Público
Público

Día Internacional de las Víctimas por Desapariciones Forzadas "No buscamos huesos, buscamos tesoros": la lucha de las madres sinaloenses para visibilizar las desapariciones forzadas en México

En el Día Internacional de las Víctimas por Desapariciones Forzadas, hablamos con Las rastreadoras del fuerte y Zahara Gómez Lucini sobre ‘Recetario para la memoria’, un proyecto que busca mantener vivo el recuerdo de los hijos desaparecidos en México a través de la cocina del hogar.

Tras un día de rastreo y búsqueda Las rastreadoras del fuerte encuentran un tesoro: los restos de un desaparecido. Octubre 2018, Los Mochis, Sinaloa (México).
Tras un día de rastreo y búsqueda Las rastreadoras del fuerte encuentran un tesoro: los restos de un desaparecido. Octubre 2018, Los Mochis, Sinaloa (México).

"Te buscaré hasta encontrarte", esa es la promesa que Mirna le hizo a su hijo Roberto el 14 de julio de 2014. Un día que cambió su vida para siempre, y en el que como ella misma dice, dejó de vivir y comenzó solo a medio vivir para buscarle.

Mirna Nereida Medina Quiñonez (Los Mochis, Sinaloa, México) representa a esa mujer mexicana fuerte, valiente. Mujeres que cada día se levantan y luchan, que salen adelante con poco (o mucho, depende de por dónde se mire). Mujeres que ya no tienen miedo, aunque alguna vez lo tuvieron, porque no pueden quitarles mucho más. Mujeres que son el pilar de la familia mexicana, muchas veces monoparental, y de su cocina. Mujeres "entronas", como dicen aquí en México para definir a aquellas que se atreven con todo.

La señora Mirna es la líder de Las rastreadoras del fuerte, un grupo de madres que buscan hacer justicia, por los que se fueron o más bien se los arrebataron, y por los que esperan llenos de esperanza. Un grupo de entre 100 y 120 mujeres que trata de visibilizar la desaparición forzada que se vive en México desde uno de los lugares más azotados: Los Mochis, en la zona norte de Sinaloa, una de las principales plazas del narcotráfico en México y América.

Según los últimos datos ofrecidos desde Gobierno de México, concretamente desde la Comisión Nacional de Búsquedas* (adscrita a la Secretaría de Gobernación) y por el subsecretario de Derechos Humanos, Alejandro Encinas –con corte del pasado 13 de julio– la cifra total de desaparecidos en el país asciende a 73.201. Según este registro, desde 1964 se ha reportado la desaparición de 177.844 personas, de las cuales el 58.84% (104.643) fueron encontradas; además, desde 2006 cuando se inició la llamada "guerra contra el narcotráfico", a día de hoy las fosas clandestinas encontradas ascienden a un total de 3.978, con 6.625 exhumados.

María del Refugio Ruiz Félix, una de las madres rastreadoras, cocina para el recetario. Jorge Alberto Ramos Ruíz fue desaparecido el 24 de octubre de 2013, tenía 36 años y era jornalero. Su hermana, Yesenia Liseth Torres Ramos, lo buscó y localizó el 26 de junio de 2016.

Desde Los Mochis, donde las rastreadoras operan, tienen un lema claro: "No buscamos huesos, buscamos tesoros". Una frase que te recorre como el hielo cada vez que escuchas a cada una de estas madres coraje pronunciarla. Cada miércoles y domingo salen a buscar, mientras que los lunes y viernes exploran. Y así cada semana, cada mes, cada año. Después de estos años de lucha, han dejado de llamarlas "las locas de las palas" para ganarse el respeto de muchos. Su nombre se lo deben al periodista Javier Valdez, autor del libro Los huérfanos del narco, quien conoció su historia y las denominó como Las rastreadoras en una de sus primeras charlas con la señora Mirna. A Javier lo mataron en Culiacán (Sinaloa) un 15 de mayo de 2017, pero para las rastreadoras el recuerdo de lo que las decía, siempre está presente: "Son unas cabronas. Unas viejas muy chingonas y tienen que lograr que los desaparecidos emerjan de la tierra, de donde estén". 

Hasta la fecha han encontrado más de 200 cuerpos y han logrado entregar más de 150 a las familias. A Roberto Corrales (el hijo de Mirna) lo encontraron justo tres años después de su desaparición, el 17 de julio de 2017, y no fue hasta el 25 de agosto del mismo año que entregaron sus restos. Fue el cuerpo número 93 desde que las rastreadoras comenzaron su búsqueda incansable hace 6 años a las orillas del río, los canales, las vías del tren, los montes, los cerros… Lo encontró su madre acompañada de todas esas otras madres que hacen piña y que hoy se han convertido en una gran familia de familias unidas por un dolor común. Así cumplió su promesa después de tres angustiosos años de pensar e imaginar qué había pasado con él.

Roberto tenía 21 años cuando se lo llevaron, era un buen chico, que no bebía ni se drogaba, era un chico que solo soñaba con estudiar y por ello trabajaba para pagarse sus estudios desde los 10 años. Doña Mirna comenzó a buscarlo incansablemente, y en ese camino se fue encontrando a muchas otras madres, cientos, que como ellas buscaban a sus tesoros. Así, el 12 de septiembre de 2014 todas esas madres se unieron en una mega manifestación para visibilizar uno de los temas olvidados: comenzaba así un largo proceso para pedir a un gobierno ausente que se creara una ley sobre la desaparición de personas o una Comisión nacional de búsqueda, algo que hoy se ha conseguido.

Mirna Medina Quiñonez: "Cuando cumplen años de nacidos o de desaparecidos, no nos ponemos a llorar, salimos a buscarlos con mayor dignidad para encontrarlos"

La historia de Roberto es la de muchos de los desaparecidos que un día salieron de casa y nunca regresaron, y que en muchos casos no tuvieron nada que ver con los cárteles. “Cuando una madre llama a nuestra puerta, no importa si su hijo estaba en malos pasos o no, aquí no juzgamos: aquí los desaparecidos dejan de ser desaparecidos para ser tesoros iguales”, afirma Mirna.

Han encontrado muchos de esos tesoros, pero hay muchos otros sobre los esas madres mantienen la esperanza de que regresen a casa. Es el caso de Miguel Ángel Sánchez Pérez (desparecido el 23 de febrero de 2018), hijo de la señora Soledad Pérez León, o doña Chole como la llama Mirna, quien también se suma desde Los Mochis a la conversación. Miguel Ángel tenía 34 años cuando una mañana salió de casa y no regresó. Encontraron su coche vacío en las calles sinaloenses, y solo han sabido que varios hombres lo bajaron de él a punta de pistola y se lo llevaron en una camioneta. Pero la señora Soledad sigue manteniendo viva la esperanza de que un día Miguel Ángel vuelva a llamar a su puerta, por eso sigue cocinando para él.

Ahora el recuerdo de todos ellos, y del trabajo que cada semana hacen sus madres, ha trascendido en Recetario para la memoria, un proyecto gastronómico, fotográfico y social en el que se recogen los platos que esas madres siguen cocinando a sus hijos desaparecidos. Una de las mejores maneras que tienen para seguir honrando su memoria, para que sigan vivos en su día a día y en sus mesas. Una manera de demostrar el amor a través de su sazón y su comida.

Nelly Antonia cocina las tortillas de harina con queso para Brian Javier, su hijo, fue desaparecido el 23 de agosto de 2014 y tenía 15 años, hasta día de hoy no lo ha encontrado.

Al frente de él está Zahara Gómez Lucini, una fotógrafa española-argentina que ha compartido con Mirna y las rastreadoras muchos momentos, muchos días, muchos desayunos, comidas y cenas, y muchas batidas para encontrar tesoros. Zahara es experta en capturar con su lente la historia de las desapariciones forzadas en Latinoamérica, y en los últimos años ha trabajado con equipos forenses en Argentina, Chile, Guatemala y por último en México.

Zahara Gómez Lucini: "Detrás de cada platillo, de cada receta, de cada foto está el amor, la memoria y el derecho al saber la verdad"

"Cuando conocí a las doñas entablamos muy buena relación. Estuve yendo 4 años a hacer seguimiento, registro y un día pensé que quería hacer algo más, algo comunitario y así surgió este libro de recetas, para que cada vez que alguien cocine en su casa las recetas que compartimos, esté cocinando para cada uno de los que se llevaron. Nunca llegué a imaginar el poder que puede tener la comida para volver a hacer presente a alguien, y eso lo vivimos en cada receta".

Uno de los objetivos de este proyecto es precisamente ese, no revictimizar a las víctimas si no humanizarlas, mostrar que cada uno de esos desaparecidos tenía y tiene una familia detrás que cada día los mantiene vivos. La cocina en México traspasa las fronteras de lo gastronómico. Es cultura. Es herencia. Es conocimiento. Es historia. Y en las cocinas de estas casas hoy, y gracias a este proyecto, es recuerdo, es sanar heridas, es familia y es comunidad.

Una de las recetas del libro 'Recetario para la memoria'.

Hasta el momento este libro auto editado y auto impreso se compone de la historia de 30 familias, 30 recetas y y 30 tesoros. Cada madre (y un padre) en este libro ha compartido su sazón y ese vínculo que tienen con la comida. Entre esas recetas están las pizzadillas de Roberto, o la machaca que doña Chole le preparaba siempre a Miguel Ángel "completita con su jugo y su fruta", una carne típica del norte México.

¿Cómo fue volver a cocinar para Roberto o para Miguel Ángel?, me atrevo a preguntar a Mirna y a Soledad en medio de nuestra conversación. "Cocinar para alguien que no está, duele", me dice Mirna. "Pero a la vez te reconforta porque estás cocinando para él, lo traes de regreso, vuelves a sentarlo a la mesa y a ocupar ese lugar vacío".

Soledad Pérez León:"Cuando yo estaba cocinando sentía que Miguel Ángel había regresado, por eso volví a preparar con todo mi amor el plato que más le gustaba".

Cuando vives en México confirmas lo que dicen, que México tiene muchos Méxicos en sí mismo, y éste es ése en el que la realidad superar a la ficción, una historia que no sale en las guías de viaje, una realidad que afecta a miles de familias, quizá lejanas, pero también es una historia que forma parte de ese México Mágico que todos vivimos en tierras aztecas.

Decía Juan Rulfo en Pedro Páramo: "Nada puede durar tanto, no existe ningún recuerdo por intenso que sea que no se apague". Recetario para la memoria es el recuerdo eterno para Roberto, Miguel Ángel, Ernesto, Vladimir, Jorge Alberto, Roberto, Marian, Susy, Brian Javier, Johan Manuel, Sergio, Juan, Luis, Eduardo, Rodrigo, Camilo, José Manuel, José Candelario, Juan Octavio, Pablo Dean, Jesús Javier, Edgar José, Adrián, Waldo y Gilberto*, y de unas madres que enfrentaron a todo, también a ellas mismas y su pérdida, y a todos (gobierno incluido) para demostrar que cada uno de esos tesoros que siguen desaparecidos, en las fosas o sin identificar, habitaban un hogar en el que el amor, ayer hoy y mañana, se servía en forma de plato y comida favorita. Recetario para la memoria es el tributo de todos aquellos que no conocimos a los desaparecidos pero que podemos volver a traerlos de regreso a nuestra cocina para que sean parte de nuestras vidas.

**Nota de la autora: El 50% de 'Recetario para la memoria’ va destinado de manera directa a Las rastreadoras del fuerte y puedes conocer más del proyecto y comprar el libro en https://www.recetarioparalamemoria.com/

Más noticias de Internacional