Bolivia acude a las urnas con una izquierda fracturada que podría perder el poder tras 20 años de Gobierno
El enfrentamiento entre el expresidente Evo Morales y su sucesor, Luis Arce, ha desangrado al hasta ahora hegemónico Movimiento al Socialismo (MAS).
Ninguno de los candidatos de la izquierda boliviana supera el 10% de voto según las encuestas para las elecciones que se celebran el próximo 17 de agosto.

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"No se han presentado". El pasado 24 de julio, en un céntrico hotel de La Paz, fracasaba el enésimo intento de cohesionar a la izquierda boliviana de cara a las elecciones generales de este 17 de agosto. Una cita con las urnas que, según todas las encuestas publicadas hasta la fecha, pondría fin a dos décadas de Gobierno progresista en Bolivia.
Las heridas son profundas y permanecen abiertas. El Movimiento al Socialismo (MAS-IPSP), durante años espacio común para el complejo ecosistema de movimientos sociales bolivianos, hoy languidece con una estimación de voto del 3%.
La candidatura oficialista, encabezada por Carlos del Castillo —exministro de Gobierno y delfín político de Luis Arce—, ve menguadas sus aspiraciones por otras tres figuras, también autoproclamadas herederas del MAS, que han propuesto estrategias bien distintas para estas elecciones.
El expresidente Evo Morales, inhabilitado por la justicia, apela al "voto nulo" y acusa de "traición" al presidente Luis Arce. Eva Copa, alcaldesa de El Alto y joven lideresa social, abandonó el MAS para lanzar su propia candidatura, aunque finalmente la ha retirado. Y Andrónico Rodríguez, presidente del Senado y hasta hace poco considerado por muchos como el sucesor de Evo, ha optado por fundar su propio partido y concurrir a las elecciones al margen del voto nulo de Morales y de la candidatura respaldada por Arce.
Frente a ellos, la derecha lidera la carrera electoral con el multimillonario empresario Samuel Doria Medina –propietario de una cadena de hoteles y de la franquicia de Burger King en el país– en primera posición. Y tras él, Jorge Fernando Tuto Quiroga, candidato de la derecha tradicional y presidente de Bolivia durante el convulso periodo 2001-2002. Por su parte, Andrónico Rodríguez, alternando la tercera y cuarta posición en las encuestas, es el primero de los candidatos de la izquierda con un modestísimo 8% de estimación. El 2% atribuido a Carlos del Castillo es insignificante.
¿De dónde viene la crisis de la izquierda?
Evo Morales hizo historia al convertirse en el primer presidente indígena de Bolivia en 2006. Su llegada al poder marcó una ruptura con la élite tradicional, que lo atacó desde el inicio de su mandato en una mezcla de racismo y odio ideológico. Su Gobierno impulsó una nueva Constitución, se alineó con la ola de Gobiernos progresistas en América Latina y consiguió un milagro económico con Luis Arce al frente del Ministerio de Economía.
El liderazgo de Evo era incontestable, y el único freno que enfrentaba el dirigente cocalero era la limitación de mandatos que el mismo había aprobado en la Constitución de 2009. Pero eso no lo detuvo e impulsó un referéndum para habilitar su candidatura. Lo perdió por un ajustado 51,3 % frente al 48,7 %. Pese a ello, recurrió al Tribunal Constitucional, que finalmente autorizó su postulación. Desde entonces, las divisiones internas dentro del oficialismo se agravaron.
En las elecciones de 2019, Evo Morales obtuvo el 47% de los votos y, por primera vez desde 2002, no superó el 50% en la primera vuelta. Aun así, no necesitaba ir a una segunda: la legislación boliviana permite una victoria directa con más del 40% de los votos y una diferencia superior a diez puntos respecto al segundo candidato (Carlos Mesa obtuvo el 36,51%). Sin embargo, la oposición —con el respaldo de sectores del Ejército y la Policía— denunció "fraude electoral" y llevaron a cabo un golpe de Estado que le costó el exilio a Evo y a gran parte de la dirigencia masista.
El golpe dio paso a un Ejecutivo interino que, en apenas un año, el tiempo que se habían dado para convocar nuevas elecciones, desmontó gran parte de las políticas sociales del país y reprimió con violencia varias protestas populares. No obstante, el golpe volvió a cohesionar al masismo y, con Evo asilado en México, fue el turno del discreto ministro de Economía, Luis Arce, quien se impuso con contundencia en las elecciones de noviembre de 2020.
Luis Arce asumió la presidencia, aunque Evo Morales mantenía su pretensión de dirigir el país, pues aseguraba ser el líder moral del movimiento tras haber vencido en las elecciones de 2019. El conflicto estaba servido, las grietas volvieron a abrirse y eventualmente el partido terminó escindido.
Dos candidaturas y una llamada al "voto nulo"
Hasta en cuatro estrategias diversas se ha fragmentado el discurso electoral de la izquierda. Por un lado, la candidatura de Carlos del Castillo, el impopular ministro de Gobierno de Luis Arce, quien, lastrado por la crisis económica y salpicado por casos de corrupción, terminó retirando la suya y cediendo el espacio a su compañero de gabinete.
El colapso del MAS era un hecho y otros liderazgos emergentes del partido vieron su oportunidad de salir a la superficie para tratar de canalizar la base electoral. Fue el caso de Eva Copa y Andrónico Rodríguez.
Eva Copa, alcaldesa de El Alto, abandonó la formación para crear su propio partido y presentarse a las elecciones presidenciales. Sin embargo, las encuestas le pronosticaban un resultado por debajo del 5%. El pasado 29 de julio, alegando "acoso político", anunció oficialmente la retirada de su postulación sin respaldar a ningún otro candidato progresista.
Andrónico Rodríguez, alumno aventajado de Evo Morales, dirigente joven, formado y con proyección, siempre había permanecido bajo su sombra. De hecho, mantuvo un perfil discreto y solo cuando se confirmó la inhabilitación de Evo Morales decidió lanzar su propio partido y candidatura, que por ahora oscila entre el 7 y el 10% en intención de voto.
Y aunque la lógica podría indicar que, por su perfil, Andrónico Rodríguez absorbería el voto del evismo, lo cierto es que las bases del expresidente no han perdonado su "traición". Bajo la arenga de "Sin Evo no hay elecciones, el único voto es el voto nulo", el entorno de Morales ha dado la consigna a sus fieles de no votar por ningún candidato progresista este 17 de agosto.
El escenario de división no solo dispersa el voto de la izquierda entre dos candidaturas y el voto nulo, sino que también desmovilizará a un sector de ese electorado, que, desanimado por las pugnas internas, podría optar por abstenerse.
La oposición lidera con claridad
Aunque las encuestas en Bolivia no tienden a ser las más precisas de la región, todos los estudios de opinión coinciden en situar como punteros al empresario Samuel Doria Medina y al expresidente Tuto Quiroga, ambos por encima del 20% del voto. En las últimas semanas, Andrónico Rodríguez ha perdido la tercera posición en favor del senador y exalcalde de Tarija Rodrigo Paz Pereira.
Samuel Doria Medina combina su faceta de magnate —fue presidente de la mayor cementera del país y controla franquicias de Burger King, hoteles y rascacielos— con un discurso de "tercera vía" que otorga cierta importancia al papel del Estado en la economía. Paradójicamente, ocupa desde 2023 la vicepresidencia para América Latina y el Caribe de la Internacional Socialista, aunque su candidatura se autodenomina de "centro".
Jorge Tuto Quiroga, proveniente de una acaudalada familia de Cochabamba, es un viejo conocido de la política boliviana. Fue la mano derecha del militar y expresidente Hugo Banzer, a quien sucedió en el cargo durante un año (2001-02) tras su renuncia. Quiroga lideró el partido conservador Acción Democrática Nacionalista (ADN) y en su candidatura confluyen los sectores de la derecha tradicional boliviana.
Finalmente, Rodrigo Paz Pereira, hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-93), se reivindica como un gobernador cercano, de "centroizquierda", y regenerador. Al igual que Doria Medina y Tuto Quiroga, el exalcalde de Tarija ha centrado su campaña en la necesidad de cambio tras 20 años de Gobierno del MAS. No obstante, Paz Pereira trata de adoptar un tono menos confrontativo que el de sus rivales.
Curiosamente, los tres candidatos de oposición tienen como nexo común el Gobierno de Jaime Paz Zamora. Rodrigo, por ser hijo del expresidente; Tuto Quiroga y Doria Medina, por haber sido ministros de su Gobierno. Entonces, el Ejecutivo tuvo que lidiar con una grave crisis económica y aplicó severos recortes para cumplir con los mandatos del FMI. La austeridad de Jaime Paz Zamora y el enfrentamiento mantenido con el sector cocalero fueron decisivos para impulsar la reorganización del movimiento campesino e indígena, germen de lo que más tarde sería el MAS. Ahora, treinta años después, su hijo y sus exministros pugnan por ser quienes entierren veinte años de Gobierno de la izquierda boliviana.



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