La caza de brujas de Trump contra los estudiantes propalestinos: arrestos y amenazas de deportación
Docentes de distintas universidades de EEUU avisan de que, escudada en el argumento del antisemitismo, la Administración del presidente republicano está imponiendo una política de terror en los campus.

Madrid--Actualizado a
En abril de 2024, una treintena de estudiantes de la Universidad de Columbia se atrincheró en el campus de Nueva York, iniciando una protesta que se extendió durante dos semanas. En la noche del 30 de abril –con Joe Biden aún en la Casa Blanca–, la Policía irrumpió en las instalaciones y disolvió la acampada. Sin embargo, la chispa de la protesta ya incendiaba la red universitaria estadounidense.
En distintos países y periodos de la historia, las universidades han sido espacios de crítica y denuncia social. El genocidio que está cometiendo Israel en Gaza –una masacre en vivo y en directo– no es una excepción, y ha motivado infinidad de revueltas de estudiantes en distintos países.
"Las acampadas fueron geniales", cuenta a Público Stephanie Sieburth, profesora emérita de Filología Románica en la Universidad de Duke (Carolina del Norte). "La prensa dominante tenía una visión sensacionalista de violencia y de disturbios, [pero] en realidad eran acampadas pacíficas".
En las protestas participaron estudiantes "musulmanes, judíos, cristianos, ateos… todos juntos". También docentes, que "daban clase para explicar un poco la historia de la guerra de Palestina". Fue fundamental el papel de la comunidad judía en estas movilizaciones, pues "hay muchos judíos que están en contra de lo que está pasando", entre los que se incluye Sieburth. La profesora aún recuerda las celebraciones de la Pascua judía que se celebraron en el seno de las acampadas.
"La violencia llegó cuando la universidad decidió llamar a la Policía para desalojarlos a la fuerza", recuerda la docente. De hecho, en algunos casos no solo la Policía acometió contra los manifestantes. En la Universidad de California (Los Ángeles) los primeros ataques vinieron por parte de "agitadores de fuera, que ni siquiera eran judíos a favor de Israel; eran trumpistas". La Policía "les estaba mirando y les dejó atacar a los manifestantes sin hacer nada, y después entraron ellos".
Desde que Donald Trump llegó al poder, el pasado 20 de enero, no solo ha tomado el relevo de Biden para silenciar aquellas voces que ponen el grito en el cielo exigiendo el fin de la matanza en Gaza, sino que ha llegado aún más lejos. Al republicano no le ha temblado el pulso a la hora de atacar a las universidades y a los estudiantes como mejor sabe hacer: a base de recortes y deportaciones.
"Trump está utilizando toda esta cuestión de Palestina, de Israel y de un supuesto antisemitismo" para relacionar el ser propalestino con estar vinculado a Hamás, incide Sieburth. "Ha sido una táctica israelí desde hace décadas: si eres palestino, eres terrorista; y si apoyas a los palestinos, apoyas a los terroristas".
Y ahora, "con el pretexto de proteger a los judíos", el presidente republicano "está revocando visados de estudiantes que están en el país legalmente, haciendo sus estudios, porque o bien participaron en las acampadas, o bien en manifestaciones", destaca la profesora emérita de la Universidad de Duke.
Stephanie Sieburth: "Con el pretexto de proteger a los judíos, [Trump] está revocando visados de estudiantes"
En las últimas semanas se han conocido casos de este tipo, como el de la surcoreana Yunseo Chung o el de la turca Rumeysa Ozturk, cuyo nombre llegó a figurar en los archivos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) por escribir un artículo de opinión publicado en el periódico universitario. El caso más reciente, el pasado martes, es el del arresto del palestino Mohsen Mahdawi.
Pero, sin duda, el más sonado ha sido el de Mahmoud Khalil, un estudiante palestino que lideró las marchas en Columbia. "Tenía tarjeta verde, o sea residencia permanente en Estados Unidos. No estaba ni con un visado. Y está en un centro de detención horroroso de Luisiana", lamenta Sieburth.
Terrorismo y contorsionismo de la ley
Azahara Palomeque, escritora y doctora en Estudios Culturales por la Universidad de Princeton, explica a Público: "La palabra terrorismo se utiliza para moldear una especie de criminalización que se ha ajustado a una serie de intereses del Estado", por lo que "como no hay una definición muy clara dentro del derecho internacional", la Administración Trump puede usar esto a su favor.
La escritora menciona el término "contorsionismo de la ley", acuñado por Judith Butler en Vida Precaria: El poder del duelo y de la violencia. "No se puede decir que sea completamente ilegal (...) pero es una especie de contorsionismo, de buscar una manera de integrar en esta nomenclatura, en esta categorización que de por sí es un poco antigua, la acción estudiantil que es contraria" a los intereses de la Administración de Trump.
Sebastiaan Faber, profesor de Estudios Hispánicos en el Oberlin College (Ohio), comenta a Público que "es la forma más fácil, legalmente, de obviar el Estado de Derecho: desde el 11 de septiembre de 2001, una vinculación con el terrorismo, aunque sea solo una alegación, debilita notablemente los mecanismos judiciales y constitucionales de garantías".
Recortes y fondos congelados
Además de esta persecución hacia los estudiantes extranjeros, Trump ha optado por cortar de raíz los movimientos propalestinos, y ha amenazado directamente a las universidades con bloquear financiaciones millonarias de las que dependen estos centros.
La Administración ha iniciado en las últimas semanas diversas investigaciones que revisan contratos y subvenciones con varios de los campus universitarios. Prestigiosas universidades como la de Columbia o la de Cornell podrían perder importantes sumas de dinero.
El caso más destacable es el de Harvard, que se encuentra ahora mismo en el ojo del huracán por plantar cara a las exigencias de Trump. El pasado lunes, un total de 2.200 millones de dólares de fondos federales fueron congelados por la Administración. Y lejos de detenerse ahí, dos días después canceló otra subvención de 2.700 millones.
Además, planea ahora el recorte de 1.000 millones de dólares que estaban dedicados a la investigación de la salud, según ha informado The Wall Street Journal. Para más inri, desde el jueves, el Servicio de Impuestos Internos (IRS) está considerando retirar su exención de pagar impuestos.
Asimismo, el Departamento de Seguridad Nacional exigió el pasado jueves "registros detallados sobre las actividades ilegales y violentas de los titulares de visas de estudiantes extranjeros de Harvard antes del 30 de abril de 2025", dando un paso más en la criminalización del alumnado.
Las facultades están bajo el punto de mira por, en palabras del Gobierno de EEUU, su "pasividad ante el persistente acoso a estudiantes judíos". Para no ver su financiación comprometida, estas universidades han de "corregir sus errores" y reprimir los movimientos a favor de Palestina.
Poco a poco, algunas universidades han cedido a las presiones de Trump. El Comité de Solidaridad de Palestina de la Universidad de Texas, por ejemplo, fue suprimido recientemente. Sieburgh señala incluso que en Columbia están tutelando el departamento de estudios de Oriente Medio.
La profesora emérita advierte de que con ello "lo único que están haciendo es dar alicientes a Trump" para que exija aún más. "Que se deje de enseñar historia afroamericana, que se deje de enseñar feminismo… cualquier cosa con la amenaza del dinero".
Sebastiaan Faber: "Las medidas del Gobierno actual parecen tener como objetivo destruir el sistema universitario tal y como existe en EEUU"
Una minoría –a costa de sufrir un severo castigo– ha plantado cara, como es el ya mencionado caso de Harvard, o el de Princeton. "Hay una crisis muy grande en las universidades porque los presidentes y administradores suelen llevar la universidad como una empresa, y en lo que piensan es en el dinero y en cómo mantenerlo", lamenta Sieburgh.
Añade que, "si acabas deshaciendo la libre expresión, el examen crítico [o] el debate de ideas con evidencia, (...) entonces lo que tienes es algo así como la universidad bajo Franco, con académicos totalmente mediocres que han sido elegidos por su lealtad al dictador y ningún debate. Esa no es la universidad".
"Se está produciendo ya una fuga de cerebros"
La imposición del silencio en las universidades supondría una pérdida enorme para EEUU. De los 13.000 alumnos que tiene Duke, por ejemplo, 6.000 son internacionales. Sieburgh reconoce que, aunque "Estados Unidos nunca me ha gustado mucho (...) si algo tiene de grande son sus universidades, y uno de los motivos es que la gente viene de todo el mundo".
Faber explica por su parte: "Las medidas del Gobierno actual parecen tener como objetivo destruir el sistema universitario tal y como existe en EEUU, lo que ya está teniendo consecuencias nefastas a todos los niveles", y asevera: "Se está produciendo ya una fuga de cerebros."
Palomeque, en cambio, considera que, pese a que "históricamente han sido un lugar para el pensamiento crítico”, las universidades han decaído mucho desde los años 60 o 70, "porque las autoridades se dieron cuenta de esa fuerza política y entonces empezaron a militarizar[las]”. Ahora quedan rescoldos de ese espíritu anterior, "pero obviamente muy diluido en lo que es una cultura de élite, donde además los precios de las matrículas universitarias han subido muchísimo".
La escritora y colaboradora de Público señala que, "de hecho, es un programa que él [Trump] ya tenía desde hace tiempo", y que se aplicaba en estados republicanos en los que saliera elegido. "Han estado llevando a cabo esas políticas en contra de todo lo que tuviera que ver con la diversidad racial, de género, con el movimiento LGTBI y sus derechos, etc., como por ejemplo Florida".
Ahora que es presidente, Trump "simplemente ha seguido con ese programa", "y lo está extendiendo con toda la amplitud que le permiten sus poderes ejecutivos", añade.
La paradoja del antisemitismo
Ante las acusaciones del republicano, la evidencia muestra que, si en las protestas contra el genocidio en Gaza hubo ciertas muestras de antisemitismo, fue de forma minoritaria. "Los judíos han tenido siempre un papel bastante protagonista en las acampadas, y han dicho que no se sentían amenazados", explica Sieburth.
Añade que "los que debían temer en realidad por su seguridad física en los campus eran los estudiantes musulmanes, y nadie jamás ha hablado de cómo protegerlos". Por lo tanto, el discurso que intenta imponer Trump en las comunidades universitarias es una narrativa que no aboga por el fin de la xenofobia, sino por una interesada lucha contra el antisemitismo.
"Lo que está circulando es una definición que incluye la crítica del Estado de Israel, y no es la definición aceptada por los expertos en la materia", continúa la profesora emérita, concluyendo: "Es antisionismo, no antisemitismo".
Azahara Palomeque: "Las autoridades se dieron cuenta de la fuerza política de las universidades y entonces empezaron a militarizarlas"
Sieburth señala, además, que los protectores de los judíos son los más antisemitas. Menciona casos como los disturbios en Charlottesville o el asalto al Capitolio, donde hubo incitaciones al exterminio de los judíos. "A esa gente Trump les indulta", por lo que el argumento del presidente de querer proteger a la comunidad judía es algo que "cuesta creer".
"Además, si los judíos han tenido un papel importante en estas manifestaciones es porque nos indigna que digan que todo esto se hace en nuestro nombre, tanto las masacres en Gaza –[hechas] además con armas norteamericanas que pagamos nosotros de nuestros bolsillos– como el ataque a las universidades", concluye la profesora.



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