiente mural", dice el presidente de Contorno Urbano sobre el proyecto 12+1, cuando al principio ni siquiera se fijaban.
El street art no solo ha escogido fachadas, plazas o muros en desuso para convertirlos en arte. Algunos ayuntamientos han ido más allá y han apostado por limpiarle la cara a unos espacios que, de por sí, suelen ser bastante oscuros, incluso lúgubres: los puentes de las autopistas. En Montcada i Reixac se organizó en octubre pasado el Festival Mira’Mir, para decorar los 25 pilares que soportan la C-33. Y en Sant Adrià de Besòs la intervención se ha hecho bajo la C-31, gracias al proyecto El Bosc de les Columnes, con el que ya se han pintado un centenar de columnas.
Limpiar los bajos de las autopistas
"Queríamos lanzar un mensaje medioambiental en positivo, reivindicando la naturaleza, la convivencia y el mundo que queremos dejar a las próximas generaciones", explica Carlos Capilla, director del Festival Mira’Mir junto a Jordi Català. Los dos trabajan en el departamento de Medio Ambiente de Montcada i Reixac y pensaron en elaborar un mural de gran formato que representara sus objetivos. Encargaron el proyecto al dibujante de Sabadell Kimo Osuna y abrieron un concurso público para encontrar artistas que quisieran plasmar ese mensaje de cuidado del medio ambiente en los pilares de la C-33. Recibieron más de 50 propuestas de artistas de arte urbano, tanto nacionales como internacionales. Se seleccionaron 25, uno por columna, y estos realizaron su obra durante los tres días que duró el festival. "La aceptación por parte de la ciudadanía fue increíble. La gente percibía que se estaba transformando una parte del municipio con arte callejero de calidad", afirma Carlos Capilla.
Los vecinos de Sant Adrià de Besòs, que han visto cómo las columnas grises de debajo de la autopista C-31 iban tomando color, tuvieron una reacción parecida. "Los vecinos comentan constantemente cómo se está transformando este espacio", asegura Juan Carlos Regidor, miembro de la asociación El Generador. Tras pintarse 150 columnas de cinco metros de altura, están llegando a la frontera con la ciudad de Badalona, con quien la entidad pretende llegar a un acuerdo para continuar esta tarea. Calculan que necesitarán dos años y medio para terminar todos los pilares que sujetan la C-31 a su paso por estos municipios del Barcelonès Nord.
Por los bajos de esta autopista han pasado ya artistas de diferentes ciudades españolas, pero también de países como Perú o Brasil. "La idea es que tengamos una gran variedad de estilos plasmados en las columnas. Eso es lo que representa la realidad del municipio", detalla Zosen, uno de los artistas implicados en el proyecto. Nacido en Argentina, creció en Sant Adrià de Besòs y se siente orgulloso del cambio que está experimentando esta parte de su ciudad. "Es una galería de arte al aire libre para el disfrute de la ciudadanía", resume Carlos Capilla, de Montcada i Reixac. Y es que el street art no deja de ser una buena manera de que los vecinos y vecinas se acerquen al arte sin modificar su recorrido diario.