La escalada militar en Líbano refuerza la estrategia de Netanyahu y complica el diálogo entre EEUU e Irán
Teherán rehúsa negociar con Washington si se excluye al país libanés, donde Israel intensifica su ofensiva para aplastar a Hizbulá, invadir el país y decidir el destino de Oriente Medio.

Israel trata de ganar tiempo y asegurar sus posiciones en el Líbano mientras la endeble tregua acordada esta semana junto a EEUU e Irán avanza hacia el abismo. El Gobierno israelí ha accedido a un encuentro con las autoridades libanesas en Washington aparentemente para contentar al Gobierno estadounidense. Sin embargo, las masacres de Israel en el Líbano continúan tras excluir a este país del alto el fuego con Irán. La guerra desatada por Israel en el Líbano el 2 de marzo, dos días después de que junto a EEUU comenzara a atacar Irán, no es para derrocar al Gobierno de Beirut, que no ha hecho nada al Estado judío, sino para aplastar a las milicias del grupo islamista Hizbulá, aliado de Teherán, y, sobre todo, para apoderarse del sur libanés. Por eso, el diálogo entre israelíes y libaneses tiene pocas posibilidades de dar algún fruto.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, mueve sus fichas al margen de los vaivenes histriónicos de su aliado, el presidente de EEUU, Donald Trump, mientras su Ejército devasta el sur del Líbano, expulsa a más de 1,2 millones de libaneses de sus hogares, despliega ya tropas al sur del río Litani y, lo que es más peligroso, convierte a Israel en el artífice de una nueva estructura de seguridad en Oriente Medio.
EEUU, aunque en un principio sí incluyó al Líbano en la ecuación de la tregua, horas después, presionado por Israel, dejó fuera del alto el fuego al país de los cedros. Los iraníes rechazan tal exclusión y amenazan con no participar en las negociaciones previstas para este sábado con EEUU en Pakistán si Israel no pone fin a su guerra en el Líbano, donde el Ejército judío está implementando la estrategia de destrucción utilizada en Gaza, con ataques directos a la población y a los servicios públicos, incluidos los sanitarios, en cada vez más barrios de Beirut, además del sur y este del país.
En lo que va de ofensiva israelí en el Líbano, el Ejército judío ha asesinado a medio centenar de trabajadores sanitarios y ha herido a 150 más, en ataques, en buena parte de los casos, a ambulancias cuando trataban de socorrer a otras víctimas de los bombardeos. Y esos ataques los realiza ya sin reparos Israel, repitiendo los patrones de Gaza. Este viernes, el Ejército israelí advirtió a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de que, en violación del derecho internacional humanitario, sus fuerzas atacarán a las ambulancias en las zonas del Líbano donde el propio estamento militar ha ordenado evacuaciones.
Sobre las conversaciones en Washington la próxima semana, el Gobierno libanés ha advertido de que, antes de sentarse a la mesa de la negociación, Israel debe declarar un alto el fuego. No parece que Netanyahu y sus halcones ultraderechistas vayan a acceder a esta demanda si no han hecho caso ni al propio Trump.
Como muestra del espíritu con el que los israelíes acudirán a la reunión en EEUU, este viernes el Ejército judío bombardeó el palacio de Gobierno de la región de Nabatieh, en el sur del Líbano, y mató a al menos 13 miembros de las fuerzas de seguridad libanesas.
EEUU se desdice de la inclusión del Líbano en la tregua
A Netanyahu le da igual que Irán insista en que no habrá negociaciones con EEUU si no se da esta tregua en el Líbano. Según los iraníes, "el cese de la guerra en el Líbano forma parte integrante del acuerdo de alto el fuego propuesto por Pakistán" y al que se comprometió EEUU. Sin el cumplimiento de este compromiso, añadió Teherán, las conversaciones de Islamabad previstas para este sábado no podrán celebrarse.
Los propios pakistaníes, mediadores entre estadounidenses e iraníes, subrayan que sí hubo ese consenso inicial para incluir el Líbano en el alto el fuego. Así lo reiteró el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif: EEUU y sus aliados "acordaron un alto el fuego inmediato en todas partes, incluyendo Líbano y otros lugares".
Israel refutó la afirmación compartida por iraníes y pakistaníes, y el miércoles, apenas anunciada la tregua, lanzó la peor oleada de ataques contra el Líbano desde que comenzó la guerra y causó en apenas diez minutos de bombardeos masivos más de 300 muertos. Desde el 2 de marzo, los ataques de Israel en el Líbano han asesinado a cerca de 1.900 personas y herido a más de 6.000. Entre las víctimas mortales de los bombardeos israelíes figuran tres soldados indonesios de las fuerzas de la ONU desplegadas en el Líbano, contingente que está siendo objeto de una presión injustificable por parte del Ejército judío.
Trump, tras contradecirse por enésima vez y finalmente excluir al Líbano de la tregua con Irán, insistió a la cadena PBS que ese país no formaba parte del acuerdo "por culpa de Hizbulá". Según Trump, la guerra en Líbano es "una escaramuza aparte".
La actitud servil del presidente estadounidense respecto a sus aliados israelíes en esta crisis recuerda de forma inquietante la subordinación que mostró en el caso del genocidio de Gaza. El acuerdo de paz en este territorio impulsado por Trump en 2025 fue en realidad una humillación más para los gazatíes, bendijo el control israelí de la Franja y apostó por la futura conversión de esa área en un enorme complejo turístico sin palestinos.
Líbano, prioridad para Israel
Este viernes, el jefe del Estado Mayor del Ejército israelí, Eyal Zamir, confirmó que "no hay alto el fuego alguno" con Hizbulá. "Nos mantenemos en estado de guerra, no hay un alto el fuego y seguimos combatiendo en este frente. Este es nuestro principal frente de combate", aseguró Zamir en una visita a Bint Jbeil, en la gobernación de Nabatiye (sur de Líbano), según unas declaraciones difundidas por el Ejército israelí y citadas por la agencia EFE.
Zamir confirmaba así lo ya evidente: que el principal interés de Israel a la hora de convencer a EEUU para que desatara la ofensiva conjunta contra Irán el pasado 28 de febrero no estaba en el derrocamiento del régimen islámico en Irán y la destrucción de los silos de misiles y del mayor número posible de instalaciones militares iraníes. Ni siquiera en el final del programa nuclear iraní tan denigrado por todo el mundo.
Para completar todas estas acciones habría sido necesario el despliegue de fuerzas de tierra en Irán. Y ninguno de los dos países agresores estaba en disposición de hacerlo. EEUU tiene cerca de 50.000 efectivos en Oriente Medio en estos momentos, pero necesitaría al menos seis o siete veces más para acometer esa misión, como ocurrió en 2003 cuando, al frente de una coalición militar internacional, invadió el vecino Irak. Entonces, en un principio había 150.000 soldados estadounidenses sobre el terreno, que muy pronto se elevaron a 300.000, más las decenas de miles de efectivos aliados. En Irán, con una orografía mucho más complicada para las acciones militares y un Ejército mucho más cohesionado y fanático que el iraquí, incluso ese despliegue quedaría exiguo.
Por su parte, Israel está más habituado a la lucha orquestada por sus servicios de inteligencia, con el asesinato de sus enemigos recurriendo al terrorismo de estado a distancia, o al bombardeo masivo con misiles y drones, también desde la lejanía, como hizo en Gaza, sin exponer a sus soldados a una lucha cuerpo a cuerpo que sería inevitable en Irán y en la que quizá no serían tan duchos.
Lo cierto, como ha quedado demostrado en las últimas semanas por la decisión de seguir avanzando militarmente en el Líbano, la intención desde un principio de Israel no era invadir Irán sino atacar de nuevo el país vecino, ocuparlo en parte y consolidar una zona de "seguridad" de cerca del 10% del territorio libanés. Una eufemística forma de calificar a una anexión en toda regla.
Anexión respaldada por todos los grupos del Gobierno y el Parlamento israelíes partidarios del "Gran Israel", un Estado judío mucho mayor que el actual, expandido a Gaza, Cisjordania (ya horadada por cientos de miles de colonos ilegales hebreos), los ocupados Altos del Golán sirios y ahora buena parte del Líbano, al sur del río Litani, cuyos puentes ha volado ya el Ejército judío para que ese cauce fluvial sirva de línea fronteriza mientras el sur libanés es convertido en nueva tierra de promisión para nuevos asentamientos.
De hecho, las conversaciones con el Gobierno libanés en Washington pueden estar orientadas precisamente a la delimitación de esa parte del Líbano que a partir del momento en que se firme un alto el fuego en esta guerra pase a ser controlada y "gestionada" por Israel.
Así lo apuntó el propio Netanyahu al señalar que su Gabinete apuesta por "un acuerdo de paz histórico y duradero" mediante las "negociaciones directas" emplazadas con el Gobierno libanés.
Trump ninguneado por Netanyahu
El problema para Netanyahu puede estar en que se haya pasado de frenada con una estrategia que a quien peor deja es a Trump. Si Irán acaba abandonando las negociaciones de este fin de semana en Islamabad, el presidente estadounidense puede verse en una complicada tesitura: volver a una guerra que en realidad le viene muy grande a la Casa Blanca y que posiblemente nunca buscó, o presionar a Israel para que se retire del Líbano, con una determinación que le falta a la Administración Trump con su aliado de Oriente Medio.
Si bien Trump acusa a Irán de violar el alto el fuego con sus nuevos ataques a los países del Golfo Pérsico aliados de EEUU, los iraníes responden que la continuación de la ofensiva israelí en el Líbano es realmente la mayor de las vulneraciones de la tregua.
Hizbulá rechaza la asimilación del Líbano por Israel
En todo caso, el grupo Hizbulá tampoco está dispuesto a un acuerdo con Israel y menos aún tras la hecatombe militar desencadenada sobre el Líbano, que ha golpeado con una fuerza inusitada a una organización ya tocada por las ofensivas israelíes de los dos últimos años.
Cuando esta vez EEUU e Israel comenzaron a bombardear Irán, su mayor aliado en la región, Hizbulá, respondió con el lanzamiento de varios cohetes sobre territorio israelí. A pesar de que ese primer ataque no causó víctimas mortales, la respuesta del Ejército judío fue brutal y desmesurada. Hizbulá había mordido el cebo y ofrecido de nuevo a Israel el pretexto para terminar el trabajo que había empezado en 2024.
Este viernes, el jefe y secretario general de estas milicias proiraníes, Naim Qasem, pidió al Gobierno libanés que no hiciera "concesiones gratuitas" a Israel la próxima semana en Washington, pues, resaltó, son los libaneses los "legítimos dueños" del Líbano.
"Los sacrificios nos hacen aferrarnos aún más a la liberación de nuestra tierra y a nuestra dignidad", afirmó Qasem, remarcando así que la guerra de Hizbulá contra Israel no es ya una guerra religiosa ni en defensa de Irán o de los palestinos, sino una lucha por la propia soberanía, para impedir la conquista y asimilación del Líbano por el Estado judío.



Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.