Las elecciones en EEUU se convierten en un plebiscito no solo para Trump sino también sobre Silicon Valley
El rechazo a los centros de datos sitúa a los magnates tecnológicos en el centro del descontento electoral, mientras la corrupción se convierte en la principal preocupación de los estadounidenses.

Washington-
El coste de vida se ha convertido prácticamente en leitmotiv de las elecciones de medio mandato que se celebran el próximo 3 de noviembre en Estados Unidos. Muchos estadounidenses ven cómo pierden poder adquisitivo mientras las grandes fortunas de Silicon Valley pretenden imponer sus intereses a base de talonario. La cantidad exorbitante que algunos de los magnates tecnológicos han vertido en estas midterms es algo difícil de ignorar para la mayoría de los hogares, que cada vez llenan el carro de la compra con más dificultades.
En estos dos últimos años, las grandes tecnológicas han penetrado en la Administración de Donald Trump para lograr que se legisle en su favor: desde una menor regulación para el desarrollo de la inteligencia artificial hasta tener más facilidades para la construcción de centros de datos a pesar del impacto ambiental y económico que tienen en las comunidades donde aterrizan.
Este estrechamiento de lazos con la Casa Blanca no es algo de lo que precisamente se escondan los gigantes tecnológicos. Para el recuerdo queda la fotografía de la investidura de Trump en el Capitolio con la presencia en primera línea de Elon Musk (X, Tesla), Mark Zuckerberg (Meta), Jeff Bezos (Amazon), Sundar Pichai (Google, Alphabet), Tim Cook (Apple) y Shou Zi Chew (TikTok).
Cuando se tomó esa foto, la percepción sobre la inteligencia artificial aún era relativamente positiva entre la mayoría de los estadounidenses. Pero esto ha cambiado drásticamente tras las revelaciones de exempleados de dichas compañías, que han advertido de que, si no se ponen límites a la IA, podría representar un peligro real para toda la humanidad. Una encuesta reciente del Pew Research Center muestra que la mitad de los estadounidenses ven con más preocupación que con ilusión el incremento del uso de la IA en su vida cotidiana.
Otra encuesta realizada por el Annenberg Public Policy Center muestra que solo un 17% de los estadounidenses creen que la IA tendrá un impacto positivo en el país en la próxima década, mientras que el 42% espera que sea negativo. Y lo más importante: una mayoría bipartidista cree que el actual Gobierno ha hecho muy poco para intentar regular la IA. Por no mencionar el rechazo transversal que hay a los centros de datos: siete de cada diez estadounidenses se oponen a que se construyan estas instalaciones en sus áreas, según un sondeo de Gallup.
Por si esto no fuera suficiente, el propietario de X, Elon Musk, se ha encargado de reaparecer en la arena política en las últimas semanas con una cantidad ingente de dinero. En total, aliado de Trump ha inyectado unos 446 millones de dólares en distintas contiendas en todo el país con el objetivo de remontar las opciones del partido republicano.
A ello se suman las super-PACs favorables a la IA que se han estrenado en estas legislativas para impulsar candidatos para que promuevan una regulación laxa, como Leading the Future, que ha donado unos 75 millones de dólares. El grupo se ha financiado principalmente a través de figuras destacadas como Greg Brockman, presidente de OpenAI, que junto con su esposa, Anna Brockman, aportó 25 millones de dólares.
En Texas, bastión republicano por excelencia, la construcción de numerosos centros de datos ha despertado el rechazo y la indignación entre votantes de Trump. De hecho, el candidato demócrata al Senado, James Talarico, ha usado esta cuestión y su rivalidad con Musk para impulsar su candidatura en la recta final.
A diferencia de su rival, el republicano Ken Paxton, que ha construido su carrera gracias a las donaciones de super-PAC conservadoras y de Musk, Talarico ha financiado buena parte de su campaña con pequeñas donaciones de ciudadanos. Incluso ha llegado a rechazar ofertas de estos grandes grupos de donantes. El caso es similar a la estrategia del demócrata Abdul El-Sayed, que ahora compite por un escaño al Senado en Míchigan. Durante el proceso de primarias del partido, El-Sayed se dedicó a denunciar la cantidad de dinero histórica que el lobby proisraelí AIPAC vertió en la contienda para frenarle.
Al señalar en favor de quién se mueve el dinero de las grandes fortunas, los candidatos apelan a esa preocupación que cada vez es más nítida para los estadounidenses: cómo la corrupción ha penetrado en su sistema de gobierno. Una encuesta reciente de la CNBC señala que la corrupción en la Administración se ha convertido en la principal preocupación entre los votantes estas elecciones (un 36%), superando el encarecimiento de la comida y la gasolina (un 34%).
Dentro de ese imaginario de corruptelas que se ha creado en torno a la figura de Trump, las grandes tecnológicas ocupan un lugar especial. La misma desconfianza que muchos estadounidenses sienten ante la industria de la IA también se ha extrapolado a sus líderes, con encuestas que señalan que muchos ven a los grandes nombres, como Musk, Sam Altman (director ejecutivo de OpenAI) y Dario Amodei (director ejecutivo de Anthropic), como figuras poco fiables y antipáticas.



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