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Barbas largas contra la parálisis política en Bélgica

La sociedad belga pierde la paciencia y pone en marcha protestas contra los políticos tras siete meses sin Gobierno

DANIEL BASTEIRO

Hay quien opta por manifestarse vestido de blanco. O por acampar virtualmente delante de la sede del Gobierno, que siete meses después de las elecciones generales mantiene el cartel de "en funciones". Otros cuentan los días para la llegada de la primavera, lo único "no negociable" que el caos institucional que paraliza a Bélgica no podrá retrasar, según Bernard Demonty, periodista del diario francófono Le Soir. Pero la sociedad belga está harta.

Este jueves se han cumplido siete meses desde las últimas elecciones generales y Bélgica se acerca peligrosamente al record de Irak en días sin Gobierno.

"Por Bélgica, déjense crecer la barba mientras no haya gobierno", pidió en televisión Benoit Poelvoorde, uno de los actores más famosos para francófonos y flamencos. Según él, es imprescindible "conservarla hasta que Bélgica se enderece de nuevo". Poelvoorde hizo el llamamiento ya con barba de varios días, por lo que es posible que no pueda mantener su desafío. Los principales partidos buscan, realmente sin demasiadas prisas, una salida negociada dentro de un laberinto político sin señalizar.

En estos meses, el rey Alberto II ha emergido como el clavo ardiendo al que unos y otros terminan por aferrarse cuando el Gobierno federal hace aguas. Desde junio ha designado ya a cinco mediadores para tratar de acercar posturas entre los siete partidos (tres francófonos, cuatro flamencos), dispuestos a negociar un nuevo adelgazamiento del Estado y la composición del Ejecutivo federal. Uno tras otro han dimitido, acrecentando el protagonismo del monarca, especialmente apreciado por la mitad francófona del país. Para el sur de Bélgica es con el 73% de los votos el "belga del año", según un sondeo publicado este jueves.

Pero ni el reforzado papel de Alberto II, que se ha atrevido incluso a pedir la redacción de un presupuesto del Estado para 2011, algo inédito y que sobrepasa sus funciones constitucionales, ha terminado por bastar para una sociedad acostumbrada a que el país funcione por inercia.

"¿Qué hace usted si ha pagado por algo que no funciona? Exigir que le devuelvan el dinero. Totalmente lógico, totalmente legítimo", señala la Campaña 16, en referencia al conocido número de la Rue de la Loi que ocupa la sede del Gobierno. La campaña propone una simbólica acampada virtual a la que ya se han aderido 73.000 personas. Además, da otros 100 días a los políticos para que formen Gobierno antes de exigir el desmantelamiento de la estructura federal como reembolso por un sistema que no funciona.

Otra iniciativa llama a los jóvenes belgas, independientemente de si hablan francés o neerlandés, a manifestarse en Bruselas el próximo 23 de enero vestidos de blanco. La "iniciativa pacífica" ha sido bautizada como "Sin Gobierno, pero un gran país" y presenta los colores de la bandera belga formando la palabra Shame (vergüenza). "Queremos sensibilizar al mundo político, decirle que hay una entente a los dos lados de la frontera lingüística" que reclama un Gobierno, según sus organizadores, que ya han recibido en Facebook el apoyo de 15.000 personas.


"La única solución es salir a la calle, como hacen en las repúblicas bananeras o los países corruptos. Nosotros ya hemos perdido la dignidad. Tomen un francófono por la mano y salgan a la calle", pidió Kris Janssens, un ciudadano flamenco que grabó un vídeo de protesta con casi 230.000 visitas en Youtube. "¿Es que no tienen vergüenza? Si llamas al fontanero para que te arregle la ducha y te dice que no va a hacer nada en 200 días, pero que le pagues, y te anuncia que va a reflexionar sobre la mejor manera de hacer las cosas, ¿no lo llevas a juicio?"

Por el momento, los siete partidos en torno a la mesa de negociación no se dan por aludidos. La descentralización propuesta por el último emisario real no es suficiente para los partidos flamencos. Ir más allá, sería inaceptable para los francófonos, del sur, que se benefician de la redistribución de los impuestos pagados en el norte. "Es mejor no tener acuerdo que un mal acuerdo", sentenció la semana pasada Bart de Wever, líder de los separatistas flamencos, cuya formación logró 27 diputados dentro de una cámara de 150, convirtiéndose en el primer partido del país.