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Draghi: ¿también presidente de Italia?

Goza de un gran prestigio político en Italia y en Europa. Su influencia es enorme y ya la está ejerciendo, desde hace algunos meses, como primer ministro. Sería un candidato natural a jefe del Estado de su país en febrero de 2022: le sobran requisitos. Pero, si lograra ser el nuevo presidente de la República Italiana, hay quienes sospechan que podría acumular demasiado poder. Aunque también neutralizaría el auge de los soberanistas.

El presidente español, Pedro Sánchez (i) conversa con el primer ministro italiano, Mario Draghi (d) durante la segunda jornada del Consejo Europeo extraordinario que se celebra de forma presencial en Bruselas. EFE/Pool Consejo Europeo / Zucchi Enzo
El presidente español, Pedro Sánchez (i) conversa con el primer ministro italiano, Mario Draghi (d) durante la segunda jornada del Consejo Europeo extraordinario que se celebra de forma presencial en Bruselas. Zucchi Enzo/Pool Consejo Europeo / EFE

Desde 1946, en Italia ha habido hasta ahora un total de 30 primeros ministros y 67 equipos de Gobierno: la volatilidad es uno de los rasgos más característicos de la política transalpina. Con este panorama, si hay una institución en el país que es sinónimo de imparcialidad es la presidencia de la República.

El Palacio del Quirinal acoge desde hace 75 años al jefe del estado italiano, la figura política más importante del país. Para dar una idea, en la historia de la nación ha habido en total sólo doce presidentes de la República, algo que se puede explicar en la duración de su mandato, siete años: el jefe del Estado es independiente a los partidos, a los Ejecutivos y a las legislaturas, que en Italia duran cinco años.

Con la vista puesta en febrero de 2022, momento en el que tendrá que ser nombrado un nuevo jefe del Estado, en Italia se baraja cada vez más la idea de que Mario Draghi, actual primer ministro del país, pueda convertirse en el próximo presidente de la República. El actual inquilino del Palacio del Quirinal, Sergio Mattarella, hace un par de semanas confirmó su decisión de no renovar su mandato, ante el deseo de "descansar" del cargo a sus 79 años.

Los últimos presidentes de la República, por ejemplo, se han caracterizado por ser septuagenarios u octogenarios

La cuestión del nombramiento del presidente de la República italiana es siempre un tema delicado y trascendente en el país, entre otras cosas porque es la figura política que tiene el poder de nombrar a los primeros ministros, a veces con cierto margen de autonomía, como en el caso de los Gobiernos técnicos. Basta con pensar que para la elección del jefe del Estado se precisa de una mayoría amplia en el Parlamento; requisito necesario, en la práctica, para ejercer su cargo sin controversias. En este orden de cosas, la edad también es algo determinante, dado que los últimos presidentes de la República, por ejemplo, se han caracterizado por ser septuagenarios u octogenarios. No es difícil, en este contexto, que los candidatos a jefe del Estado hayan sido previamente jefes del Gobierno, ministros o hayan desarrollado un importante cargo dentro de las principales instituciones del país.

Teniendo en cuenta el currículo habitual de los presidentes, lo cierto es que Mario Draghi, de 73 años, cumple ampliamente con los requisitos para postularse como tal: economista, profesor universitario, expresidente del Banco de Italia (2006-2011), expresidente del Banco Central Europeo (BCE, 2011-2019) y, desde el pasado febrero, jefe del Gobierno. Pero más allá de los requisitos, actualmente Mario Draghi, incluso antes de ser nombrado primer ministro por Sergio Mattarella, era considerado el político italiano más prestigioso.

Draghi es el político preferido por los italianos como próximo jefe del Estado

Ciertamente un elemento a favor para Draghi es que es un personaje político muy apreciado dentro de la clase política del país: desde la izquierda hasta la derecha, desde los europeístas hasta los soberanistas. Este clima de amplio consenso a favor de la figura de Mario Draghi como primer ministro que dio luz ver a la creación de un Ejecutivo de amplia mayoría el pasado mes de febrero, podría allanarle el camino hacia la Presidencia. En un reciente sondeo publicado por el diario progresista La Repubblica, Mario Draghi es el político preferido por los italianos como próximo jefe del Estado.

No obstante, hay que tener en cuenta también otros factores. El líder de la soberanista Liga, Matteo Salvini, apoyaría el nombramiento de Draghi para ser el nuevo inquilino del Palacio del Quirinal. Esto podría acelerar unas nuevas elecciones generales y llevar al jefe de los soberanistas transalpinos, todavía líder en las encuestas, al frente del Gobierno italiano. Pero podría tener una contrapartida: según medios conservadores como Il Giornale, propiedad de Silvio Berlusconi -quien igualmente es un gran defensor de la figura de Draghi-, el actual primer ministro es una persona con demasiado poder: "Hay partes del establishment italiano que no vería de buen agrado una excesiva concentración de poder en las manos de Mario Draghi", en un contexto en el que el presidente de la República tiene la facultad de nombrar los primeros ministros, disolver las Cámaras y convocar nuevas elecciones.

"Que Mario Draghi sea el próximo inquilino del Palacio del Quirinal es la opción más probable, dado que sería un candidato natural", explica Giovanni Piccirilli, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad LUISS de Roma. Entrevistado por Público, asegura que esta opción "no surge ahora, sino que lleva gestándose desde hace mucho tiempo, precisamente desde el momento en el que Draghi, el pasado mes de febrero, fue nombrado jefe del Gobierno transalpino".

Aunque hay un problema técnico: "Nunca ha habido precedentes en la historia republicana italiana", explica Piccirilli, "donde un jefe del Gobierno, estando todavía en el cargo, haya sido nombrado presidente de la República". En el pasado "ha habido presidentes de la República que, con mucha anterioridad, habían sido primeros ministros", como en el caso de Francesco Cossiga, quien fue jefe del Ejecutivo entre 1979 y 1980 y, más tarde, presidente de la República entre 1985 y 1992. "Incluso ha habido jefes del Estado, como Oscar Luigi Scalfaro en 1992, que fueron elegidos mientras eran presidentes de la Cámara de los Diputados". 

Los posibles escenarios

Para Piccirilli, profesor de Derecho Constitucional, se vislumbran tres opciones. El primer escenario, concibe que "Draghi dimita como primer ministro y que se forme un nuevo Gobierno con la misma mayoría actual, que luego elegirá a Draghi como nuevo presidente de la República en febrero de 2022", momento en el que finalizará el mandato del actual jefe del Estado, Sergio Mattarella. Esta opción, "precisaría de un gran acuerdo por parte de los partidos", que hoy lo sostienen, "y una gran confianza por parte de Mario Draghi, quien estaría dimitiendo como primer ministro en aras de ser elegido como presidente de la República".

En el segundo escenario, "Draghi permanecería como primer ministro, pero un minuto antes de jurar el cargo como nuevo presidente de la República dimitiría como presidente del Gobierno". Todo esto se podría ejecutar de una forma más llevadera si existiera la figura del vicepresidente, que en Italia es opcional, lo cual en este caso complicaría las cosas. ¿Quién podría suceder a Draghi como primer ministro dimisionario, justo antes de convertirse en nuevo jefe del Estado? "En tal caso, sería el ministro más anciano", quien actualmente es Renato Brunetta, ministro de Administración Pública y miembro de Forza Italia, el partido de centro-derecha del magnate y en su día primer ministro, Silvio Berlusconi. "En la siguiente fase, Draghi, ya nuevo jefe del Estado, podría proceder a la convocatoria de consultas para la formación de un nuevo Gobierno".

En lo que se refiere a esta segunda opción, el ministro de Administración Pública del actual Ejecutivo italiano, Renato Brunetta; ya ha expresado su opinión favorable para que Mario Draghi pueda ser el próximo inquilino del Palacio del Quirinal, asegurando que su nombramiento como jefe del Estado podría generar una "simbiosis" entre "la presidencia del Gobierno y la de la República". Traducido: con Draghi en el Quirinal, este sería una garantía para que Italia siga, a todos los efectos, en la órbita europeísta pese al auge de los soberanistas.

Igualmente, quedaría todavía la tercera opción, en la que "Draghi sería elegido presidente de la República, pero sin jurar el nuevo cargo como jefe del Estado. Entonces Draghi dimitiría como primer ministro y Sergio Mattarella, como presidente de la República saliente, nombraría el nuevo Ejecutivo", frente al cual Mario Draghi sustituiría Sergio Mattarella como nuevo jefe del Estado. Igualmente, explica el profesor Piccirilli, "creo que sería, sin duda alguna, la opción menos plausible".

Pero más allá de las reglas constitucionales italianas, y hablando en términos meramente políticos; también está la posibilidad de que Draghi no sea el sucesor de Mattarella. Por muy alto que sea el cargo de presidente de la República Italiana y la influencia que tiene en los primeros ministros, son los jefes del Gobierno los que tienen el verdadero poder Ejecutivo para activar las políticas de su país. Y es cierto que Draghi, actualmente, está teniendo un rol muy influyente no sólo a favor de Italia, sino también en beneficio del resto de la Unión Europea (UE) a la hora de afrontar la actual pandemia por coronavirus. "El año que viene, en un contexto europeo en el que por un lado Angela Merkel ya no estará al frente de Alemania y el francés Emmanuel Macron se encontrará en un momento crucial de su mandato, es posible que, en Italia, se le pida a Mario Draghi que permanezca como primer ministro italiano en aras de seguir siendo tan incisivo como hasta ahora".

Incluso esto último, a su vez, podría tener la lectura opuesta: si finalmente Mario Draghi quisiera y lograra presidir el Palacio del Quirinal, su acción política no estaría tan volcada en su influencia dentro de Europa; sino precisamente en hacer valer esta última para que Italia, independientemente del momento soberanista, no deje nunca de lado su convencimiento europeísta. No es algo menor, siendo Italia un miembro fundador de la Unión Europea.

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