La regeneración de las playas (o el ‘día de la marmota’)

Por El Quinze
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Un informe de Naciones Unidas señalaba hace unos días que la población mundial –unos 7.600 millones de personas; los últimos mil millones nacidos en los últimos 12 años– alcanzará los 8.600 millones en 2030. En Catalunya, según un informe similar, seremos ocho millones –hoy somos 7,5 millones; el último millón venido en los últimos 15 años–. La mayoría de estas personas vivirán en la costa, frontera de los cuatro componentes de la Tierra –atmosfera, litosfera, hidrosfera y biosfera–, franja en delicado equilibrio que alberga uno de sus hábitats más preciados, las playas.
Las playas son sedimentos no consolidados formados por el desgaste de las rocas debido a la acción de procesos geológicos exógenos, como las corrientes superficiales de agua, el viento, los cambios de temperatura o la acción de los seres vivos, en un proceso natural llamado erosión. Las playas son resultado de decenas de miles de años de evolución y deben entenderse a partir de su perfil: la playa sumergida, aquel recuerdo de niñez –"¡Niños, no nadéis al seco!"–; el seco, la barra que protegía las playas, donde uno podía tocar pie y a la que se accedía nadando, vital para su estructura; la emergida, la de la toalla y la sombrilla; y el espacio de detrás de la playa, importante para disipar la energía del mar. Hemos alterado de forma significativa el proceso de erosión –como tantos otros– y la morfología de la playa. Primer mensaje: no sólo por ser más, sino porque hacemos muchas más cosas, no podemos seguir haciéndolas como siempre. Debemos cambiar nuestros hábitos organizacionales y conductuales.
Hablar hoy de erosión, sin embargo, es hablar de la regresión de las playas. La Universitat Politècnica de Catalunya calculaba hace 10 años la pérdida media anual de las playas catalanas en 1,03 metros; 1,93 metros incluyendo el Delta del Ebro. ¿Podemos garantizar la continuidad de todas nuestras playas en el futuro de forma natural? No. ¿Podemos hacer algo para mejorar su evolución, al menos en algunas? Sí. Segundo mensaje: entender qué está pasando y gestionar mejor nuestras playas es imprescindible. Las playas son, en su gran mayoría, el resultado de la acción de ríos y rieras. Gestionar bien nuestras playas pasa por gestionar bien nuestros ríos. Y esto implica gestionar correctamente sus servicios ambientales, entre ellos el aporte de sedimentos: gestionar correctamente su caudal ecológico.
En nuestras costas, hallamos tres tipologías de playa en relación a sus aportes de sedimentos. En primer lugar –¿un tercio?–, las condenadas. Playas que ya no actúan como tal. Su perfil está destruido, hemos creado un muro de cemento detrás y cerrado sus aportes de sedimentos. Podemos regenerarlas periódicamente, pero, a menudo, lo único que haremos es alterar otros procesos biológicos fundamentales. Mi consejo: artificializarlas del todo y no hacerlas dependientes de áridos submarinos. Busquemos soluciones de ingeniería con arenas lavadas más gruesas.
Una segunda tipología –¿un tercio?–, las playas naturales. Conservémoslas, impidamos que caigan en manos de depredadores –con nombre y apellidos–, que con el pretexto del desarrollo arrasan con cualquier cosa que tenga que ver con un proceso natural, en la mayoría de las ocasiones sin conocimiento de lo que hacen o de lo que han hecho. Protejámoslas, porque el bienestar social y la prosperidad económica del futuro sólo existirán si somos capaces de proteger su funcionamiento. Dejémoslas estar y protejámoslas de la sobrefrecuentación.
Y la tercera –¿un tercio?–, las playas a recuperar, en las que aún podemos recobrar la aportación natural de áridos, pues no está interrumpida del todo. Podemos recuperar las funciones ambientales de algunos ríos y rieras, recobrando lo que la legislación europea nos obliga, su caudal ecológico. Podemos recuperar sus dinámicas, y, en estos casos, podría funcionar la regeneración –alimentación artificial–. Es decir, hay que trabajar en armonía con la naturaleza, no contra ella. Efectuar una gestión por ecosistema. Busquemos soluciones socioecológicas en línea con las recomendaciones internacionales.
Y aquí quería llegar. Tercer mensaje: servicios ambientales, gestión por ecosistema. ¿Qué es esta jerga ambiental? Pues la legislación europea y las recomendaciones internacionales. Vivimos en un país anticuado, gestionado de forma rancia y con herramientas carcas. Y comprometemos el futuro de nuestros hijos y nietos por ello. La Ley de Costas, en su día pionera, es hoy una ley administrativa, anticuada y que no soluciona los problemas de gestión de las playas. Necesitamos un marco de gestión integrada de zonas costeras, por cierto, de obligado cumplimiento en el Mediterráneo. España necesita modernizar su gestión de costas y playas. Necesita más gente joven al mando –porque, al final, es su futuro–. Necesitamos abandonar el día de la marmota: cien alcaldes solicitando cada año la regeneración de sus playas sin preguntarse ni tan siquiera por qué han llegado a esa situación. No, yo no quiero hablar de regeneración de playas y de sus problemáticas: mejoremos nuestra relación con el medio natural o el medio natural nos devorará a nosotros. Y hagámoslo en todo. Lo digo por aquello del cambio climático.