Desmontando prejuicios sobre las mujeres en Irán: qué derechos tienen, cuáles no y cuáles reivindican
"Las mujeres en Irán y en todo Oriente Medio no son víctimas pasivas, sino que se organizan y dicen alto y claro qué necesitan", dice Leila Nachawati, que añade que "es hipócrita que en vez de escucharlas, pretendan liberarlas a golpe de bombardeo".
Las autoridades iraníes asesinaron a 500 manifestantes en 2022 y 2023 por protestar contra la obligación de llevar el velo. El sistema de discriminación es general: el marido puede prohibir trabajar a su esposa y las mujeres iraníes reciben la mitad de herencia que sus hermanos.

Madrid--Actualizado a
El 13 de septiembre de 2022, Mahsa Amini fue detenida y posteriormente golpeada mientras estaba bajo custodia de la policía de la moral de Irán. Murió tres días después. La joven kurdairaní había sido arrestada por llevar mal colocado el hiyab, el pañuelo que cubre la cabeza de algunas mujeres musulmanas, obligatorio en Irán. Con la llegada de los ayatolás al poder en 1979, Irán estableció dos sistemas jurídicos: el civil y el islámico. El primero no debe entrar en contradicción con el religioso.
El asesinato de Amini dio lugar a una oleada de protestas en la que miles de mujeres iraníes salieron a las calles con la cabeza descubierta bajo el eslogan "Mujer, vida y libertad". Tras una dura represión, el régimen aumentó la vigilancia sobre el cumplimiento del código de vestimenta. Pero en la práctica el movimiento logró que el régimen flexibilizara el uso del velo en ciertos contextos, especialmente en los urbanos. El desafío "sostenido" al uso obligatorio del velo por parte de las mujeres iraníes "ha erosionado de facto la aplicación de esta normal en determinados momentos y lugares", dice Amnistía Internacional. En palabras de Rosa Meneses, subdirectora del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC), en ciertos contextos a las fuerzas represivas del Estado no les quedó más opción que "hacer la vista gorda".
Esta compleja realidad era la que ignoraba Risto Mejide, presentador del programa Todo es mentira, cuando en la emisión del 9 de marzo afirmó que, "por supuesto", las mujeres iraníes no podían acudir a la universidad sin velo. El presentador de Cuatro hizo esta declaración durante una entrevista a Javier Hernández, profesor de Español y Literatura comparada en una universidad iraní.
"Lo del velo hace mucho tiempo que dejó ya de ser obligatorio", matizó Hernández, quien además aseguró que algunas de sus alumnas no lo llevan y remitió a los espectadores a ver las fotos que tenía de sus clases en redes. El equipo de periodistas del programa no pudo localizar ninguna de estas imágenes, por lo que Mejide decidió cortar la entrevista. "Si mientes no mereces más voz", zanjó. Posteriormente, circularon por redes imágenes que confirmaban la versión del profesor. La vuelta de la guerra a Irán a puesto sobre la mesa, de nuevo, el profundo desconocimiento que existe en Occidente sobre las condiciones reales de vida de las mujeres que habitan Irán.
La situación de las mujeres no es la misma en todo Oriente Medio, al igual que no lo es para las cristianas españolas y para las rusas
El uso del velo en Irán
Los ayatolás llegaron al poder en 1979, pero no fue hasta 1983 cuando se incluyó en el Código Penal el castigo por no cumplir con las normas de vestimenta islámicas, entre las que se encuentra la obligatoriedad de usar velo en público. Desde entonces, la ley no ha cambiado: el uso del hiyab en el espacio público sigue siendo obligatorio. Sin embargo, sí lo ha hecho la manera en la que el régimen aplica esta norma, fluctuando de épocas más estrictas a otras más flexibles.
Esto depende de la magnitud de la oposición social que encuentre y del perfil de quien gobierne en cada momento. A principios de siglo, Irán estaba gobernado por Mohammad Jatamí, uno de los presidentes más moderados de la historia de la república islámica, siempre dentro de los estándares de la teocracia. Bajo su mandato, la aplicación del código de vestimenta en mujeres fue relativamente flexible. La llegada al poder del ultraconservador Mahmud Ahmadineyad en 2005 invirtió esta tendencia. Desde entonces se han sucedido tres presidentes electos en el poder, cada uno con una visión diferente sobre cómo debía aplicarse esta norma islámica.
Fue durante el Gobierno del ultraconservador Ebrahim Raisi cuando las autoridades iraníes acabaron con la vida de Mahsa Amini, prendiendo la mecha del movimiento Mujer, vida y libertad. "El velo se convirtió en un símbolo de la identidad de la república" y el desafío a su uso fue entendido "como un tema de supervivencia", explica Rosa Meneses.
En consonancia con esta visión, la represión de las movilizaciones fue brutal. Según HRANA (asociación por los derechos humanos en Irán), las autoridades iraníes asesinaron a unas 500 manifestantes entre 2022 y 2023. Con ellas también quedaron sepultadas las aspiraciones de los sectores más reformistas de Irán, que llevaban años presionando para que el uso del velo fuera algo opcional. Finalmente, explica Meneses, "ganó la línea dura".
Sin embargo, como explica Ángel Gonzalo, portavoz de Amnistía Internacional en España, el desafío abierto y cotidiano de mujeres y niñas a esta norma ha obligado a las autoridades a "reducir la represión directa en las calles". De todo ello dan cuenta varios artículos de periodistas españolas que visitaron Irán en 2023. En paralelo, el régimen "ha introducido nuevas sanciones, transformando los mecanismos de control" para obligar a las mujeres a cumplir el código de vestimenta. El inicio de la guerra tras los ataques de EEUU e Israel a Irán el pasado 28 de febrero no ha hecho sino ahondar en esta represión interna.
Independencia económica y patria potestad
Las mujeres iraníes pueden abrir cuentas bancarias, comprar y vender bienes y disponer de su propio dinero. Sin embargo, su independencia económica no es real y efectiva debido a que "la igualdad no está estipulada por ley", explica Meneses. Sin una norma que fije que hombres y mujeres son iguales, la discriminación por razones de género se practica impunemente. "Si desean alquilar un apartamento y el propietario es un conservador, no se lo alquila", ejemplifica Meneses. Al no existir la igualdad ante la ley "no pueden acudir a ningún juzgado a reclamar".
A esta discriminación se le suma la dependencia de hombre o cabeza de familia para la mayoría de los asuntos de las mujeres. En otras palabras, la tutela de las iraníes depende del padre, hermano o varón al cargo de la familia. Una vez contraen matrimonio, pasa a ser del marido, quien debe autorizar muchas de las decisiones de su esposa, como trabajar. Esta norma, recogida en el Código Civil iraní, es similar a la que estuvo vigente en España durante la dictadura de Francisco Franco y que fue abolida en 1981.
De hecho, el caso español era todavía más extremo en algunos puntos, ya que impedía a las mujeres abrir una cuenta bancaria sin el permiso del marido. En Irán, al igual que ocurría en la España de la dictadura, la decisión de trabajar de la mujer está condicionada a la voluntad de otros.
Como en cualquier otra parte del mundo, las mujeres cobran menos por su trabajo que los hombres. Los datos de 2021 del Foro Económico Mundial mostraban que las iraníes ganaban apenas el 18% de lo que cobraban ellos. Asimismo, reciben la mitad de la herencia que sus hermanos cuando el progenitor muere y perciben indemnizaciones menores en caso de accidente, además de otras discriminaciones. Todo esto lastra la capacidad de independencia de las mujeres iraníes, que además cuentan con menores recursos económicos.
Los peros del divorcio iraní
La interpretación chií de la sharia o ley islámica permite el divorcio a las mujeres iraníes en determinadas circunstancias: cuando sufren alguna dificultad extrema -como maltrato continuado o viven en condiciones indignas-, si el esposo abandona a la mujer, si no puede mantenerla o si sufre algún tipo de incapacidad. El problema para las que pueden alegar algunas de estas situaciones es que deben demostrarlas frente a un juez, quienes, a menudo "no toman en consideración su testimonio", señala Meneses.
Una vía más sencilla para acceder al divorcio es renunciar a la dote o compensar económicamente al esposo. Sin embargo, esto hace imposible la separación para las más empobrecidas y carga en las espaldas de la mujer las consecuencias negativas del divorcio. Algunos testimonios recogidos por la prensa extranjera explican que, cuando pese a todo, logran romper el matrimonio, se exponen a ser discriminadas por su condición de divorciadas.
Por contraposición, ellos pueden divorciarse cuando lo deseen y sin necesidad de que su decisión sea aprobada por un juez. La cara más siniestra del matrimonio en Irán es la legalización del matrimonio infantil con la llegada de los ayatolás. Ellas pueden casarse a partir de los 13 años, mientras que ellos a partir de los 15.
La elevada formación de las mujeres iraníes
Irán es uno de los países de Oriente Medio en el que las mujeres tienen un acceso más generalizado a la educación superior. En 2023, la tasa de alfabetización de las iraníes era del 85%. La educación para las mujeres en el país persa se aprobó en los primeros años del siglo XX. Desde entonces, la lucha por este derecho ha sido incansable. Cuando en 1936 abrió sus puertas la Universidad de Teherán, lo hizo admitiendo a hombres y mujeres por igual.
Con la llegada de la teocracia, muchos de los derechos de los que gozaban estas mujeres -libertad para casarse y divorciarse, libertad de movimiento e independencia económica- fueron suprimidos. Sin embargo, aquellas conquistas y aspiraciones, asegura Nazanín Armanian, están grabadas en la memoria colectiva de las iraníes. Por varios factores, la educación fue uno de los pocos ámbitos que resistieron al envite conservador de los ayatolás. Esto se debió, en parte, al poso intelectual del islam chií.
Durante los años de régimen teocrático, cada vez más mujeres iraníes han accedido a la universidad, como muestran los datos de matriculaciones del Banco Mundial. Si en 1999 las mujeres suponían el 17% de las matriculas universitarias, esta cifra era del 59% en 2024, último año del que hay datos disponibles. Esto no quiere decir que el acceso a la educación superior de las mujeres iraníes no se haya visto amenazado.
En 2012, bajo la presidencia del ultraconservador Ahmadineyad, el Gobierno iraní vetó a las mujeres en 77 carreras, la mayoría de ellas en ciencias, como varias ingenierías y las relacionadas con la industria petrolera y otros recursos naturales. Además, se les prohibió estudiar Arqueología o Literatura inglesa. Si bien esta norma no se aplicó de forma homogénea en todo el país, no ha sido abolida por los sucesivos gobiernos moderados. Sin embargo, su aplicación es prácticamente nula.
Abogada sí, jueza no
A diferencia de lo que ocurre con la educación, el acceso de las iraníes al mercado laboral es harina de otro costal. Especialmente en dos sectores: la judicatura y la industria pesada. Con la llegada de la teocracia al país las mujeres quedaron vetadas de determinados trabajos. A algunas, como le ocurrió a Shirin Ebadi -una de las primeras juezas de Irán- se les impidió continuar desarrollando su profesión, aunque podían continuar ejerciendo la abogacía. En los noventa, la lucha de las mujeres iraníes arrancó ciertas concesiones al Gobierno del moderado Mohammad Jatami al permitir que trabajaran como asesoras de jueces en tribunales de familia.
El gobierno aprobó leyes dirigidas a recluir a la mujer en su papel de esposa y madre, cerrando guarderías públicas y dando la potestad al padre y al marido sobre si una mujer debía trabajar o no. Durante el periodo del ultraconservador Ahmadineyad, la discriminación laboral de la mujer se profundizó, al vetarse oficialmente su presencia en empleos considerados "duros" o "peligrosos" para su salud. Estos eran, principalmente, los relacionados con la industria minera o la industria pesada.
A las restricciones para acceder al trabajo se le suma la discriminación efectiva que sufren cuando se postulan a determinados empleos. Por último, cabe recordar que el cabeza de familia es quien tiene la última palabra en el caso de que una mujer desee acceder a un empleo. Finalmente, en 2024 solo el 14% de los trabajadores legales en Irán son mujeres. Todo ello forma parte de una estructura social eminentemente patriarcal que busca atar a la mujer al hogar.
Rosa Meneses explica a Público que le constan excepciones en los que los familiares de la mujer le dan libertad para hacer lo que prefiera. Sin embargo, tienen que pasar por el trámite de solicitar dicho permiso. La teocracia islámica cercena con especial crueldad las libertades y derechos de las mujeres, pero también el de otros sectores vulnerables y de la población en general. Es por ello que durante los ciclos de protestas, ciertos sectores sociales masculinos y femeninos se apoyan mutuamente.
Homogeneizar e invisibilizar
Cuando un país Occidental ataca militar o diplomáticamente a un país de Oriente Medio, a menudo envuelven dicha agresión argumentos como la necesidad de liberar a las mujeres del yugo islámico. Sin embargo, tal y como señala Leila Nachawati, profesora de la Universidad Carlos III, "las mujeres en Irán y en todo Oriente Medio no son víctimas pasivas, sino que se organizan y dicen alto y claro qué necesitan". Para la comunicadora siria "es hipócrita que en vez de escucharlas, [EEUU e Israel] pretendan liberarlas a golpe de bombardeo". Esta visión, coincide Nazanín Armenian, "ha sido impulsada por colonialistas e imperialistas" para justificar "las intervenciones en la región con la mayor reserva de petróleo y gas del mundo"
Para las expertas consultadas, el problema se amplifica por la homogeneización de la situación de las mujeres en todo Oriente Medio, desde Turquía hasta Afganistán. "Desde Occidente se ha creado un mundo musulmán que está ubicado en Oriente Medio, donde todos se parecen y son fanáticos", explica Nazanín Armenian, politóloga y colaboradora de Público. La también traductora iraní propone trasladar este "absurdo" a Europa: "La situación de las mujeres en España no es igual que en Rusia, pese a que todas rindan culto a Jesucristo".
Pensarlas como una masa homogénea que precisa ser liberada invisibiliza la complejidad de sus luchas, sus logros y por último, ignora sus reivindicaciones actuales. También Nazanín Armenian hace hincapié en esta idea, y para ejemplificarlo recuerda la figura de la socialista y feminista iraní Maryam Firuz, sobre la que, denuncia Nazanín, existe un profundo desconocimiento en Occidente.


Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.