Este artículo se publicó hace 7 años.
"No se pueden poner en el mercado botellas y ‘briks’ no reciclables"

Por El Quinze
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La ciudadanía tiene mucho poder en sus manos para reducir residuos, con medidas como ir a comprar la carne con una fiambrera o utilizar botellas reutilizables. Sin embargo, la activista ecologista Mercè Girona hace hincapié especialmente en la responsabilidad que tienen las empresas y las Administraciones públicas. A estas últimas les pide más valentía a la hora de aplicar medidas en materia de gestión de residuos.
¿Qué medidas reclama que se apliquen la Plataforma Ciutadana Residu Zero?
Hemos preparado unas directrices para la futura ley catalana de Residu Zero. La plataforma, que en la actualidad agrupa a más de 40 entidades, plantea que no se pongan productos en el mercado si estos no han tenido un diseño verde, para evitar que tengan impactos ambientales. Es la única salida para menguar los efectos del cambio climático, disminuir el consumo de materias primas finitas y reducir la contaminación en todo el proceso de producción, consumo y tratamiento de residuos.
Detalle algunas propuestas específicas sobre Barcelona y su área metropolitana.
Debería aprobarse un plan de cierre de la incineradora de Sant Adrià de Besòs. Allí se queman más de 350.000 toneladas a pocos metros del Fòrum y de todo el distrito de Sant Martí, y las emisiones pueden llegar al de Sant Andreu y a otros municipios como Montcada i Reixac. También hay que aplicar modelos de recogida selectiva en toda Barcelona, como el sistema puerta a puerta que ya se aplica en Sarrià. En el -CEPA-EdC hicimos parte de este proyecto. Además, también es preciso aplicar un modelo de clasificación, como el de residuo mínimo.
¿En qué consiste este nuevo modelo de residuo mínimo que están proponiendo?
En que se genere el mínimo residuo posible y que la selección le resulte fácil al ciudadano. Primero hay que separar correctamente la materia orgánica, que puede llegar a ser hasta el 40% de los residuos. Después, el papel y el cartón, el vidrio, y, luego, todo lo otro, que va a parar a una planta de selección donde se separan los envases y todos los demás materiales que puedan ser reciclados, como metales y madera. Por eso se recicla mucho más. Es un grave error de falta de visión ecológica y de valentía política que el Ayuntamiento de Barcelona no haya querido aplicarlo.
¿Qué valoración hace de la experiencia del sistema puerta a puerta en Sarrià?
Es un salto importante, pero se podría conseguir más con el modelo de residuo mínimo. También hace falta más educación ambiental. Solo se hizo una primera campaña, pero, pese a que hay unos chips en las bolsas para saber de quien son, no se ha hecho un seguimiento de aquellas familias que no están participando o que lo están haciendo mal.
¿Entonces, al Consistorio le falta valentía?
Implementar el puerta a puerta en toda Barcelona sería una actitud valiente. Milán, Roma o San Francisco ya lo aplican desde hace años o lo están implementando. Habrá barrios en los que será más difícil, sobre todo los de un urbanismo vertical o con pobreza instalada, y allí se pueden plantear contenedores inteligentes como sistema transitorio. Cada familia tiene su propia tarjeta y se puede saber cada cuándo aporta.
Por lo general, hay un horario preferente para tirar la basura en los contenedores –de 20.00 h a 22.00 h–, pero están abiertos 24 horas y cada uno va cuando quiere.
Esto es lo que hay que cambiar. "A mí no me da la gana reciclar porque no quiero"; pues no, tú estás obligado porque estos residuos los generas tú. Eso ha tenido un impacto en el Garraf durante 30 años, con el vertedero, y ahora, desde hace 20 años, lo tiene con la incineradora de Sant Adrià. Que hayas de respetar un horario y los días de recogida es esencial, porque no se puede estar recogiendo constantemente la basura por todas las calles.
¿Qué podemos hacer en casa para reducir el volumen de residuos que se generan?
Primero de todo, la Administración debe hacer cumplir a la industria con una producción más limpia. Una botella que tiene diferentes plásticos o el tetrabrik mismo, que no se puede reciclar [al completo], no se pueden poner en el mercado. Después, el poder del consumidor es importantísimo: pedir a la tienda productos en envases reutilizables, como antes se hacía con el agua, el vino o la cerveza; utilizar menos envases de plástico, latas y briks, e ir a comprar el queso o la carne con la fiambrera, y la fruta con bolsas de rejilla. También es importante tratar de que todo lo que se consuma sea producido lo más próximo posible y, si se puede, que sea ecológico.
¿Algún residuo plástico generado en el área metropolitana puede haber terminado exportado a países asiáticos?
Hemos pedido al Àrea Metropolitana de Barcelona (AMB) y a la Agència de Residus de Catalunya la trazabilidad de los residuos. La Generalitat no nos ha contestado y el AMB nos contestó con un documento en el que aparecen gestores que asumen plásticos, latas, briks o papel, pero no sabes exactamente cuál es su destino. El de algunos es Andalucía, las Castillas o Galicia. La Generalitat debería exigir los datos. Tampoco hay una certeza de que el 100% de estos residuos vayan al reciclaje. Hay un porcentaje muy importante que se incinera con la excusa de que están sucios o que no están bien seleccionados. De esta manera se incumple la normativa.