La izquierda se bate en retirada en Bolivia y Latinoamérica pierde a uno de sus últimos referentes en pleno auge ultra
Dos candidatos "antimasistas" irán a segunda vuelta en octubre tras los resultados de este domingo y contarán con mayoría absoluta en el cámara legislativa para cambiar la Constitución.

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Por primera vez en más de dos décadas Bolivia no estará gobernada por el Movimiento al Socialismo (MAS). El que fuera el partido hegemónico de Bolivia y un ejemplo para las fuerzas progresistas de toda América Latina –aglutinando en su seno a sindicatos, organizaciones indígenas y campesinas– ha quedado disuelto en una maraña de disputas internas.
La debacle electoral no solo supone la salida de la presidencia, sino que otorga a las derechas bolivianas una supermayoría en Congreso y Senado con la que podrían modificar la constitución. Además, Bolivia saldrá del eje de gobiernos progresistas y abandonará las estrategias de integración regional que compartía con Venezuela y Cuba.
Las elecciones generales del pasado domingo 17 de agosto marcaron el fin de una era en el país andino. Dos candidatos de la derecha boliviana, ambos declarados "antimasistas", se enfrentarán en la segunda vuelta del próximo 16 de octubre: Rodrigo Paz Pereira (32,14%), senador e hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, y Jorge “Tuto” Quiroga (26,81%), quien gobernó Bolivia entre 2001 y 2002.
La tercera posición fue para el empresario multimillonario Samuel Doria Medina (19,86%), durante semanas favorito en las encuestas, quien ya ha anunciado su apoyo a Paz Pereira de cara a la segunda vuelta.
Debacle de la izquierda boliviana
Las disputas internas en el MAS han llevado a que la izquierda boliviana acudiese a las urnas con tres posturas opuestas: dos candidaturas presidenciales diferentes y un llamamiento al voto nulo.
El expresidente Evo Morales (2006-2019) llevó hasta las últimas consecuencias su pulso con Luis Arce, su sucesor en la presidencia y el que fuera su ministro de Economía. El choque fracturó al MAS e hizo que Evo fundase su propio partido con visos a presentarse estas elecciones generales. No obstante, la inhabilitación electoral que pesa sobre el exmandatario impidió su candidatura. Evo no respaldó a ningún otro aspirante y llamó al voto nulo. Una opción escogida por el 19,38% de los bolivianos y que no supera el número de votos obtenidos por Paz Pereira y "Tuto" Quiroga.
Por su parte, el sector afín al presidente Luis Arce (2020-2025) impulsó la candidatura del impopular ministro de Gobierno, Carlos del Castillo, quien, lastrado por la crisis económica que sufre el país, ha obtenido un pírrico 3,16% del voto.
Finalmente, Andrónico Rodríguez, presidente del Senado y exdiscípulo de Evo Morales lanzó su propia candidatura esperando captar el voto masista. No fue así. Solo el 8,22% de los electores votaron por él.
La suma de estos tres resultados apenas suma 1.800.000 votos. Una cifra alejada de los 3.400.000 votos con los que se impuso Luis Arce en 2020, o los 2.900.000 cosechados por Evo Morales en 2019. Es sin duda el peor resultado de la izquierda boliviana desde hace dos décadas
¿Dónde se han ido ese más de un millón y medio de votos en cinco años? La abstención se ha mantenido en un discreto 11%, en línea con los cuatro procesos electorales, por lo que al menos un parte significativa del voto masista habría migrado a otras candidaturas en un contexto de fragmentación y disputas internas.
Evo Morales afirmó a través de sus redes sociales que los bolivianos "votamos pero no elegimos", y aseguró que "el pueblo dio un mensaje inequívoco a quienes se corrompieron en el ejercicio político y traicionaron a los más humildes".
En un mensaje aséptico, el presidente Luis Arce se felicitó a "cada boliviana y boliviano que hoy acudió a las urnas para ejercer su derecho" pero evitó valorar los resultados de su candidatura o la salida de la izquierda del poder.
Segunda vuelta en octubre
De cara a la segunda vuelta electoral el senador Paz Pereira parte como claro favorito. Su candidatura ganó peso en las últimas semanas de campaña electoral con un discurso “regenerador”, pese a su dilatada trayectoria política, y una proyección mediática muy cuidada.
Paz Pereira, de 58 años, era candidato antimasista más joven en un país donde el 40% del censo electoral tiene entre 18 y 30 años. Su candidatura se reivindica como "centrista" y "renovadora" pese a haber militado en media docena de partidos y haber concurrido a las elecciones con el apoyo instrumental el Partido Demócrata Cristiano (PDC), una formación opositora al MAS e históricamente vinculada a la derecha.
El también exalcalde de Tarija se mueve bien en redes sociales y ha explotado el discurso de ser un padre de familia calmado, frente a la histriónica derecha tradicional, y formado, pues cursó estudios superiores en Estados Unidos. Una expresión modernizada y serena de la élite económica y política boliviana: su padre y su tío-abuelo ya fueron presidentes del país.
Frente a él, Jorge "Tuto" Quiroga, proveniente de una acaudalada familia de Cochabamba, y un viejo conocido de la política boliviana. Fue la mano derecha del militar y expresidente Hugo Banzer, a quien sucedió en el cargo durante un año (2001-02) tras su renuncia. Quiroga lideró el partido conservador Acción Democrática Nacionalista (ADN) y en su candidatura confluyen los sectores de la derecha tradicional boliviana.
Ambos candidatos se han mostrado críticos con las dos décadas de gobierno del MAS y han apostado por recortes de gasto público para combatir la inflación y el estancamiento económico. Difieren, eso sí, en las formas y la profundidad. “Tuto” Quiroga se ha mostrado mucho más vehemente en su programa asegurando que está dispuesto a usar "motosierra, machete, tijera y todo lo que encuentre" frente a la “gastadera".
Trascendencia dentro y fuera de Bolivia
La derrota del MAS es la derrota de uno de los últimos proyectos políticos que alumbró la ola de gobiernos progresistas a principios del s.XXI. La caída de Bolivia es tremendamente simbólica para una región en convulsión que también sufre el auge de la extrema derecha.
Pero más allá del símbolo, Bolivia también verá una transformación profunda en su política exterior. Es más que previsible que ambos candidatos salgan de la ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, la iniciativa de integración regional impulsada por Hugo Chávez), se acerquen a la administración Trump y rompan o enfríen sus relaciones con Venezuela y Cuba.
Además, la debacle de la izquierda otorga una supermayoría a las distintas expresiones de la derecha boliviana en el Congreso y el Senado. E independientemente de la elección presidencial, el país andino experimentará fuertes cambios legislativos e incluso podría darse un nuevo proceso constitucional que acabe con la Carta Magna que aprobó Evo Morales en 2009.

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