Este artículo se publicó hace 7 años.
La variante que Vallirana anhela desde hace 30 años

Por El Quinze
-Actualizado a
María Jiménez, de 73 años, y Francisco Valero, de 75, son de L’Hospitalet de Llobregat, concretamente del barrio de Pubilla Cases. Ella se instaló en Vallirana hace 17 años, y él, nueve. Han salido a tomar algo antes de comer y ahora regresan a su casa. Es domingo y son las dos y media de la tarde, pero eso no impide que el tráfico en el centro del pueblo sea insoportable. Esa misma mañana, algunos vecinos habían cortado durante unas horas cuatro kilómetros de la N-340 para exigir la apertura de la variante que llevan reclamando desde 1988. El enlace de la carretera, que siempre ha pasado por el centro de la localidad –concretamente por el Carrer Major–, hace casi cinco meses que está acabado, pero todavía no se ha abierto. Tras 15 años de obras –interrumpidas por la crisis iniciada en 2008 y de la que aún se notan los estragos–, el Ministerio de Fomento realiza las últimas pruebas de seguridad en los túneles. Los vecinos y vecinas no entienden por qué la inauguración se demora tanto y esperan ansiosos el final de lo que consideran "una pesadilla".
Cada día pasan por el centro del pueblo entre 20.000 y 30.000 coches. Generan contaminación acústica, polución, colas interminables, suciedad y muchísima inseguridad. El problema, sin embargo, no son tanto los utilitarios, sino los camiones que van y vienen de las canteras vecinas acarreando piedras, nutriendo las cementeras de Molins de Rei y Sant Feliu de Llobregat. El tráfico es contínuo, y el ruido que hacen, ensordecedor, incluso el fin de semana. Con la variante lista, los vecinos se muestran impacientes por su apertura y sospechan que, tras la demora, se esconde algo más que las pruebas de seguridad: la inestabilidad política de los últimos años y la campaña electoral del 10 de noviembre.
"Ya la hubiesen tenido que abrir en 2012. Y ahora hace seis meses que la terminaron y no sabemos por qué no la inauguran. Hace poco le preguntamos a la alcaldesa y nos dijo que no era cosa suya, que eso lo llevaba Fomento. Ellos dicen que han estado mirando el túnel y que había un fallo, que es un problema de seguridad", explica Francisco, uno de los que defienden que la variante no se ha inaugurado por la situación política. "Creo que en campaña electoral no se puede inaugurar ninguna obra pública, así que, por mucho que protestemos, no la van a abrir antes", aventura Francisco. "Pues yo creo que la protesta es buena. Así los políticos se dan cuenta de que la gente no está contenta", lo interrumpe María. Francisco no va desencaminado: desde que se publica oficialmente la convocatoria de elecciones la ley prohíbe inaugurar cualquier obra, aunque esto no impide que estas entren en funcionamiento.
Problemas en el día a día de los vecinos
María y Francisco viven a pie de la carretera de la discordia. "Solo con que nos dieran un euro por cada camión que pasa, ya seríamos ricos. El problema es ese, los camiones. Que empiezan a circular a las cuatro de la madrugada y, desde entonces, es un no parar", asegura María. Además del ruido, ella y Francisco se quejan de la suciedad: "Tenemos que limpiar las cortinas y las persianas cada semana. Y también el suelo dos veces al día".
"Nos han dicho que no se puede abrir hasta que las pruebas técnicas y de seguridad de los túneles estén finalizadas", asegura Eva Morales (PSC), alcaldesa de Vallirana desde 2011. Morales se escuda en que la responsable es la Demarcación de Carreteras del Estado en Catalunya, y que como Ayuntamiento bien poco pueden hacer. Tampoco desde la Comisión de la Variante, formada por partidos políticos, entidades y ciudadanía y encargada hacer el seguimiento de las obras. "La Comisión se reunió en septiembre. Vinieron el jefe de la Demarcación y el responsable de las obras. Explicaron la situación y pedimos ir a ver el edificio del control del túnel", recuerda la alcaldesa.
Dicho edificio –desde el que se controlan aspectos como la ventilación, la temperatura o la iluminación del túnel– es, por lo visto, uno de los más modernos de Europa. "Da rabia ver que está acabado y que no se inaugura, ya que los ciudadanos llevan mucho tiempo reclamando esta carretera. Pero no es responsabilidad del Ayuntamiento", insiste Morales, que también se acuerda del papel que ha desempeñado el Gobierno autonómico: "Si bien el responsable de la variante es el Estado, la Generalitat hubiese podido hacer más. Siempre le hemos pedido más apoyo, porque, al fin y al cabo, es la entidad que dialoga con el Estado en cuestión de infraestructuras".
Cuando Morales llegó a la alcaldía, las obras se paralizaron por falta de presupuesto y no se volvieron a retomar hasta 2015. "Durante este proceso, los grupos políticos del Consistorio hemos ido todos a una a través de la Comisión de la Variante. Hemos invitado a diputados de todos los partidos políticos, para que vean la situación con sus propios ojos. Hemos trabajado con sindicatos, con la patronal y con el Consell Comarcal del Baix Llobregat. Hemos hecho piña para ir todos juntos y reclamar nuestro derecho. Esto no es cuestión de si manda un partido u otro: esta variante lleva 30 años reclamándose", apuntilla Morales.
Fomento aseguraba la semana pasada a El Quinze que la apertura de la variante se hará "próximamente". Y este miércoles 30 de octubre, el Ayuntamiento confirmaba en un comunicado la voluntad de la Demarcación de Carreteras de abrirla la primera semana de noviembre. Cuando esta llegue, Vallirana ganará en seguridad, pues reducirá en miles el número de vehículos que pasan por el centro. También bajarán significativamente los niveles de contaminación y ruido. "Queremos poder vivir el pueblo de otra forma. Tenemos un nuevo proyecto de Carrer Major, pero hay que esperar a ver cómo la apertura de la variante afecta al tráfico en el centro. No queremos que el nuevo proyecto sea muy restrictivo; no queremos que afecte a la movilidad interior". De momento se prevén más espacios para los viandantes y más pasos de peatones.
En la acera, en la terraza del bar Fabi’Ana’s, están sentados Presen Muñoz, de 60 años, Lorenzo Santos (51), Isabel Zúñiga (52) y Miguel Gutiérrez (62). Se están tomando unas cervezas. Sobre la mesa, los restos de una tapa de bravas y otra de aceitunas. Conversan no a gritos, pero casi, ya que el tráfico de la carretera hace que llevar una conversación reposada sea casi imposible. "¿Estás grabando el ruido? Esto es insoportable". A Presen no le falta razón: el goteo continuo de camiones, motos y coches que pasan por la carretera hace que la hora del vermú no sea, precisamente, un momento agradable.
"¡50 años, 50 años llevamos esperando la variante. ¿Están esperando que venga algún ministro que la inaugure? Pues que no venga y que la abran ya. Dicen que llevan haciendo pruebas desde junio y estamos en octubre. ¡Joder con las pruebas!", salta Miguel, enfadado. "Sales a tomar una cerveza, y ¿cómo te ves? Agobiadísimo, estresado", dice Presen. Lorenzo hace hincapié en la inseguridad de la carretera: "Aquí ha habido muchos accidentes y se han llevado por delante a más de uno. Mira, si un coche o un camión pierde el control ahora, también a nosotros se nos llevaría por delante". Y está en lo cierto. A Isabel el tema de la variante la ha afectado tanto que incluso ha tenido que cambiar su jornada laboral: "Para volver del trabajo a casa me tiro la vida en las colas que se forman. Si tienes que salir del pueblo, tienes que pensar en el tiempo que te vas a tener que pasar en el coche. Yo me he cogido el turno de tarde para no coger las caravanas de la mañana. Lo que en coche me cuesta dos horas por la mañana, por la tarde me lleva 20 minutos", mantiene.
Colas cada día de la semana
Las colas también afectan el día a día de Presen: "Tengo muchos problemas de salud y voy a menudo al Hospital Broggi [en Sant Joan Despí]. Como te den cita a primera hora, ya la has cagado. Para llegar a las nueve, tienes que salir, como mínimo, a las siete de la mañana". Lo cierto es que mientras las dos parejas se explican, incluso siendo domingo se forman colas en la carretera. "Si está así en domingo, que casi no pasan camiones, imagina cómo está entre semana", puntualiza Lorenzo.
Entre trago y trago, otro tema sale a colación: el precio del transporte público y las malas conexiones entre Vallirana, Barcelona y el resto del Baix Llobregat. Vallirana no tiene estación de tren y sus habitantes sólo pueden moverse en autobús. "Bajar a Barcelona te cuesta tres euros, el billete sencillo. También bajar a Molins de Rei, que está aquí al lado. Es tan caro que es preferible usar el coche. Pero, claro, luego te encuentras con las colas", dice Miguel. Presen se queja de la poca frecuencia de paso: "Los que vivimos en Vallirana dependemos del coche, por desgracia. No podemos contar con el transporte público".
El tráfico se detiene por un instante y se hace la paz. Desaparece el ruido. Es obra y milagro de un par de semáforos. "¿Oyes? Nada. Ni un pájaro. Nadie puede vivir aquí", dice Isabel. El silencio dura apenas unos instantes y el trajín vuelve a la carretera. Será así hasta que se inaugure la tan esperada variante. Quizás entonces, y después de 30 años, los vecinos puedan empezar a descansar en condiciones.