La amenaza de las 678 bombas que todavía pueden estallar bajo los escombros de Gaza
Al menos 24 personas, entre ellos 16 niños y niñas, han muerto por el estallido inesperado de un artefacto explosivo oculto entre la ruinas de Gaza. Otros 46 fallecimientos bajo investigación podrían estar relacionados con estas explosiones.

Madrid--Actualizado a
A mediados de 2024, la Oficina de Medios de Gaza difundió que Israel había lanzado, desde el 7 de octubre de 2023, 65.000 toneladas de explosivos. La comparación era inevitable: aquello equivalía a la potencia de tres bombas como la que destruyó la ciudad japonesa de Hiroshima en 1945. Sin embargo, en torno a un 5% y 10% de las bombas no han detonado. Tampoco lo hicieron otras tantas de las miles que han caído durante 2025. Actualmente se tiene conocimiento de que al menos 678 artefactos explosivos aún quedan por detonar bajo los escombros del territorio gazatí.
Estos son los datos que maneja inicialmente el Programa de Acción contra las Minas de la ONU (UNMAS). Julius Vanderwalt, jefe de este programa en los territorios palestinos ocupados, ha confirmado a Público que estos son solo los artefactos notificados al organismo y que "es muy probable que las cifras estén significativamente infrarrepresentadas", ya que todavía son muchas las zonas de Gaza a las que ni siquiera han podido acceder y mucho menos, inspeccionar. Este periódico no ha obtenido respuesta a la pregunta sobre la potencia destructiva total que podrían tener todos estos explosivos.
Por su parte, Raquel Martí, directora de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA) en España, ha informado de que "se han identificado bombas aéreas MK 82, MK 83 y MK 84, que pesan entre 200 y 900 kg, tanto en la superficie como a lo largo de las calles, y se espera que muchas más estén enterradas a gran profundidad bajo infraestructuras y escombros". Sin embargo, no todos los los explosivos son iguales.
Según informa UNMAS, entre ellos hay tanto munición de fabricación convencional como artefactos explosivos improvisados utilizados por todas las partes del conflicto. Por ello, Vanderwalt afirma que "aunque los niveles de contaminación en Gaza aún no pueden cuantificarse con precisión, las pruebas ya indican una densidad muy elevada en relación con el reducido tamaño geográfico de Gaza, comparable incluso superior a la de otros contextos gravemente afectados".
En una declaración publicada por el UNMAS tras la vigesimosegunda reunión de los Estados que forman parte de la Conferencia sobre la Prohibición de las Minas Antipersonas, se evidenciaba que las difíciles condiciones de vida de los gazatíes estaban "obligando a las familias a desplazarse a zonas inseguras, lo que incrementa de forma drástica su exposición a los peligros explosivos". En el texto advertían de que "hay personas que resultan heridas simplemente al intentar recoger bienes básicos como leña" y que, de entre toda la población, eran los niños quienes resultaban más vulnerables a estas explosiones debido a su tamaño.
El desafío por desminar es tal que incluso Hamás solicitó ayuda a la comunidad internacional a finales de noviembre para limpiar la Franja del material explosivo lanzado por Israel. No ha trascendido que esta petición se haya cumplido. Según ha explicado a Público Raquel Martí, "las autoridades israelíes están denegando muchas de las evaluaciones de riesgo de explosión, así como las misiones interinstitucionales entre el UNMAS y otras organizaciones humanitarias, como UNRWA, imprescindibles para garantizar un acceso seguro a través de zonas de riesgo conocido".
Actualmente, ni siquiera la propia UNMAS se atreve a hacer una estimación de cuánto tiempo podría demorarse el trabajo de desminado en la Franja de Gaza. La tarea de desminado, junto a la de desescombrado, podría absorber una parte importante de la inversión que los países árabes están dispuestos a hacer para la reconstrucción del enclave. La teoría de Haizam Amirah Ferández, director adjunto del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), es que esta fue una de las razones por las que algunos de los invitados más extravagantes a la mesa de negociación, como el yerno y asesor de Donald Trump, Jared Kushner, renunciaron a sacar tajada del plan de reconstrucción de la Franja de Gaza.
En cualquier caso, dicha reconstrucción forma parte de la segunda parte del plan para Gaza diseñado por Donald Trump y Benjamín Netanyahu en Washington, y todavía no está claro cómo se llevará a cabo. Martí recuerda que tampoco en la primera parte del plan, iniciada el pasado 10 de octubre, se hacía ninguna referencia al trabajo de desminado. Esta primera fase consistía en detener el fuego entre las partes para hacer posible el intercambio de rehenes. Pese al armisticio, en el momento en el que se escribe este artículo han sido asesinados cientos de palestinos en la Franja de Gaza. Pese al armisticio, en el momento en el que se escribe este artículo han sido asesinadas alrededor de 3.500 palestinos en la Franja de Gaza, según Health Cluster, y 400 según el Ministerio de Sanidad de Gaza.
450 víctimas
La UNMAS ha sido informada de 198 incidentes relacionados con las detonaciones de explosivos que habían quedado enterrados en la Franja de Gaza. En ellos habían sido heridos 383 personas, mientras que otros 70 habrían sido asesinados. De momento, la UNMAS solo ha podido verificar 218 heridos y 24 fallecimientos. La mayor parte de las muertes, un total de 16, se han dado entre niños y niñas.
La contaminación por explosivos en la Franja añade aún más complejidad al ya difícil reparto de la ayuda humanitaria entre la población gazatí. Según Raquel Martí, la presencia de artefactos escondidos "aumenta enormemente los riesgos a los que se enfrenta el personal humanitario y, en este sentido, todas las decisiones operativas están condicionadas y los movimientos y las actividades presenciales están restringidas". Esto obliga además a "extremar los protocolos de seguridad, con una mayor dependencia de las evaluaciones previas de riesgos y del apoyo técnico de UNMAS para garantizar que las rutas y los accesos a las instalaciones sean lo más seguro posible".
"Inevitablemente", explica la directora de la agencia humanitaria en España, toda esta situación "ralentiza la prestación de ayuda humanitaria y servicios básicos" y, en segunda instancia, "condiciona por completo cualquier plan para la retirada segura de escombros, que es un paso imprescindible para la recuperación y la reconstrucción" de la Franja de Gaza. De esta forma, los artefactos no detonados multiplican las amenazas para la vida de los palestinos, que ya sucumben bajo las hostilidades, la lluvia, el frío o los desprendimientos de infraestructuras ruinosas de la Franja.
Dadas las circunstancias, los gazatíes no pueden esperar a la segunda parte del plan para comenzar el trabajo de desminado. Por eso, las agencias de la ONU que operan en la Franja lleva meses formando a grandes y pequeños en programas de concienciación y prevención de accidentes en relación a los artefactos explosivos. Desde que se iniciara el genocidio, según los datos disponibles en su sitio web, han sido 953.491 las personas que han recibido formación básica sobre cómo actuar en relación a estos explosivos.
"Estamos comprometidos con la educación de las comunidades, la evaluación de riesgos y el apoyo a las misiones", aclara Vanderwalt. "Sin embargo, sin las herramientas adecuadas, estos esfuerzos no pueden alcanzar todo su potencial". Insiste en que, "con el equipamiento apropiado, podemos acelerar las labores de despeje, reducir los riesgos y salvar vidas. Cada día sin estos recursos es un día más en que las familias viven bajo amenaza. Contamos con la experiencia y la determinación; lo que necesitamos ahora son los medios para actuar."

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