Trump convierte Washington en su nuevo macroproyecto inmobiliario
El presidente inunda la capital de obras faraónicas, como el salón de baile de la Casa Blanca o el parque Lafayette, y prevé la construcción de un arco de la victoria y un Jardín de los Héroes Americanos.
Las reformas amenazan con interferir con el patrimonio histórico y la de la Casa Blanca ya ha sido llevada ante la Justicia.

Washington DC-
Las aspiraciones absolutistas de Donald Trump no solo son políticas; también son estéticas. El presidente estadounidense aspira a convertir Washington en su Versalles personal a costa del patrimonio histórico de la ciudad. El caso más conocido son las obras del salón de baile masivo que han comportado la demolición del ala este de la Casa Blanca, pero hay más. Esta semana, por ejemplo, los obreros estaban pintando de azul el fondo de la piscina reflectante que hay a los pies del monumento a Lincoln. Trump no buscó ni pidió ningún tipo de permiso legal, a pesar de que se trata de uno de los enclaves más significativos del patrimonio nacional.
Podría ser incoherente en la lógica absolutista del mandatario pedir algún tipo de autorización para lo que él considera el jardín de su palacio. Trump forzó el proyecto bajo la presión de tener finalizada la supuesta reparación del enclave para las celebraciones del 250 aniversario del país (el 4 de julio de 2026). Inicialmente, debía que estar finalizado para el 22 de mayo y costar unos dos millones de dólares. Un informe obtenido por The New York Times revela que ahora las obras se han atrasado más de lo previsto y que el precio va a ascender a unos 13 millones de dólares.
Además, las reformas han proseguido a pesar de que la Fundación para el Paisaje Cultural ya llevó el caso ante la justicia. Aunque eso tampoco ha sido nunca un impedimento para el mandatario. Las obras del salón de baile de la Casa Blanca han seguido su curso pese a que hace meses que el proyecto está en plena batalla judicial. El Fondo Nacional para la Preservación Histórica presentó el caso ante un juez, ya que más allá de ser la residencia presidencial, el edificio es patrimonio histórico de todos los estadounidenses. Un juez en marzo ordenó suspender las obras en la superficie, pero esta semana han aparecido nuevas imágenes de los operarios levantando paredes por encima del suelo.
Las proyecciones de Trump para esta mastodóntica obra prevén un salón de más de 8.000 metros cuadrados, con altos ventanales y lámparas de araña de techo. Las imágenes compartidas por la Casa Blanca muestran una amplia sala, toda llena de remates dorados, que recuerda mucho a los interiores de la mansión de Mar-a-Lago que el presidente tiene en Palm Beach (Florida). La obra faraónica amenaza con eclipsar el resto del edificio residencial, mucho más sobrio. Como ha pasado con la piscina reflectante, el presupuesto también se ha disparado más de lo previsto, pasando de 200 millones de dólares a 300. En este caso, las obras serán financiadas por donaciones privadas, algo que ha levantado muchas sospechas por el temor de que se convierta en otra manera de comprar el favor del magnate.
Enfrente de la Casa Blanca, también hay más obras. El parque Lafayette, donde los turistas se toman la clásica foto con la residencia presidencial de fondo, está vallado. Desde principios de año el acceso está cerrado al público y, por ende, tampoco es posible acercarse a las inmediaciones del edificio oficial sin tener autorización oficial. Según Trump, las obras son para dejar el espacio a punto también para el aniversario de los 250 años del país. Los críticos ya han hecho notar que la Administración ha alzado las rejas en uno de sus mayores momentos de impopularidad, ahorrándose así las fotos de manifestaciones enfrente de la sede ejecutiva.
Pero estos no son los únicos sitios en la capital que Trump ha puesto patas arriba. El magnate también prevé la construcción de un arco de la victoria, en una clara inspiración del Arco de Triunfo de París. En principio, la construcción se debe ubicar al otro lado del río Potomac, frente al monumento a Abraham Lincoln. El arco, que también estará ornamentado con oro, medirá 76,2 metros y estará coronado por una especie de Estatua de la Libertad flanqueada por dos águilas doradas. El tamaño implica que será el doble de alto que el memorial de Lincoln, expresidente con el cual a Trump le gusta compararse a veces. Aún no se ha hecho público el presupuesto, pero por su tamaño se prevé que será una obra costosa y lenta.
Al igual que el arco de la victoria, otro de los proyectos que se enmarcan en estas obras de conmemoración del 250 aniversario del país es el Jardín de los Héroes Americanos. Esta semana Trump ya ha revelado que la ubicación será en el West Potomac Park, uno de los sitios donde florecen cada primavera los emblemáticos cerezos de la ciudad. Aún no se ha publicado el presupuesto para estas construcciones que pretenden incluir estatuas de mármol de tamaño humano que representen a los padres fundadores y otros "héroes americanos".
El tamaño de las edificaciones, que amenazan con hacer sombra al resto de construcciones históricas del país, está resultando en una metáfora física de cómo Trump aspira a sobreponerse al legado democrático de EEUU.
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