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La Sagrada Família: el templo del turismo

Por El Quinze
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En el ensanche de Cerdà, entre las calles Sardenya, Marina, Provença y Mallorca, se encuentra el monumento más visitado de Barcelona: la Sagrada Família. Los más de 4,5 millones de personas que lo visitaron en 2017 lo confirman como pieza clave del engranaje turístico de la ciudad. La primera piedra de esta basílica de culto católico se colocó en 1882, cuando los terrenos pertenecían aún al municipio independiente de Sant Martí de Provençals. De esa época son también los permisos con los que durante más de 137 años se ha venido construyendo el edificio: no fue hasta el pasado mes de abril que los encargados solicitaron la licencia de obras, que el Ayuntamiento concedió la semana pasada. Excepcional en lo arquitectónico, bajo la firma y forma de trabajar de Antoni Gaudí, la Sagrada Família tiene muchos entusiastas y también sus detractores. Entre estos últimos, seguramente algunos de sus vecinos, hastiados por el ir y venir de los turistas, el tráfico de autocares y la metamorfosis del comercio, cada vez menos orientado a la gente del barrio. Algunos, además, viven bajo la amenaza de la expropiación: sus pisos están afectados por la construcción de la escalinata de la que será la entrada principal, por la calle Mallorca. Una cuestión que ha de quedar resuelta en los próximos años porque, si se cumplen las previsiones, la Sagrada Família se terminará en 2026, justo cuando se cumpla el centenario de la muerte de Gaudí, atropellado por un tranvía.