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Berlusconi vendía armas a Gadafi y pagaba a los rebeldes

Con el Tratado de Amistad firmado en Bengasi 'Il Cavaliere' consiguió un torrente de inversiones para las filiales de Finmeccanica

DANIEL DEL PINO

Los casos de que ponen de manifiesto la falta de escrúpulos de Finmeccanica a la hora de cerrar un contrato no se terminan en la venta del sistema de comunicaciones TETRA a Siria o Irán. Libia sería el mejor ejemplo. Las relaciones del exprimer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y el exdictador, Muamar Gadafi, siempre fueron buenas.

Aunque se trataba más de una cuestión de intereses e intercambio. A Berlusconi le interesaba el petróleo y el gas libios y frenar los flujos migratorios. A Gadafi le seducían las inversiones millonarias italianas en infraestructuras.

Y entre ellos surgió una creciente colaboración que provocó el estupor de muchos italianos. La prueba final de ese respeto mutuo que se tenían fue la dificultad que tuvo Il Cavaliere para condenar al régimen libio y la frase que pronunció como epitafio a su asesinato por las tropas rebeldes el año pasado: 'Sic transit gloria mundi', así pasa la gloria del mundo. Cuando se vio forzado a dimitir en noviembre de 2011 hubo quien aprovechó la ocasión para decirle lo mismo a Berlusconi.

Las relaciones comerciales de Finmeccanica con el régimen comienzan en 2007.  Agusta Westland, la filial más prolífera, especializada en la fabricación de helicópteros militares, vendió a Libia varios modelos del AW 109 y AW 119 Koala. No fue nada más que el principio.

En agosto de 2008 Berlusconi y Gadafi firmaron en Bengasi el polémico Tratado de Amistad -conocido como el tratado de la vergüenza-. Sobre el papel, era una manera de compensar a Libia por la etapa colonial. En la práctica, fue un negocio redondo para Finmeccanica que, gracias a la intermediación del exdirector de relaciones externas, Lorenzo Cola -detenido por blanqueo-, vio como aumentaban su cartera de negocios considerablemente.

Dos de las filiales de Selex (Communications y Sistemi Integrati) se adjudicaron contratos por un valor de 2.000 millones de euros para la reconstrucción de la línea ferroviaria libia y la instalación de un campo de sensores de movimiento en las fronteras del país. Gadafi no temía una invasión sino que aceptó el encargo de convertir los bordes libios en un campo de concentración para la emigración del cuerno de África y el África subsahariana.

Berlusconi, por su relación con la xenófoba Liga Norte, necesitaba contener los flujos migratorios a toda costa y para completar esa misión, se le entregaron varios aviones espía Falco a los hombres de Gadafi. En aquella época se pudo ver a Berlusconi besar el anillo del dictador y desfilar con él con una pose pseudofascista que sacó los colores a todo el país.


En enero de 2011 el dictador decidió desembarcar directamente en Finmeccanica y adquirió el 2,01 % de las acciones a través de la Lybian Investment Authority, organismo tapadera que hacía de fuente de financiación para la familia Gadafi. En aquel momento el régimen libio era el primer accionista de Unicredit, el banco italiano más importante; tenía un 7% de títulos de la Juventus de Turín; y una participación en Eni, la empresa estatal de energía. Libia era la mayor fuente de petróleo italiana.

Cuando la OTAN decidió atacar Libia, Berlusconi trató de resistirse pero no le quedó más remedio que poner sus bases militares a disposición de los cazas de la Alianza. Acabó enviando aviones Tornado y financiando las armas de los rebeldes. Para relajar la tensión mientras, el ministro de Defensa, Ignazio La Russa daba ruedas de prensa memorables explicando que el sistema que llevaban incorporados los Tornado servía solo para anular a los radares libios. 'Los cazas italianos no han disparado ni un solo misil', llegó a decir. Los testimonios de los militares encargados de las misiones dijeron que no era cierto.

Como venganza, Gadafi suspendió el Tratado tratando de ahogar el abastecimiento de petróleo a Italia y empujó al mar a cerca de 40.000 refugiados provocando una crisis humanitaria sin precedentes en la isla de Lampedusa. Los testimonios recopilados por Acnur y otras asociaciones humanitarias aseguran que el Ejército libio pagaba y obligaba a los inmigrantes para que se subieran a los barcos.

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