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EEUU y sus aliados aceleran el envío de armas a Ucrania que podría garantizar una contraofensiva de invierno

El nuevo paquete de ayuda militar occidental para Ucrania incluye carros de combate ligeros y otras armas de gran movilidad que podrían utilizarse en una próxima contraofensiva terrestre contra las tropas invasoras rusas.

Imagen de archivo de Kiev el día de Nochevieja durante un ataque militar ruso.
Imagen de archivo de Kiev el día de Nochevieja durante un ataque militar ruso. EFE/EPA/OLEG PETRASYUK

Estados Unidos y sus aliados europeos aceleran el envío de armas a Ucrania, aún a riesgo de enfurecer a Rusia. Moscú ha condenado la asistencia militar occidental al Gobierno de Kiev como una participación cada día más directa y comprometida en una guerra que cumplirá un año y que amenaza con prolongarse sin que ninguno de los contendientes haya sido capaz de imponerse en el campo de batalla.

En Ucrania no hay atisbos de un alto el fuego duradero y la tregua de la Navidad ortodoxa anunciada por todo lo alto por el presidente ruso, Vladímir Putin, ha resultado un fracaso. No solo el ejército ucraniano ha desoído ese cese el fuego temporal y unilateral ruso por la Navidad ortodoxa, que Kiev no había, por otra parte, acordado respetar. Las propias fuerzas armadas rusas, aunque redujeron el volumen de sus ataques con misiles y drones contra las ciudades ucranianas, siguieron con algunas operaciones claves en la zona del Donbás.

Incluso el grupo de paramilitares Wagner, una de las puntas de lanza de las fuerzas armadas rusas, se jactaba de haberse apoderado una vez empezada la tregua de una localidad que estaba en manos de los ucranianos. Soledar se encuentra apenas a 15 kilómetros de la asediada Bakhmut, la ciudad defendida por soldados ucranianos cuya toma podría dar un vuelco a la guerra a favor de Rusia en el frente del Donbás, en el este de Ucrania.

La sitiada Bakhmut se ha convertido en símbolo de la resistencia ucraniana en el este del país

La captura de Soledar por los mercenarios rusos del grupo Wagner, si se confirma, podría dejar rodeadas a las tropas ucranianas que defienden Bakhmut desde hace meses. La sitiada Bakhmut se ha convertido en símbolo de la resistencia ucraniana en el este del país.

El Ministerio de Defensa ruso indicó que su ejército estaba respetando la tregua, pero matizó que contraatacaba y devolvía el fuego de artillería allí donde sus tropas eran hostigadas. El Gobierno de Kiev había calificado de "hipócrita" el anuncio por Putin de un alto el fuego temporal e indicó que era una "trampa" de las fuerzas armadas rusas para reagruparse y tratar de romper el frente de más de 1.100 kilómetros en la media luna del este de Ucrania ocupada por las tropas del Kremlin.

En estas circunstancias, y cuando las dos partes se pertrechan para la guerra de invierno, los anuncios sobre un nuevo incremento de la ayuda militar europea y estadounidense a Ucrania refuerzan la idea de que el ejército de Kiev prepara un golpe de mano de envergadura. La naturaleza de parte de esa ayuda, con carros de combate y blindados estadounidenses, franceses y alemanes -ligeros, pero con una gran movilidad y elevada potencia de fuego- y la llegada de más baterías de misiles Patriot para proteger la retaguardia, indicaría que el alto mando ucraniano está dispuesto a aprovechar los titubeos rusos a la hora de cruzar la línea del frente.

Una partida multimillonaria que no requiere el apoyo del Congreso

La nueva asistencia militar de Washington, anunciada por el secretario de Estado, Antony Blinken, asciende a 3.750 millones de dólares y es la mayor partida de este tipo aprobada por Estados Unidos en un solo paquete. Está destinada no solo a Ucrania, sino también a algunos de los países que conforman el flanco oriental de la OTAN, en un claro mensaje a Moscú de que la guerra de Ucrania es una asunto que concierne directamente a la seguridad de la Alianza Atlántica.

Ucrania recibirá el grueso de esa ayuda militar para la guerra en curso, más de 2.850 millones de dólares. Otros 225 millones de dólares serán destinados a la modernización del ejército ucraniano de cara al futuro y 682 millones de dólares irán a esos aliados regionales del flanco oriental de la OTAN, especialmente para ayudar a comprar armamento que permita reponer los arsenales que han sido vaciados para enviar armas a Ucrania y, además, poder despachar más armas a la guerra.

Se espera que EEUU envíe de momento medio centenar de estos carros de combate

Tal y como indicó Blinken, Estados Unidos entregará al ejército ucraniano carros de combate Bradley, especialmente diseñados para apoyar a la infantería, además de obuses autopropulsados, vehículos acorazados para el transporte de tropas, misiles tierra-aire, grandes cantidades de munición y otros dispositivos bélicos. Es decir, buena parte de los suministros de guerra necesarios para poner en marcha una campaña.

Los carros de combate Bradley, con un largo y exitoso historial en las dos Guerras del Golfo, son conocidos como los "asesinos de tanques". Sus cañones de 25 mm y los misiles anticarro TOW que se incluyen en su arsenal causaron más bajas entre los blindados iraquíes que los poderosos Abrams, de mayor potencia de fuego, pero no con la movilidad de los Bradley. Se espera que Estados Unidos envíe de momento medio centenar de estos carros de combate.

En su alocución de la noche del viernes, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, acogió con mucho entusiasmo el anuncio de Blinken: Es "un paquete (de armas) muy poderoso".

"Por primera vez, tendremos vehículos armados Bradley, y es exactamente lo que necesitábamos. Nuevas armas y munición, incluidas las de alta precisión. Nuevos cohetes, nuevos drones. Llegan a tiempo, con toda su fuerza", aseveró Zelenski.

Se espera que en ese nuevo paquete de ayuda militar para Ucrania se incluyan vehículos todoterreno Humvees, camiones y munición procedente de los arsenales que Estados Unidos ha dispuesto para esta guerra y que no necesitan la aprobación por parte del Congreso. De esta forma se garantiza que la nueva mayoría republicana en la Cámara de Representantes del Congreso no ponga en riesgo esta ayuda urgente.

Las nuevas armas para Kiev sugieren una inminente contraofensiva

Según ha indicado la secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, este nuevo paquete de ayuda incluye asimismo vehículos con protección antiminas y contra emboscadas, sistemas guiados de cohetes de lanzamiento múltiple GMLRS y minas terrestres contra blindados. Es decir, todos los elementos necesarios para una contraofensiva ucraniana a gran escala que contemple entre sus objetivos retomar territorios y blindarlos ante una eventual respuesta rusa.

No se habla ya solo de misiles y sistemas antiaéreos, sino de material destinado a garantizar el avance de fuerzas de tierra y su consolidación en territorio enemigo. Es lo que el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Kirby, ha denominado "guerra a base de maniobras de armas combinadas".

El anuncio de la nueva ayuda estadounidense sigue a la promesa por parte de Francia de que proporcionará carros de combate ligeros AMX-10 RC y de Alemania, que ha comprometido al menos una batería de misiles Patriot de defensa aérea y vehículos de combate Marder. Estos blindados pueden transportar infantería y además proporcionarles una importante cobertura de fuego.

El tiempo es oro para los aliados, mientras Rusia aguarda su momento

La Casa Blanca y el Pentágono no están dispuestos a que la contienda se alargue demasiado, pues el tiempo juega a favor de Moscú. Rusia puede poner sobre el suelo ucraniano armamento de alta tecnología similar al que el Gobierno de Kiev puede recibir de Estados Unidos y sus aliados. Pero además cuenta con la ventaja de disponer de grandes contingentes de tropas de refresco que podrían ser desplegadas paulatinamente en Ucrania. No ocurre así con el ejército ucraniano, que puede recibir muchas armas de Occidente, pero no tiene la misma capacidad que Rusia para reponer sus también altísimas bajas en combate a largo plazo.

La fabricación contrarreloj de armas rusas con destino a Ucrania y la preparación de nuevas unidades de soldados gracias a la leva forzosa ordenada por Putin el pasado mes de septiembre contemplan una guerra larga y el agotamiento del adversario con la superioridad artillera sobre las ciudades, con misiles y drones golpeando sin cesar las infraestructuras críticas.

Tal desafío solo puede ser contenido si la implicación occidental en la guerra sobrepasa las líneas rojas que ha trazado Moscú. Y esas líneas rojas se están cruzando precisamente con el envío de sistemas antimisiles como los Patriot que pueden tender escudos invulnerables sobre ciudades y objetivos estratégicos y con el despliegue de carros de combate capaces de apoyar un avance masivo de unidades de infantería.

El Kremlin ha denunciado que junto al material bélico enviado por Estados Unidos y sus acólitos de la OTAN y la Unión Europea están llegando instructores y oficiales para su manejo, lo que, de ser cierto, implicaría ya una participación directa de tropas aliadas en Ucrania y supondría una escalada sin parangón en la guerra. Y es que no hay otra forma de asegurar que todo ese armamento pueda funcionar en cuestión de semanas, pues las fuerzas ucranianas que están siendo entrenadas en varios países europeos aún tardarán en alcanzar un nivel de eficiencia en combate.

Para Kiev, Bruselas y Washington el tiempo es oro, pues crece el temor de que, desplegando sus tácticas de guerra invernales, las unidades rusas puedan doblegar los esfuerzos ucranianos en localidades como Bakhmut. La toma de esta ciudad permitiría a las fuerzas rusas concluir la invasión de todo el Donbás y supondría un golpe moral devastador para Ucrania.

En este caso, Putin habría completado uno de los objetivos planteados con su invasión y podría sentarse a una eventual mesa de negociaciones con mucha, quizá demasiada ventaja.

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