Este artículo se publicó hace 7 años.
Las ‘pelonas’ ya no se esconden

Por El Quinze
-Actualizado a
"Era de noche y estaba haciendo cola en unos baños", recuerda María del Carmen Suárez. "De repente, escuché: "¡Mamá, tengo miedo! ¡Hay una señora calva!"". Y se le cayó el alma a los pies. Estaba hablando de ella. Las palabras de aquel niño expresaban la sorpresa con la que la mayoría de personas mira a María del Carmen cuando va por la calle sin peluca ni pañuelo. Lo cierto es que no es habitual ver a una mujer calva. Pero no porque estas no existan, sino porque se esconden.
Por ese motivo, Julia Vincent y Lídia Valverde decidieron en 2017 crear en Barcelona la asociación Apelo, cansadas de vivir en soledad y a escondidas la alopecia que padecen desde hace años. Querían encontrar a mujeres como ellas, para poder compartir experiencias, trucos, hacerse compañía durante el luto que supone perder el pelo y visibilizar su condición de calvas. Poco a poco, y a través de las redes sociales y otras comunidades de apoyo parecidas, fueron conociendo a más mujeres en su misma situación y el grupo fue creciendo. En la actualidad son siete las mujeres que forman el núcleo de la entidad, pero decenas más acuden a las quedadas, charlas y talleres que organizan periódicamente en Barcelona y, ocasionalmente, en otros puntos de España. En mayo, por fin, formalizaron Apelo y la registraron como asociación. El último encuentro del grupo tuvo lugar en un teatro de Sant Andreu de Palomar. Julia, que es actriz, actuaba en la obra Primera plana. Cuando saludó, lanzó su peluca al público entre los vítores de las pelonas. Así es como se autodenominan.
El momento de ‘salir del armario’
Aunque ahora se muestren con normalidad, el proceso no ha sido fácil. "Tengo alopecia desde los ocho años, pero hasta hace tres no me quité la peluca, no salí del armario", explica Elisabet Rodríguez, de 37 años. "Antes siempre llevaba un espejito para asegurarme de que la peluca no se movía y de que no se me veían las calvas", añade. Es algo muy habitual. "Los días de viento lo pasaba fatal; sufría por si el pañuelo o la peluca se movían", explica Núria Garriga, otra de las mujeres más implicadas en la iniciativa, que resume: "Tu vida gira alrededor de tu pelo".
Con el tiempo, y con mucho trabajo personal –algunas han acudido a terapia psicológica–, han conseguido llevarlo mejor. "Me veo más guapa ahora, calva, que con 20 años y con pelo", comenta Núria. "Sin embargo, cuesta aceptarlo y algunas aún estamos en ello", reconoce Esther Gómez, miembro de la organización. Además de reforzar su autoestima, estas mujeres deben lidiar con el efecto que su calvicie provoca en su entorno. "Mi hijo pequeño acabó regañando a mi padre, un señor mayor, porque cuando me veía sin peluca se ponía a llorar. No se daba cuenta del daño que me hacía", recuerda Esther.
Existen varios tipos de calvicie. La alopecia androgénica es la más común: el cabello va clareando poco a poco. Es la de Núria. Según la Academia Americana de Dermatología, más del 40% de las mujeres sufren caída del pelo cuando llegan a los 40 años. Pero la mayoría de las integrantes de Apelo padecen alopecia areata, una enfermedad autoinmune. "Las propias defensas del cuerpo atacan los folículos pilosos de los pacientes, por lo que el pelo cae", explica Alejandro Lobato, médico adjunto del servicio de Dermatología y responsable de la unidad de Tricología del Hospital del Mar. Al principio, los pacientes suelen detectarse pequeñas calvas. Si la alopecia avanza, puede llegar a caer todo el pelo del cuerpo, incluso las cejas y las pestañas. Este estado se conoce como alopecia universal o total. Según un estudio publicado en la revista Nature, la alopecia areata afectaría al 2% de la población en algún momento de su vida, a hombres y mujeres por igual, por lo que no se considera una enfermedad rara. Sin embargo, no es habitual ver a personas con alopecia areata o universal por la calle, sobre todo mujeres.
Se desconoce cuál es la causa, si bien se baraja la posibilidad de que tenga un origen genético, "aunque muchos pacientes afirman haber sufrido episodios de estrés antes de la enfermedad" que podrían haberla desencadenado, explica el dermatólogo. En la actualidad no existe un tratamiento efectivo para todo el mundo. En muchos casos, los químicos solo detienen la caída de manera provisional y, aunque el cabello vuelva a crecer, puede que la alopecia reaparezca en el futuro, según explica Javier Bassas, director médico de su propio centro dermatológico.
Sin embargo, la esperanza de volver a lucir melena conduce a muchas pacientes a probar los remedios disponibles, que pueden ser caros, inciertos y dolorosos. El más habitual es aplicarse una sustancia irritante en el cuero cabelludo para que el sistema inmunitario se concentre en la irritación y no en las raíces del cabello, por lo que este vuelve a crecer. A veces cuesta encontrar la dosis adecuada y esto puede provocar otras reacciones. "Me salieron ampollas alrededor de la nuca; dolían muchísimo", recuerda Elisabet. "Me sentí enferma mientras duró el tratamiento y dejé de sentirme así cuando dejé de medicarme", explica Esther. "En mi opinión, me cura más la comunidad de Apelo; me ayuda a aceptarme más que los medicamentos contra la alopecia", mantiene Elisabet.
El estigma de género
El pelo, al menos en el mundo occidental, es un símbolo de la feminidad. Por esto, a ojos de la sociedad, es tan extraño encontrar a una mujer sin cabello. "La calvicie está estrechamente relacionada con los niveles de testosterona", explica la socióloga Rose Weitz, profesora de estudios de género de la Arizona State University, en su libro Rapunzel’s Daughters: What Women’s hair tell us about women’s lives [Las hijas de Rapunzel: lo que el cabello de las mujeres nos dice sobre la vida de las mujeres]. "Por eso comenzó a vincularse con la masculinidad y la virilidad, asociación reforzada por iconos de masculinidad –calva– como Yul Brynner, Michael Jordan y Charles Barkley. Pero si vincular la calvicie con la masculinidad hinchó el ego de los hombres calvos, solo reforzó la imagen de las mujeres calvas como fracaso de la feminidad", añade Weitz.
Julia ha vivido en carne propia una de las consecuencias más graves de ser una pelona: ser despedida del trabajo por negarse a esconder su calvicie. Hace unos años, cuando por fin decidió mostrarse en público sin peluca, la compañía de teatro en la que trabajaba no lo aceptó. "Les dije que en el escenario llevaría la peluca o el pañuelo que el personaje requiriese, pero que me negaba a cubrirme fuera de él. No tardaron en echarme, y eso que el jefe era calvo", recuerda.
"Para un hombre, perder el pelo puede ser un drama personal, pero no es un drama social", continúa Núria. "Ya no es solo el pelo, las mujeres tienen una presión estética brutal", concluye. Ella misma comenta que ser calva y mostrarse como tal despierta la curiosidad de aquellos que se encuentran a su alrededor. "Antes me obsesionaban las miradas de la gente; me recordaban que era calva. Ahora ya no me afectan, pero no me ayudan a ser más feliz". "De todos modos, cuando tengo un mal día, lo puedo compartir con el resto a través de nuestro grupo de WhatsApp", explica. Está a un mensaje de distancia de recibir el apoyo, la comprensión y el cariño de la comunidad de Apelo, muy activa a través de esta plataforma. Sus integrantes la usan para organizarse y para apoyarse. "Cuando te das cuenta de que la vida continua, con o sin pelo, debes aceptarte a ti misma y seguir adelante", sostiene Esther.
Un grupo de ‘pequeños pelones’
La alopecia no distingue edades. El grueso de la asociación lo configuran mujeres adultas, pero también acuden adolescentes y niñas como Aroa, una chica de nueve años con alopecia universal. En el grupo se encuentra como pez en el agua y se refiere al resto de mujeres de Apelo como "titas pelonas". Su madre, la peluda Lorena Navarro, se encarga del sector infantil de Apelo, conocido como pequeños pelones. "Además de empoderarnos a nosotras mismas, con Apelo queremos conseguir que las nuevas generaciones tengan un camino hecho y no deban esconderse ni vivirlo en soledad", concluye Elisabet.
UNA HERRAMIENTA TERAPÉUTICA
Muchas de las mujeres y chicas que acuden a los encuentros de Apelo están aún en fases iniciales de la pérdida de cabello y lo sufren mucho. "En las reuniones hablamos, nos acompañamos y compartimos trucos para llevarlo mejor. Por ejemplo, hay quien pide consejo sobre pelucas o sobre cómo ponerse un pañuelo", explica Elisabet Rodríguez, que también destaca la importancia de los talleres que realizan. "En el último, con la excusa de fabricar gorritos para protegernos las cabezas, una de las chicas que siempre viene tapada se quitó la peluca para medirse la cabeza: fue un momento muy especial". Son pequeños pasos, pero que pueden ser decisivos en su día a día. "Al final no se trata de ir sin peluca, sino de que te aceptes como eres y te quieras con pelo, peluca, pañuelo o sin nada", sentencia María del Carmen Suárez.