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Diego Armando Maradona Argentina asume la contradicción de amar a Maradona

La muerte del astro futbolístico aumenta la controversia de venerar a una figura polémica.

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Personas observan un mural de Diego Maradona convertido en santuario en el Estadio de Argentinos Juniors. Juan Ignacio Roncoroni / EFE

Diego Armando Maradona ha muerto, y hay quienes sollozan su pérdida sorprendidos de sí mismos, por la persistencia de una tristeza abismal que todavía hoy empaña el transcurso de sus días, y hay quienes miran a los primeros con fastidio, sin comprender la devoción que despierta una persona que al fin y al cabo lo único que hacía era jugar a la pelota.

Diego Armando Maradona ha muerto, y Argentina se ha descubierto a sí misma con el corazón dividido en dos. Hay quienes se sienten todavía vulnerables: no pueden explicarlo pero encontraron con la muerte "del Diego" un pedacito de su propia vida, de su infancia y de su juventud que se retiran sigilosas con él. Es un desamparo que los desconcierta también a ellos. Puede que no lo hubieran conocido nunca, pero recuerdan y redescubren sus anécdotas con avidez, como si hubieran perdido a un ser querido.

Hay quienes observan este drama colectivo y se reafirman en que los valores de esta sociedad están trastocados, que el fanatismo perdona cualquier cosa y que una verdadera conciencia crítica no puede pasar por alto los desmanes de Maradona, ni su faceta machista, ni sus devaneos con las drogas, ni las disfunciones familiares que él mismo provocó con el tardío reconocimiento de sus hijos.

Maradona ha exprimido al máximo las contradicciones que habitan en cada ser humano, con la salvedad de que él las exhibió a la opinión pública a través de los medios de comunicación, encargados en esta historia de diseccionar, analizar, y juzgar cada aspecto de su existencia.

En un país que palpita entre paradojas, que vive en un tobogán emocional sus batacazos y que se entusiasma ante las proezas que le salvan de sí mismo, Maradona viene a encarnar esa argentinidad cosida a base de caídas estrepitosas, hazañas extraordinarias, yerros descomunales, prodigios inesperados, delirios de grandeza y un toque mágico de fábula que desnuda una emoción por la vida solo ahora trastocada ante la muerte.

Dimensiones de Maradona

"La figura de Maradona tiene varios planos para ser comprendida", sugiere a Público la socióloga Verónica Giménez Béliveau, doctora por la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales de Francia. El primero, claro está, es el futbolístico, en una nación en la que este deporte configura parte de la identidad nacional.

"El fútbol es un deporte muy popular, y al igual que otros tópicos en Argentina, como la educación, es un canal de ascenso social, un espacio en el que las clases populares pueden soñar otra cosa, otro mundo, y pueden acercarse a lugares que de otro modo quedan fuera del alcance", aclara quien se desempeña como docente e investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) en el programa Sociedad, cultura y religión.

En el imaginario social, por lo tanto, el fenómeno Maradona representa "la metáfora más perfecta, siendo un chico que sale de una villa miseria y llega a la cima del mundo, llega a ser dios". Al hablar del recorrido paradigmático del exjugador, Giménez Béliveau sostiene que hay "un diálogo y un reflejo con un sueño muy caro a las clases populares". En ese sentido, "Maradona fue una persona que no se separó de sus orígenes, que tuvo un pensamiento y una respuesta rápida, y que cuando ya tenía dinero, se unió a la opción política que quería un progreso fácil, que fue el menemismo (1989-1999)".

Maradona se identificaría después con los espacios de izquierda y de unidad latinoamericana que se asomaron en esta región al albor del nuevo siglo. "En el plano político, Maradona siguió las opciones de esa voluntad popular girada hacia el lado progresista, que en Argentina absorbió el peronismo", prosigue la socióloga.

Pero si hay un plano que engarza con la figura del campeón mundial de 1986 es el de la metáfora de las grietas, hoy tan presente en la sociedad argentina. Ya en vida, el exjugador generó una división entre las personas que lo seguían y lo repudiaban. "Maradona saltó todas las grietas y creó otras nuevas", constata Giménez Béliveau.

Feminismo puesto en cuestión

Si hay una corriente que ha sido interpelada con la muerte de Maradona ha sido el feminismo, un movimiento muy dinámico y de gran envergadura en el país. Los episodios de violencia contra las mujeres y las paternidades tardíamente asumidas que resintieron su imagen integran la metáfora perfecta de la caídas y las redenciones que tuvo el astro argentino.

Muchas feministas reconocen en estas horas las contradicciones que entrañan su amor a Maradona. "No se niega los aspectos más oscuros de su vida pero a su vez se lo ama por otras cosas", resume la socióloga.

Dentro del feminismo se destaca la figura interseccional de Maradona en un enfoque que valora las distintas identidades coexistentes en el exjugador, como su clase. "Era una persona que defendió sus orígenes de abajo, y que discutía a los poderosos en su propio espacio, también en el fútbol, con las consecuencias que eso le acarreó. Ese coraje es una de las cosas que se reivindican", contextualiza.

Giménez Béliveau se define como una feminista de 50 años. Su generación se ha criado en el patriarcado, y es inevitable que ese machismo todavía hoy sea reproducido y combatido al mismo tiempo. "Mis hijas, de 13, 15 y 19, no entienden mi dolor por la muerte de Maradona. Me miran con lástima y me dicen que era un machista y violento que negó a sus hijos", admite.

Esto revela que las nuevas generaciones, por un lado, no vivieron aquello que emociona a sus padres, en quienes perdura una mirada más piadosa y benevolente. "Por otro lado, los más jóvenes ya no perdonan ciertas cuestiones a una figura pública. Esta disputa habla mucho de cómo la sociedad argentina se ha transformado", reconoce.

El valor de la memoria

Por estos días son varios los que recuerdan que pronunciar la palabra "Argentina" en los lugares más recónditos del mundo era un sinónimo de Maradona.

En su propio país, el concepto asociado a su nombre trasciende el universo futbolístico. El exjugador personificó una epopeya para su nación que reviste parte de la identidad argentina y que revela un sentimiento de gratitud y deuda eterna para con él, imposible de rebatir con planteos concienzudos racionales.
No hay homenaje al "Diez" que no evoque los cuartos de la Copa del Mundo de 1986, cuando una Argentina humillada cuatro años antes en la Guerra de Malvinas se enfrentó a los ingleses, aquellos que presumían de haber inventado el fútbol.

El nuevo campo de batalla era el terreno de juego. Primero fue el tanto birlado, afanado, una justicia poética ante esa otra usurpación lacerante que sienten los argentinos por el archipiélago ocupado. Por algo intervino "la mano de Dios".

"Maradona es una figura que cataliza determinada memoria, no solo por la gloria en el fútbol sino por el momento en que esa gloria llegó a su cenit", razona Giménez Béliveau al recordar la histórica jugada. "Ese gol a los ingleses es pensado como una revancha por la Guerra de Malvinas. Aparece el sentido de nacionalidad en un momento paradigmático a través del fútbol y a través de la venganza en el juego por la apropiación de un pedazo de territorio considerada injusta y criminal".

Pero después vendría el gol del siglo, porque a la épica hay que brindarle un prodigio para no dejar todo en manos de la picaresca. Llegó en el minuto 55. Desde el campo argentino, Maradona sorteó con doce toques al balón a cinco jugadores británicos y consagró para la eternidad esa zurda virtuosa que dejó la pelota clavada en la red.

Maradona se convirtió así en un mito viviente. "Los ídolos populares de su talla, que no hay tantos, se construyen de a dos en un diálogo con algo que hay en la sociedad. No es solo lo que el ídolo trae, sino lo que representa y cómo se pone en juego esa identificación", concluye la socióloga.

En ese proceso constante en el que Argentina se piensa a sí misma, sus habitantes se ven reflejados en ese espejo maradoniano, justamente por ser imperfecto. Por eso el legado que deja Maradona trascenderá su persona, lo que ha convertido a este dios mundano en una leyenda.

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