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La UAB: la vitalidad universitaria

Por El Quinze
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Si entendiésemos el ámbito metropolitano de Barcelona como un gran engranaje –creciente, en constante evolución–, no sería descabellado ubicar uno de sus motores en Cerdanyola del Vallès, en Bellaterra, en el campus de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Levantado en los años sesenta del siglo pasado, en la misma época en que las grandes ciudades de la conurbación se expandían hacia sus periferias, es un enjambre de actividad educativa y de investigación. Incubadora de movimientos políticos y sociales, mantiene el espíritu reivindicativo con el que nació en pleno tardofranquismo, alejado –convenientemente– de la capital. Su construcción transformó un espacio hasta entonces rural, con masías habitadas por familias campesinas. Hoy conserva el encanto del verde: el de los bosques que lo rodean y el de sus míticas áreas de césped, repletas de alumnos. A día de hoy, son cerca de 40.000 los estudiantes que hacen vida en las facultades de la Autònoma, a los que cabe sumar investigadores, profesores y personal no docente. También coinciden, a menudo, en el bar de la plaza Cívica –o Cínica, como algunos estudiantes la bautizaron en su día–. Las cerca de 260 hectáreas del campus dan para mucho. Conforman, en definitiva, un mapa propio: una pequeña ciudad con calles, plazas, aparcamientos, paradas de transporte público, restaurantes y muchas bibliotecas. Estas, por cierto, atesoran ni más ni menos que 1.311.444 libros.