Entrevista a Paola Caridi, historiadora y ensayista"Europa tenía el deber de prevenir y detener el genocidio en Gaza. No hizo ninguna de las dos cosas"
Los naranjos, las moreras y los sicomoros son, en la obra de Caridi, testigos de la historia del pueblo palestino y de su colonización.

Madrid--Actualizado a
Pensar el árbol es, para la historiadora y ensayista italiana Paola Caridi, pensar en el paso del tiempo de forma no lineal. Observar lo "no-humano" permite transgredir los límites nacionales para entender los vínculos preexistentes a la elevación de los muros de hormigón, las alambradas, las órdenes de derribo, las zonas de entrenamiento militar y los checkpoints.
"Si se mira bien", propone Caridi, "si se observan con atención los detalles del paisaje en el que hoy estamos inmersos, todavía se perciben las huellas de una historia que va mucho más allá de lo humano". El ejercicio no es difícil. Consiste en trazar la genealogía del pueblo palestino a través de los árboles que quedan y de sus ausencias. "Cavar en la historia", como quien hunde los dedos en la tierra, permite seguir el rastro del colonialismo, de las hambrunas, pero también de los momentos de esplendor.
Por ejemplo, el que vivió la ciudad costera de Jaffa –ahora integrada en Israel– gracias a sus plantaciones de naranjos, que enriquecieron a los comerciantes –ingleses– y salvaron del escorbuto a los marineros que cruzaban el Mediterráneo. Aquello convirtió el enclave portuario en el punto de referencia de la cultura árabe de principios del siglo XX. Caridi pone el foco en la tierra para restaurar su memoria de los palestinos, esa que Israel pretende sepultar bajo toneladas de escombros y avances coloniales.
¿Nos olvidamos de la tierra, propiamente dicha, cuando hablamos de la guerra?
Sí, la tierra es como el fondo de una obra de teatro. No nos centramos en ella porque pensamos que no es tan importante. Una de las narrativas que hemos escuchado sobre el conflicto palestino-israelí, y que es falsa, es eso de "un pueblo sin tierra para una tierra sin pueblo". Así que podemos pensar que la tierra es importante si analizamos esta guerra. Pero lo que se ha hecho ha sido lo contrario.
Hemos pensado en los israelíes y los palestinos y nos hemos olvidado de la tierra, incluso en un caso donde esta narrativa está tan presente. Si pensamos en la relación entre estas dos comunidades y la tierra, entendemos mejor el genocidio que está sucediendo en Gaza. Los israelíes piensan en propiedad, dominación, posesión. Lo vemos hoy en día, por ejemplo, en cómo se están comportando los colonos y las fuerzas armadas israelíes en Cisjordania.
¿Cómo piensan en la tierra los palestinos?
La actitud que tienen hacia ella es de pertenencia, no de posesión. Son "parte de" y se consideran a sí mismos como uno de los elementos del sistema, ecosistema, tierra...como quieras llamarlo. Así que, si niegas la tierra, si quemas los árboles, si destruyes la cultura y los lugares arqueológicos de Gaza, si borras completamente edificios, también se lo estás haciendo a los seres humanos, porque todo ello forma parte de un mismo sistema.
En su libro explica que la sombra del sicomoro sirvió de plaza pública a muchas generaciones de palestinos. Parece que esa posibilidad, de descanso y divertimento, ha sido engullida por el genocidio. ¿Nos hemos olvidado de estos elementos en la narrativa sobre la guerra?
Para mí no es posible pensar en el futuro porque, en primer lugar, tenemos el deber de detener el genocidio. En tanto que seamos capaces de hacer esto, podremos imaginar el futuro. Así que, ¿vamos a detener el genocidio antes de la expulsión de los palestinos de Gaza o seremos capaces de detener el genocidio después? La cosa cambia mucho. Pero tienes razón, no estamos pensando en Gaza de una manera compleja.
¿Cómo sería eso?
Para empezar, cuando pensamos en Gaza en realidad solo estamos pensando en la Franja. Pero Gaza es algo más grande y extremadamente antiguo. Nosotros, como analistas, como periodistas, nos centramos en las noticias de última hora que ocurre en una tierra muy pequeña, de unos 365 kilómetros cuadrados, a la que la historia ha llamado la Franja de Gaza. Pero eso tampoco es Gaza. Gaza es una ciudad que desde 1948 está dentro de la Franja de Gaza.
Israel está acabando con la Franja, pero no está acabando con Gaza en su totalidad, porque esta es también el mar, la tierra y la historia
No estamos pensando en los 5.000 años de historia de Gaza ni en el hecho de que el nombre de la ciudad de Gaza tiene 3.500 años, algo que es muy raro en la historia. Si lees a los a los geógrafos e historiadores de la antigüedad, verás los mil sicomoros que había entre Rafa y Gaza, que se cortaron en los años 80's porque la Franja era muy pequeña y había que construir edificios.
Si tuvieras la oportunidad de ir a Gaza verías que para los gazatíes, el mar frente a Gaza es tan importante como la tierra. Israel está acabando con la Franja, pero no está acabando con Gaza en su totalidad, porque Gaza es el mar, es la tierra y es la historia. Es el lugar donde se fundó una de las primeras escuelas cristianas en la historia y que fue extremadamente importante: la Escuela Patrística de Gaza, en el siglo IV después de Cristo. ¿Vamos a ignorar también esto? Nos lo pregunto a nosotros, como Estados que están apoyando el genocidio israelí. Es nuestro genocidio.
¿Cuál es la responsabilidad de Europa en él?
El concepto de genocidio está extremadamente codificado, y esta es también la razón por la que es nuestro genocidio, legalmente y jurídicamente. La convención sobre el genocidio de 1948 establece que nosotros –Europa– teníamos que prevenir el genocidio. Nuestro deber legal era prevenir y detenerlo. No hicimos ninguna de las dos cosas, así que estamos legalmente obligados a detenerlo.
En el libro recoges algunos pasajes del colonialismo inglés y francés ¿Existe un paralelismo entre colonialismo y genocidio?
El genocidio es extremadamente diferente del colonialismo y el imperialismo, aunque es posible que el genocidio sea uno de sus resultados. Hay que indagar en la historia del colonialismo y el imperialismo para encontrar genocidios dentro de ella. Por supuesto, se puede hablar de genocidio de los pueblos nativos en América del Sur cuando se mira el colonialismo español. También si piensas en lo que hicieron en el Congo los belgas, lo que Alemania hizo en África durante el corto tiempo del colonialismo alemán o lo que los italianos hicieron en el norte de África contra los pueblos nativos de allí. Quiero decir, históricamente hemos llevado a cabo masacres y exterminio.
Como historiadora, creo que lo que tenemos que hacer ahora mismo es definir el genocidio palestino. Indicar con precisión lo que Israel está haciendo en Gaza para que los perpetradores vayan ante un tribunal. Pero, por supuesto, también es nuestro deber recuperar nuestra historia y entender si históricamente cometimos genocidios a lo largo de los siglos. Tal y como explicó de manera muy clara Hannah Arendt, el holocausto judío no fue el único genocidio en la historia del mundo.
Cuando miramos hacia atrás para encontrar en nuestra historia el origen de la actual situación de Oriente Medio, vemos que los límites nacionales eran diferentes. Mirar los árboles nos permite transgredir los límites actuales. ¿Qué crees que aporta superar la narrativa nacional al explicar la situación de un territorio?
Para mí cambia nuestra mirada, que está extremadamente contaminada por una narrativa nacionalista. Mi generación intentó romper las fronteras nacionales y nacionalistas, pero estas regresaron.
Europa intentó aprovechar la crisis del Imperio Otomano e impuso fronteras para poder controlar el llamado Medio Oriente, el suroeste de Asia. Imaginó e inventó estados nacionales y nacionalistas: el Líbano, Siria, Irak y así sucesivamente. Llevamos más de un siglo intentando reescribir o rediseñar Oriente Medio. Es hora de que paremos, por favor.
Llevamos más de un siglo intentando reescribir o rediseñar Oriente Medio. Es hora de que paremos.
Al final, los árboles y, en general, lo no-humano, es una forma de entender lo que era el suroeste de Asia antes de la imposición de un diseño nacionalista de Medio Oriente. Los árboles nos contarán más cosas. Los sicomoros, por ejemplo, nos contarán más sobre Gaza y no tanto sobre la Franja de Gaza. Liberarán a Gaza de la Franja de Gaza.
La idea de ver la tierra sin las fronteras que le pusimos, sin el muro de separación como aquel de hormigón que Israel construyó sobre los olivares palestinos de Belén o de Ramala, es algo completamente diferente. También nos dice más a nivel global de la historia del mundo.
¿Por ejemplo?
Lo que el colonialismo botánico de Gran Bretaña hizo, por ejemplo, en la India o en China, rediseñando paisajes como las plantaciones de té, nos dice mucho sobre la jaula nacionalista y la colonialista en la que fuimos puestos, encarcelados. Esto es especialmente evidente cuando observamos cómo la empresa sionista inventó, diseñó un paisaje para Palestina. Plantaron cientos de millones de árboles no nativos para que el paisaje estuviera más cerca de su imaginario.
Que era más europeo...
Sí, era más europeo. Y más parecido a las pinturas con las que nos educamos en Europa. Las colinas que vieron [los migrantes europeos y judíos] en las pinturas del Renacimiento, eran más queridas, más admiradas en sus corazones que el tipo de árboles autóctonos que ya había allí: los olivos, las moreras, los albaricoqueros, los almendros.
¿Cree que los periodistas, cuando hablamos del genocidio en Gaza, estamos muy atrapados en esta narrativa nacionalista? ¿Qué opinión tienes de cómo se está cubriendo el genocidio en Italia?
Sobre esto, Houston, tenemos un problema. En Italia ha habido durante mucho tiempo más apego a la narrativa israelí que a lo que realmente estaba sucediendo. Hace pocos meses que el sistema mediático se ha reposicionado. Varios otros amigos creamos el grupo "Gaza Last Day" y abrimos una discusión sobre el uso de la palabra "genocidio" en el debate público. Y ganamos.
En dos meses la narrativa cambió, y no lo digo porque no sea modesta, sino porque creo que, probablemente, la opinión pública se sentía muy sola y necesitaba a alguien. No a mí, o a otros, sino a cualquier persona que abriera la puerta a la libertad de expresión y a la posibilidad de usar el término "genocidio".
El sistema político entendió que había un consenso público sobre Gaza. Así que ahora es posible usar la palabra genocidio sin ser señalado. En este sentido, ahora estamos cruzando el Rubicón [ya no hay vuelta atrás], pero es un camino largo y, mientras tanto, la gente en Palestina sigue muriendo. Muriendo no, perdón, siendo asesinada.




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