Cuba y Colombia, los siguientes países de la agenda imperialista de Trump
Tras el secuestro de Nicolás Maduro, el presidente estadounidense ha puesto los ojos sobre otros dos países de América Latina.

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Las consecuencias del ataque estadounidense contra Venezuela se deja sentir en toda América Latina y el Caribe. Tras el exitoso secuestro de Nicolás Maduro, un envalentonado Donald Trump ha puesto sus ojos sobre Colombia y Cuba, a los que desde hace dos días ha señalado de manera reiterada como los "próximos" países que podrían ser intervenidos por Estados Unidos.
A bordo del avión presidencial Air Force One y con un tono visible alegre, el magnate republicano ha asegurado que "Colombia también está muy enferma, dirigida por un hombre enfermo (en referencia al presidente Gustavo Petro), al que le gusta fabricar cocaína y venderla en Estados Unidos". En la misma dirección, advirtió que Cuba "está a punto de caer" y que "de Cuba acabaremos hablando, porque es una nación fallida".
Llueve sobre mojado. No se trata de la primera advertencia que la Casa Blanca lanza sobre estos dos países, que junto con México –sobre el que también dijo que también "habrá que hacer algo"– constituyen los siguientes nombres en la agenda imperialista de Donald Trump.
La administración republicana está articulando una versión renovada de la Doctrina Monroe, considerando a América Latina y el Caribe su esfera inmediata de influencia. Una posición plasmada en la Estrategia de Seguridad Nacional, el documento que define las prioridades estratégicas de Estados Unidos y que fue presentado a finales de diciembre de 2025. El texto da máxima prioridad al hemisferio occidental y relega otros teatros como Oriente Medio, llegando a afirmar que EEUU debe "reafirmar y hacer cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger nuestro acceso a geografías clave", y propone un "Trump Corollary" que niega a competidores extra-hemisféricos –como China y Rusia– la capacidad de posicionar fuerzas o controlar activos estratégicos en la región.
En esa visión geopolítica, difícilmente tienen cabida en la región gobiernos como el de Miguel Díaz-Canel en Cuba, un estado socialista a 90 millas náuticas de Florida, o como el de Gustavo Petro en Colombia, cuyo liderazgo progresista es visto con recelo desde la Casa Blanca. Ambos países representan posiciones que Washington percibe como contrarios a sus intereses de seguridad y como una puerta de acceso a otras potencias internacionales.
Petro, un "enfermo" que debe "tener cuidado"
En el último mes, Donald Trump ha multiplicado sus amenazas públicas contra el presidente colombiano Gustavo Petro, elevando el tono de la Casa Blanca hacia un aliado tradicional de Estados Unidos. Trump aseguró que el país está "gobernado por un hombre enfermo, que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos", y añadió que ese mandatario "no va a seguir por mucho más tiempo, déjenme decirles". Cuando una periodista le preguntó si Washington estaba considerando "una operación como la de Venezuela" contra Colombia, el presidente estadounidense no lo descartó, respondiendo sencillamente: "Me suena bien".
No se trata de la primera escalada retórica. En el último mes Trump ha puesto a Colombia tres veces en el punto de mira. En la rueda de prensa sostenida tras la captura de Maduro, afirmó que Petro "está produciendo cocaína y la está mandando a Estados Unidos", asegurando que "será mejor que se cuide el trasero". Y ya a finales de diciembre había advertido: "Más le vale andarse con cuidado porque tiene fábricas de droga. Fabrican cocaína en Colombia y la envían a Estados Unidos. Más le vale cerrar esas fábricas de cocaína".
Frente a estas acusaciones, Petro ha rechazado repetidamente que tenga vínculos con el narcotráfico, recordando que su nombre "no aparece en los archivos judiciales sobre narcotráfico… ni de antes ni del presente"; y ha calificado la acción de Estados Unidos sobre Venezuela como "aberrante" y como "una violación de la soberanía de toda Latinoamérica y el Caribe".
Una eventual intervención en Colombia supondría escalar los ataques que EEUU ya ha realizado en las costas del país en el marco de la lucha "antidroga". Durante los últimos cuatro meses, el despliegue militar estadounidense en el Caribe ha atacado varias embarcaciones en aguas cercanas a Colombia. Acciones que ya escalaron la tensión entre Washington y Bogotá después de que Petro acusase a Trump de haber llegado a matar a pescadores colombianos.
Las amenazas del magnate republicano llegan en pleno año electoral en Colombia. En 2026 el país deberá elegir presidente en unos comicios en los que el candidato de la izquierda, Iván Cepeda, parte como favorito según los primeros sondeos, aunque el impacto político de la agresión estadounidense a Venezuela y de las amenazas directas todavía no ha sido incorporado por las encuestadoras y podría alterar un escenario que, por ahora, sigue abierto.
Cuba y el bloqueo recrudecido
Misma retórica se ha empleado contra Cuba, país que Trump considera especialmente vulnerable por su dependencia energética y económica de Caracas. Desde el Air Force One afirmó que "Cuba parece que está a punto de caer" porque su economía, lastrada por décadas de bloqueo, ahora perdería el acceso al petróleo venezolano y a las divisas que recibe por los servicios médicos y educativos que la isla presta en el país. "No sé cómo van a poder mantenerse, no tienen ingresos. Recibían todo sus ingresos de Venezuela, del petróleo venezolano", dijo Trump, que agregó que no cree que sea necesaria una operación militar similar a la de Venezuela porque "se está hundiendo definitivamente" por sí sola.
La relación estratégica entre La Habana y Caracas, que incluía el envío periódico de miles de barriles de crudo para sostener el sistema energético cubano, ha quedado probada al conocerse que 32 ciudadanos cubanos –pertenecientes a la guardia de seguridad de Nicolás Maduro– perdieron la vida durante la operación estadounidense en Venezuela, un dato que subraya el grado de implicación de fuerzas e inteligencia cubanas en apoyo al gobierno de Maduro.
El contexto interno en Cuba ya era delicado antes de la intervención: con un recrudecimiento del bloqueo y las sanciones; amplios cortes de energía; escasez de combustibles y una crisis económica que hace especialmente sensible la eventual caída de un socio como Venezuela.
El gobierno de Miguel Díaz-Canel ha denunciado la acción estadounidense como "terrorismo de Estado" y llama a la resistencia regional, mientras que Trump, aunque descarta por ahora una intervención militar directa, califica al régimen cubano como "un gran problema" y advierte de una presión sostenida sobre la isla, señalando que "vamos a acabar hablando de Cuba" ante su "decadencia". En todo caso, en Cuba se muestran confiados aunque prudentes y recuerdan que tienen décadas de experiencia sobre cómo lidiar con el injerencionismo estadounidense.

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