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El Ejército egipcio respalda las demandas de los manifestantes

Un comunicado castrense proclama que los militares nunca emplearán la violencia contra el pueblo. El vicepresidente de Mubarak anuncia el inicio de un diálogo con todos los partidos

ÓSCAR ABOU-KASSEM

Tras pasar una semana escuchando al pueblo, el Ejército egipcio decidió mostrar su posición. El mensaje conciliador supuso un alivio para los manifestantes que exigen el fin del régimen de Hosni Mubarak, el cual emite cada día más señales de debilidad. La mayoría siempre había mostrado su confianza en la institución más respetada del país árabe, pero la presencia permanente de una veintena de carros blindados en el centro de El Cairo empezaba a ser inquietante.

"Las Fuerza Armadas no han utilizado ni nunca utilizarán la fuerza contra nuestro gran pueblo. La presencia del Ejército en las calles es para garantizar vuestra seguridad. Las Fuerzas Armadas son conscientes de vuestras legítimas demandas. La libertad de expresión de manera pacífica es aceptable, pero hay que evitar que el país se desestabilice", decía el comunicado castrense, que fue recibido con alegría entre los manifestantes que continúan en la plaza Tahrir.

El mensaje tuvo un efecto inmediato en el Gobierno de Mubarak. Su vicepresidente, Omar Suleimán, compareció poco después para mostrar la cara más amable, la nunca vista, del régimen: "El presidente Mubarak me ha pedido que inicie un diálogo con el resto de los partidos políticos". Después de décadas de represión, las presuntas medidas aperturistas pueden llegar demasiado tarde. Tras comprobar la actitud del Ejército y medir sus propias fuerzas, la oposición egipcia tiene previsto lanzar el martes la ofensiva final contra el Gobierno de Mubarak.

Después del triunfo que supuso la manifestación del pasado viernes, en la que la Policía fue la gran derrotada, los opositores han convocado para el martes una marcha en la que esperan que salgan a la calle un millón de personas para pedir la salida de Mubarak y el comienzo de la transición en Egipto. También el martes, la Coalición Nacional por el Cambio, que agrupa a los principales grupos opositores de carácter laico, se reunirá para determinar la estrategia a seguir.

Uno de los asistentes era Aymán Nour, el único candidato que osó presentarse contra Mubarak en las últimas presidenciales. Su afrenta le costó cuatro años en la cárcel, acusado de falsedad documental a la hora de registrar su partido, Gad, en las elecciones.

"Por fin nos estamos movilizando con el objetivo de formar un gobierno de unidad nacional"

"Por fin nos estamos movilizando con el objetivo de formar un gobierno de unidad nacional. Después de centrarse en una nueva Constitución que debe poner énfasis en la democracia y la justicia", decía Nour en conversación telefónica. Nour ya da por amortizado a Mubarak: "Sólo ha cambiado a tres ministros".

El anunciado cambio de Gobierno de Mubarak quedó en poca cosa. Uno de los nuevos, Samir Radwan, ministro de Finanzas, se apuntó al nuevo mensaje populista del régimen: "Estamos en una situación grave. La pregunta es cómo luego responder a las protestas, ya que no debemos sacrificar el país". Y en una frase que sonó como un insulto a la inteligencia de los manifestantes, Radwan afirmó: "Debemos repartir mejor el dinero para lograr la justicia social".

Lo cierto es que Mubarak está cada vez más lejos de ser invitado a sitios como el Despacho Oval. "Estamos satisfechos con la contención mostrada en los últimos días por las autoridades egipcias. No se trata de elegir entre los manifestantes y el Gobierno", dijo con calculada equidistancia Robert Gibbs, portavoz de la Casa Blanca.

En la plaza Tahrir de El Cairo, el volcán de la revuelta popular, los manifestantes empezaban su propia campaña. Por la tarde recogían firmas para una carta al Ejército. "Cuando tengamos 20.000 firmas se la entregamos", decía Ahmed, uno de los organizadores. La carta contiene tres exigencias: la dimisión de Mubarak, la formación de un Gobierno de unidad nacional y la redacción de una nueva Carta Magna.

Desde su desbandada del viernes, la Policía egipcia volvió a dejarse ver en algunas calles de El Cairo, aunque se limitaba a controlar algún cruce de tráfico. Mientras tanto, la economía egipcia se resiente. Los bancos y la Bolsa no abrieron, pero las acciones vinculadas a las empresas egipcias se desplomaron en los mercados internacionales. También se están registrando algunos problemas de abastecimiento en ciudades como Alejandría, donde se pudieron ver colas ante los supermercados.

El Ejército sigue en las puertas del Museo Egipcio de El Cairo, donde unos saqueadores destruyeron el viernes, durante las protestas, dos momias faraónicas, explicó el domingo el director de las antigüedades egipcias, Zahi Hawass. Aprovechando un incendio en la sede del aledaño Partido Nacional Demócrata (PND) del presidente egipcio, Hosni Mubarak, unos desconocidos rompieron una ventana y entraron en el museo para robar objetos de valor. El mayor temor de Hawass fue confirmado: objetos de la tumba de Tutankamón fueron dañados en el ataque del viernes. Una vitrina que albergaba bienes que el joven faraón tenía en su tumba resultó rota y su contenido, incluida la bella réplica de un barco, arrojado al suelo. El Museo Egipcio, que alberga tesoros inestimables de la Antigüedad, fue rodeado el sábado por una cadena humana de egipcios para evitar más saqueos. Zahi Hawass explicó que todas las piezas dañadas podrán ser restauradas.