Este artículo se publicó hace 7 años.
Preservar el carácter natural sin morir de éxito

Por El Quinze
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Desde su nacimiento en Castellar de n’Hug hasta su desembocadura en el Mediterráneo, las aguas del Llobregat recorren 175 kilómetros. Los últimos 30, en 16 municipios del ámbito metropolitano de Barcelona, desde el Pont del Diable, en Martorell, hasta las playas del Prat. El espacio que ahora ocupa el Parc del Riu Llobregat se había convertido en el siglo XX en una zona industrial casi marginal, contaminada e ignorada por los ayuntamientos. Las actuaciones de entes locales y supramunicipales han permitido una recuperación casi completa de las zonas fluviales, devolviéndole al entorno su valor ecológico y social. Un nuevo estatus que plantea nuevos retos.
Las administraciones tienen previstos planes de mejora por lo menos hasta 2020. Hace tan solo unos días, de hecho, se inició el proyecto de recuperación socioambiental del río en el tramo del término municipal de Pallejà, que persigue no solo recuperar el ecosistema fluvial, sino mejorar los accesos desde el núcleo urbano y adecuar los caminos. Los trabajos contemplan dos fases, la que se inició en marzo y la que se hará en otoño, ya que el proyecto quedará interrumpido por las campañas electorales. En Pallejà se habían realizado intervenciones puntuales con la Agència Catalana de l’Aigua (ACA) y el Área Metropolitana de Barcelona (AMB), sobre todo replantaciones de árboles de bosque de ribera y algún que otro arreglo, pero no se había llevado a cabo ninguna gran intervención de rehabilitación, como sí han hecho localidades como el Prat o Sant Boi.
La amenaza de morir de éxito
"Nosotros queremos conservar la naturalidad del espacio. No queremos que se note demasiado la intervención humana. Haremos un camino y ya está, no desarrollaremos infraestructura. Queremos acentuar el valor social del río y arreglar los accesos del pueblo a la ribera, pero ya está", asegura Jordi Carbonell (Entesa per Pallejà), concejal de Cultura y Medio Ambiente. En Pallejà casi todo el camino paralelo al río estará desdoblado, para viandantes y ciclistas, lo que, según el concejal, ayudará a que el recorrido sea un espacio más tranquilo. "No hay que olvidar el margen izquierdo, donde están Castellbisbal, Molins de Rei o Sant Cugat. Justo ahora estamos en conversaciones con Castellbisbal y hemos pedido que el pasadero inundable se refuerce, para fomentar que la gente cruce el río y así no se acumule todo el mundo en el margen derecho", añade Carbonell.
Uno de los retos que afrontan los parques fluviales recuperados del Llobregat es, de hecho, la afluencia de miles de usuarios. "Estamos estudiando la movilidad de los visitantes durante el fin de semana y el resto de días, para intentar que se desplacen a sitios menos concurridos y, así, que no se ponga en peligro la preservación de la naturaleza. Trabajamos para compatibilizar el uso humano y la preservación ambiental", aseguran fuentes del AMB. Lluïsa Moret, alcaldesa de Sant Boi (PSC), destaca también esa necesidad de armonizar los usos. "Estamos en fase de análisis, viendo cómo podemos lograr el equilibrio. La finalidad última es completar la recuperación de la ribera y del entorno fluvial de forma que la ciudadanía pueda disfrutarlo, pero no debemos olvidar la preservación ambiental", asegura Moret.
El Ayuntamiento de Sant Boi elabora un estudio sobre el número de ciudadanos que visitan la zona para poder llevar a cabo un diag-nóstico de la situación. "Aquí también es importante el papel de la ciudadanía. La preservación les compete: la gente debe hacer un uso cívico y adecuado de los espacios, mantenerlos limpios y respetarlos", recuerda Moret. Ese es, según la alcaldesa, el gran debate, ya que el fin de la recuperación de estos espacios no era crear un parque urbano, sino recuperar las características de la ribera. "En Sant Boi siempre hemos priorizado la conservación y mantener el entorno lo más natural posible, pero ahora estamos investigando cómo podemos contemplar los nuevos requerimientos de la ciudadanía", añade.
Uno de esos requerimientos es el de más luz. Edu, de 39 años, corre maratones y las prepara en el Parc Fluvial de Sant Boi. "Voy los fines de semana, solo, a primera hora, cuando aún no hay gente y puedo entrenar tranquilo. Pero durante el invierno anochece pronto y no hay luz. No me la quiero jugar, así que corro por el pueblo, no por el parque", explica Edu. "No me gusta mucho correr por entre los coches del casco histórico de Sant Boi, pero no me queda otra opción", asegura. En Sant Boi, población en la que se han llevado a cabo tres intervenciones –en los años 2008, 2012 y 2015–, se realizan ahora trabajos de mejora de la Riera de Can Soler, entre las estaciones de ferrocarril de Ciutat Cooperativa y la Colònia Güell, un tramo históricamente abandonado y en el que todavía no se había intervenido. La Administración quiere recuperar las zonas húmedas y situar algunos puntos de observación de aves.
El Parc Lúdic Fluvial del Prat, un espacio de 7,5 hectáreas, se inauguró en 2011. Ofrece no pocas opciones de ocio. Francisco y Lola, de 64 años los dos, descansan en unos bancos al lado de sus bicicletas, cerca de la Caserna dels Carrabiners. Son de Cornellà y aseguran ir todas las semanas. "Siempre en bici, desde nuestra ciudad, por el río", explica Lola. Les encanta el parque, pero advierten de que cada vez hay más visitantes. "En invierno hay algo menos de gente, pero no te creas. Entre las Ramblas de Barcelona y esto... ¡Quizás haya más gente aquí!", se queja Francisco. En ocasiones remontan el curso del río hasta Sant Joan Despí, Pallejà o Sant Feliu, llegan a Sant Andreu de la Barca y regresan a Cornellà. Francisco y Lola empezaron a usar la bici hace un par de años. "Antes hacíamos estas rutas pero a pie; veníamos en coche", puntualiza él.
Uno de los espacios más visitados del parque es el Estany de Cal Tet, de un kilómetro de largo. La buena calidad de sus aguas hace que en él se puedan avistar varias especies de aves. También se pueden ver los cultivos del Parc Agrari del Baix Llobregat, con sus campos de alcachofas, producto con denominación de origen. Otro punto de interés es la playa de Ca l’Arana, espacio natural valioso, con una balsa de agua salada permanente y otra temporal. La playa es un lugar de descanso y reproducción de numerosas aves y en ella está prohibido el paso a las personas.
Patrimonio natural e histórico
El parque también tiene reclamos para los amantes de la historia. Permite, por ejemplo, visitar Can Comas, una masía típica restaurada y que en la actualidad es la sede del Parc Agrari del Baix Llobregat; o la ya mencionada Caserna dels Carrabiners, cerca del edificio del Semàfor. Hasta bien entrado el siglo XX, el litoral del Prat fue un territorio poco poblado. Los carabineros llegaron al Prat en 1830 y su misión principal era la de vigilar la costa, llevar a cabo tareas de rescate cuando había algún naufragio y, sobre todo, combatir el contrabando, especialmente de tabaco. El cuerpo fue disuelto en 1940 como represalia por su fidelidad a la República. Muchos de ellos fueron expulsados y otros entraron en la Guardia Civil. Las ruinas de la Caserna forman parte del Patrimonio Histórico y Arquitectónico del Prat. El Semàfor, por su parte, se construyó en el año 1887 para regular el tráfico marítimo costero. Dejó de funcionar en 1910 y se convirtió en la vivienda de los carabineros hasta 1930.
Cerca, en un espacio vetado a las bicicletas, Isabel, Rosi, Mary y Dami han sacado unas cervezas, unas bolsas de patatas fritas y unas aceitunas. Escuchan música con el móvil. "Estamos de celebración, porque se nos ha caído el teléfono entre las rocas y hemos podido recuperarlo de milagro", dice Isabel. Las cuatro son del Prat y van al parque a caminar y hacer ejercicio, sólo en fin de semana. Lo que más les gusta es la tranquilidad. Se hallan en uno de los lugares por los que apenas pasa gente. "El camino de la playa siempre está a tope y cada vez hay más gente", coinciden. Cuando empieza la temporada de verano, cambian las riberas del Llobregat por la playa del Prat, la de mejor calidad del área metropolitana. "Ha cambiado muchísimo. Recuerdo venir con mis hermanas de pequeña y que no cupiese ni un alfiler. Luego no se podía venir, porque el agua estaba sucísima. ¡Ahora se ha recuperado, y menos mal!", exclama Dami.
Pero la actividad estrella del Parc Lúdic Fluvial del Prat de Llobregat es contemplar los aviones que se dirigen al aeropuerto y pasan sorprendentemente cerca del suelo. En el mirador es habitual encontrar grupos de curiosos y aficionados a la fotografía que tratan de obtener la captura perfecta, y familias con niños que se quedan boquiabiertos ante la cercanía de los aviones. Es entonces, los fines de semana de otoño y primavera, cuando estos espacios reciben un mayor número de visitantes. Francisco Javier Miñarro, uno de los informadores del entorno, asegura que entre semana el parque recupera la normalidad. "Casi no hay nadie, tal vez 25 o 30 personas, mientras que los fines de semana se contabilizan más de 1.000 visitas de media", explica. Un dato que corrobora que el reto ya no es recuperar el entorno natural del río, sino hacer compatibles sus usos para que naturaleza y ocio puedan convivir.
ÁRBOLES, ARBUSTOS Y NUEVOS CAMINOS
Las actuaciones para recuperar la cuenca fluvial del tramo final del río empezaron hace trece años con la creación del Consorci per la Recuperació i Conservació del Riu Llobregat, una entidad ya desaparecida. Hoy es el AMB quien gestiona el entorno del río, junto con las administraciones locales y la Diputació de Barcelona, que se encarga de administrarlo hasta Martorell. Los consistorios participan en las actuaciones que se llevan a cabo con aportaciones que van del 25% al 40% del coste. Se han limpiado las riberas y se han plantado árboles –sauces, fresnos, chopos, álamos o higueras– y arbustos para repoblar las comunidades vegetales y de fauna anteriores a la industrialización. También se han habilitado caminos para el disfrute de la ciudadanía.