La guerra en Irán se dilata mientras el bolsillo de los estadounidenses se contrae
La mayoría de los norteamericanos dice que ha tenido que reducir la cesta de la compra y la mitad asegura tener problemas para pagar la gasolina.
Washigton-
El alto el fuego en Irán ha terminado, aunque nunca apaciguó del todo las bombas. El conflicto en la región ha vuelto a encenderse con nuevos ataques cruzados que se han extendido a las bases militares estadounidenses en el Golfo. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha restablecido el contrabloqueo de Ormuz, y el petróleo volvía a dispararse otro día más. Aunque en las últimas semanas el barril de crudo había vuelto a rondar los 70 dólares previos a la guerra, el bolsillo de los estadounidenses nunca llegó a notar ese alivio.
A finales de mayo, cuando aún estaba en vigor la tregua, una encuesta publicada por la CNN, ya advertía de un encarecimiento del coste de vida: la mayoría de los estadounidenses (61%) decían que habían tenido que reducir la cesta de la compra. Otro 59% decía que habían dejado de gastar en entretenimiento o que habían recortado en gastos extras. Más de tres cuartos de los ciudadanos, incluyendo el 55% de los republicanos, afirmaban que las políticas de Trump habían incrementado el coste de vida en su comunidad.
La semana pasada, una encuesta publicada por The Guardian señalaba la misma realidad: la mitad de los estadounidenses dicen que tienen problemas para pagar la gasolina (un 52%) y la cesta de la compra (un 51%). Aunque las razones tras estos números no son exclusivas de la guerra, sí que se trata de uno de los factores más visibles -y evitables- para los votantes. Más de tres cuartos de los ciudadanos, incluyendo el 55% de los republicanos, afirmaban que las políticas de Trump habían incrementado el coste de vida en su comunidad.
El 56% de los estadounidenses considera que la contienda ha tenido más efectos negativos que positivos para el país
En paralelo, una encuesta realizada por Brookings Institution señala cómo el 56% de los estadounidenses (incluidos un 33% de los republicanos) consideran que la contienda ha tenido más efectos negativos que positivos para el país.
La razón por la que la tregua acordada en abril y el memorándum preliminar firmado en junio no han repercutido en la economía familiar es que las gasolineras no reaccionan con la misma rapidez que los mercados. La sensibilidad del barril de Brent, que fluctúa con una rapidez pasmosa, no es la misma que la de los surtidores. Los precios ya no están por encima de los 4,50 dólares el galón (que son unos 3,78 litros), pero tampoco han vuelto a bajar por debajo de los tres dólares previos a la guerra. De hecho, esta semana, en la gasolinera Sunoco de Washington de la calle 9 con la calle N se elevaba a 3,95 dólares.
En una medida extrema, el lunes pasado la cadena de supermercados Walmart anunciaba que bajaría el precio de una serie de productos básicos como parte de una serie de descuentos. Entre los productos seleccionados se encontraban los rollos de carne picada, el maíz fresco, las cerezas y la Coca-Cola. Hace meses que las grandes superficies tienen problemas a causa de una tormenta perfecta en la que se combinan estos recortes en los gastos familiares, la reducción de los subsidios alimentarios a raíz de la Big Beautiful Bill de Trump y el encarecimiento generalizado por la guerra de Irán, que aún aprieta más a los consumidores.
Aunque el comunicado de la compañía no hacía mención a la Casa Blanca, Trump no tardó ni cinco minutos en compartir la noticia y colgarse la medalla: "Walmart reducirá los precios, mucho, a petición de mi administración para celebrar el 250º aniversario del país". El pasado sábado, en la celebración del 4 de julio, el mandatario se esforzó en recalcar "la excepcionalidad" de los Estados Unidos y en agitar el fantasma de una supuesta amenaza "comunista". Todo ante el avance de los Socialistas Democráticos de América (DSA) en las primarias demócratas y el claro empeoramiento de las condiciones materiales del grueso de la ciudadanía.
Un problema para Trump
Trump ya empezó el 2026 con la popularidad a niveles muy bajos y con un problema por el galopante encarecimiento de la cesta de la compra. En octubre del año pasado el magnate cerró un acuerdo con el gobierno de Argentina para comprar 80.000 toneladas métricas de carne con el objetivo de paliar la frustración de los consumidores y rebajar un poco el precio de la carne picada de vaca, que no hacía más que subir. Una medida tomada a cargo de las bases rurales y que, según describió al New York Times Kyle Hemmert, un ganadero de Kansas, suponía "una auténtica patada en los huevos".
Mientras el horizonte electoral de noviembre cada vez resulta más pantanoso, la administración republicana ataja por otro lado. Gracias a la sentencia del Supremo estadounidense que da carta blanca al presidente para cesar a quien quisiera de las agencias federales independientes, Trump despidió a los dos miembros demócratas que aún quedaban en la Comisión bipartidista de Asistencia Electoral. Una tercera funcionaria, republicana, presentó su renuncia. El movimiento llega mientras el mandatario intenta pasar su ley electoral en el Senado, la SAVE Act. Los demócratas y diversas organizaciones para asegurar el derecho al voto han denunciado que la norma, de ser aprobada, podría limitar el acceso al voto a grupos vulnerables y a algunas mujeres.
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