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Los "errores" obligan a Turquía a abandonar la política de Obama y sus aliados en Siria

Hace seis años Ankara condicionó cualquier solución al conflicto sirio a la caída del presidente Bashar al Asad. Ahora, después de haber sufrido en su propia carne las mortíferas consecuencias del terrorismo y el golpismo, el presidente Erdogan busca socios más fiables que EEUU y sus aliados.

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La coyuntura externa e interna obliga a Turquía a modificar su política en Siria. EFE

JERUSALÉN – Las señales de una modificación de las políticas de Turquía respecto a Siria llegan cada vez con más claridad y con más premura debido a los veloces cambios que se están produciendo en la región y fuera de ella y que están obligando a Ankara a replantearse lo que ha hecho desde el inicio del conflicto en el país vecino hace casi seis años.

Esta misma semana, un portavoz de la presidencia del Gobierno ha sido muy claro: “Yo me encuentro entre quienes reconocen que hemos cometido errores en Siria que es preciso corregir”. Y ha añadido respecto al futuro del presidente sirio, Bashar al Asad: “Esta es una decisión que corresponde tomar a los sirios en la mesa de negociaciones”.

Estas declaraciones publicadas por el diario Hürriyet muestran que Turquía se ha divorciado de la política que siguen la administración Obama y sus aliados en Siria. De hecho, otro portavoz de Ankara ha revelado que su Gobierno está en contacto directo con el equipo de Donald Trump para hallar la mejor manera de combatir al Estado Islámico “sin necesidad de depender de los kurdos”.

Las relaciones entre el presidente Recep Tayyip Erdogan y Barack Obama se han deteriorado progresivamente hasta llegar al punto más bajo el pasado mes de julio, cuando un grupo de militares casi consiguen derrocar a Erdogan en un golpe de estado que seis meses después continúa sin aclararse.

Ankara ha iniciado un diálogo constructivo con Moscú y Teherán para afrontar el problema

Altos funcionarios turcos han acusado a Estados Unidos de estar detrás de ese golpe, e incluso se ha señalado que la enorme base aérea de Incirlik participó en la intentona. Se da la circunstancia de que en esa base, en el sur del país, hay un fuerte contingente de tropas, aviones y bombas nucleares americanas, y también una presencia de otros aliados teóricos de Turquía como Alemania.

Un portavoz de Ankara ha advertido que “Turquía tiene derecho a cerrar Incirlik en el momento que lo considere oportuno”, lo que sin duda constituye otro aviso a la administración americana para que cambie de política si desea mantener una base que en resumidas cuentas es un residuo de la guerra fría, y que ahora, debido a la guerra siria, ha cobrado importancia para Estados Unidos.

Las sospechas de que Estados Unidos participó en el golpe se han comentado mucho, y probablemente este es uno de los motivos por los que las relaciones entre Erdogan y Obama se han deteriorado aún más. Otra razón es el firme apoyo que Washington está dando a los insurgentes kurdos en el norte de Siria.

Como consecuencia de ese alejamiento, Turquía ha organizado una conferencia sobre Siria que tendrá lugar en Astana, Kazajstán, este mismo mes de enero. Los turcos van a Astana de la mano de los rusos y los iraníes, pero no está claro que fructifique una conferencia de esta naturaleza, en la que está previsto que participen el Gobierno de Damasco y más de 91 grupos de la oposición y los rebeldes.

Para que tenga éxito es imprescindible que cuente con el apoyo de Estados Unidos, lo que explica que Turquía, Rusia e Irán hayan decidido postergarla hasta después de la entrada de Donald Trump en la Casa Blanca prevista para el 20 de enero. Algunos medios de comunicación turcos adelantan que con Trump se abrirá una nueva página en las relaciones bilaterales.

Turquía, que al principio se apresuró a armar a los rebeldes sirios, incluidos los yihadistas más radicales del Estado Islámico y del Frente al Nusra (Al Qaeda), ha terminado por darse cuenta de que esa era una política equivocada, aunque para ello hayan tenido que ocurrir en su suelo un montón de atentados terroristas, tanto de los yihadistas como de los kurdos, que se han cobrado un elevado número de vidas.

La coalición internacional que pulula alrededor de Estados Unidos, es decir los países europeos, no ha resultado fiable para Turquía. Las relaciones con Europa, que ya venían siendo tensas desde hace tiempo, se han hecho más tirantes a raíz del fallido golpe de julio, lo que está obligando a Ankara a buscar apoyo en otros países, especialmente Rusia.

Pero el acercamiento de Turquía a Irán es precario, en la medida que Ankara está pidiendo que todos los combatientes extranjeros que están operando en Siria salgan del país, lo que incluye a los iraníes y a los de Hizbola, mientras que Teherán dice que quienes deben salir son los combatientes que han entrado sin el permiso de Damasco, lo que incluye a los turcos y excluye a los iraníes y Hizbola.

Los recientes cambios en Ankara pueden resumirse en que ya no exige la cabeza de Bashar al Asad como condición previa para buscar una solución a la guerra, y en que ha iniciado un diálogo constructivo con Moscú y Teherán para afrontar el problema. Parece como si Erdogan hubiera sufrido una gran decepción con Occidente, tanto en las relaciones bilaterales como en el conflicto sirio, que le han impulsado a buscar nuevos aliados.