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Cuba y EEUU concluyen sin grandes avances su primer encuentro para normalizar su relación

La reunión en La Habana de las diplomáticas Roberta Jakobson (EEUU) y Josefina Vidal (Cuba) evidencia el nuevo tiempo de diálogo pero pone de manifiesto que aún quedan obstáculos por superar tras medio siglo de distanciamiento.

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Momento de la reunión en La Habana entre Roberta Jakobson y Josefina Vidal.

LA HABANA (CUBA).- Las diplomáticas Roberta Jakobson, de EEUU, y Josefina Vidal, de Cuba, decidieron comenzar los contactos un día antes de lo previsto. Tras medio siglo de confrontación y para romper el hielo, cenaron juntas en la privacidad de una casa particular. Así comenzó esta fase "pública" de unas negociaciones entre Washington y La Habana que se desarrollaron en el más estricto secreto durante dos años.

Los periodistas, decenas de ellos de todas partes del mundo, las vimos al día siguiente, cuando iniciaron el diálogo sobre los temas migratorios en el Palacio de las Convenciones de La Habana. En ese terreno no hubo demasiados cambios, La Habana sigue reclamando el fin de la Ley de Ajuste Cubano y Washington asegura que continuará aplicándola. Un diplomático cubano lo sintetizó afirmando que "estamos de acuerdo en cuáles son nuestros desacuerdos". 

La Ley de Ajuste les otorga residencia a todos los cubanos que llegan a EEUU de forma ilegal. Para La Habana esa legislación promueve una emigración clandestina y peligrosa, basada en redes de tráfico de personas. El pasado año, alrededor de 25.000 cubanos entraron a través de las fronteras de México y Canadá, algunos tras recorrer, en manos de las mafias, una decena de países. Otros lo intentan en lanchas rápidas provenientes de Florida o de Cancún.

Los delegados estadounidenses afirmaron que le ley se mantendría pero no dieron razones sobre porqué conservar una legislación que fue pensada para perseguidos políticos y que en la actualidad beneficia, en un 90% de los casos, a emigrados económicos. Puede que teman la reacción de los cubanoamericanos o el aumento repentino de la migración, un tema que sí mencionaron los funcionarios estadounidenses.

Algunos avances en diversas áreas

Tras el acuerdo de los dos presidentes, el encuentro para restablecer las relaciones diplomáticas fue fundamentalmente técnico. Sin embargo, las dos delegaciones recalcaron que estas se basarían en la Convención de Viena. Un diplomático cubano dijo a Público que la embajada de EEUU no debe intervenir en los asuntos internos de Cuba, como lo ha hecho hasta ahora su Oficina de Intereses. Lograrlo no será fácil, en América Latina se dice que en Washington no se producen golpes de estado porque no hay embajada estadounidense.

Se ratificaron diferentes áreas de cooperación como la seguridad aérea, la coordinación en caso de desastres naturales, la respuesta a derrames de petróleo, la colaboración en el terreno de salud ante epidemias y la definición de los límites marinos en el golfo de México, imprescindible para su explotación. Además exploraron las posibilidades de trabajar en conjunto en la lucha contra el narcotráfico, dado que la isla se encuentra entre los principales productores de drogas y el mayor consumidor. Una cooperación que Cuba viene ofreciendo desde hace más de una década pero a la que Washington se había negado hasta ahora.

Los derechos humanos, principal desencuentro

El tema de los derechos humanos fue el que generó más polémica. La delegación de EEUU afirmó en un comunicado que “presionamos” al gobierno cubano para que mejorara la libertad de expresión y de reunión. Sin embargo, Josefina Vidal aseguró que nunca se usó esa palabra y que cada delegación planteó sus preocupaciones sobre los derechos humanos y la democracia en el otro país. Un funcionario cubano dijo a Público que hablaron de los derechos humanos en Cuba pero también sobre la violencia policial en EEUU, la represión de las manifestaciones y el asesinato de afroamericanos por parte de la Policía. En todo caso se formará una comisión bilateral para estudiar a más largo plazo ese tema.

Estrategia política

Lo que ocurre en las relaciones bilaterales entre Cuba y los EEUU no es el fin de la guerra sino un alto al fuego y la intención de ambas partes de continuar el enfrentamiento por medios políticos. Barack Obama reconoció que el cambio de estrategia pretende influir sobre la situación interna de Cuba. "Si nos acercamos, tenemos la oportunidad de influir en el curso de los acontecimientos en un momento en el que va a haber algún cambio generacional", afirmó.

El mensaje parece haber llegado a las autoridades cubanas y en los
pasillos políticos muchos comentan que el nuevo enfrentamiento será más complejo. Rosa Miriam Elizalde, editora de la web cubana Cubadebate, afirmaba que "el 17 de diciembre Washington puso sobre la mesa su nuevo consenso en torno a Cuba. Se ha calzado guantes de seda, pero la sentencia de muerte a la isla la mantiene en pie, lo que obliga a David a ser más astuto que nunca frente a Goliat".

Quedan en el tintero temas pendientes importantes como la eliminación del embargo, que ya tiene más de medio siglo y un costo de decenas de miles de millones de dólares y el pago de las propiedades confiscadas a ciudadanos y empresas de los EEUU. Cuba sigue sin poder exportar a ese país ni usar el dólar en transferencias con terceros y aun forma parte de la lista de países que apoyan al terrorismo, con todas las persecuciones financieras que eso implica. El camino de la “normalización” de las relaciones bilaterales va a ser muy largo y solo se han dado los primeros pasos.

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