El buen arranque de la campaña de Mélenchon hace soñar a la izquierda en Francia
Pese a la división de las fuerzas progresistas en varias candidaturas, el candidato de la Francia Insumisa ha iniciado con fuerza la precampaña de las elecciones presidenciales francesas de la próxima primavera.

París-
“No tenemos miedo a decirlo. Ganaremos y estamos preparados para gobernar”. Jean-Luc Mélenchon, candidato de la Francia Insumisa (afines a Sumar o Podemos), concluyó con estas palabras su discurso del sábado en la Fiesta de L’Humanité. Eran las cinco de la tarde y un público multitudinario se había reunido en el interior y en la parte exterior del estand de esta formación republicana y socio-ecologista, donde el público gritaba “Ganaremos” y la conocida proclama Siamo tutti antifascisti (“Seamos todos antifascistas”). El interés del público por la intervención del veterano líder insumiso, de 75 años, era tal que costaba andar por esa zona de la Fiesta de L’Humanité.
Este evento político, musical y cultural representa uno de los momentos más relevantes del inicio del curso político para los partidos de izquierda en Francia. Organizado por el diario de izquierdas L’Humanité —propiedad del Partido Comunista, pero con un funcionamiento independiente—, reúne cada año más de 500.000 asistentes en un gran descampado al lado de una base militar en el sur de la región de París. De hecho, se trata de un momento propicio para medir la temperatura de las formaciones progresistas en el país vecino.
Un sentimiento político predominaba este año entre los asistentes y en los mostradores de la 91ª edición de este festival político-cultural: el rol central y casi hegemónico de Mélenchon en la izquierda francesa. “Es el inicio de campaña más prometedor de la Francia Insumisa”, presumía Antoine, de 23 años y estudiante en París de un máster en Finanzas y Autogestión, tras haber seguido el mitin del cuatro veces candidato en unas presidenciales (2012, 2017, 2022 y 2027). Como muchos de los jóvenes presentes en la Fiesta de L’Humanité, este militante insumiso llevaba una camiseta de la selección francesa con el apellido del aspirante insumiso y el número 27, en referencia al año de la cita electoral.
A diferencia de sus anteriores intentos fallidos para llegar al Elíseo, los sondeos sonríen ahora a Mélenchon desde el inicio de la campaña. Los últimos estudios de opinión, que deben cogerse con pinzas, le otorgan una intención de voto del 19-16% y pronostican un casi empate con el macronista Édouard Philippe para la segunda posición. La ultraderechista Marine Le Pen (35-32%) parte como favorita de cara a la primera vuelta de unos comicios que se prevén inciertos y ajustados. Estos se celebrarán el 18 de abril (primera vuelta) y el 2 de mayo del año que viene (segunda). Y no contarán con la participación del presidente francés, Emmanuel Macron, debido al tope constitucional de dos mandatos.
“Dinámica a favor de Mélenchon”
Otro factor que alimenta el optimismo de los militantes y simpatizantes insumisos es el aspecto imponente de los mítines de Mélenchon. Tras haber reunido más de 20.000 personas en su primer mitin de esta campaña el 7 de junio en Saint-Denis, había recibido el apoyo de 10.000 el 23 de agosto durante el acto de cierre de la universidad de verano de su partido en Valence, en el sudeste del territorio galo. El 3 de septiembre, fueron varios miles aquellos que lo escucharon durante otro discurso en la Braderie —un concurrido mercado de antigüedades— de Lille. Y ahora volvió a ser el centro de las miradas en la fiesta del diario del Partido Comunista, cuyo presidenciable, Fabien Roussel, quedó claramente eclipsado por el aspirante insumiso.
El equipo de comunicación de los insumisos no duda en compartir en las redes sociales las imágenes de los públicos multitudinarios que reúne el aspirante insumiso, conocido en Francia por su talento como orador, así como su fuerte carácter, que le ha jugado más de una mala pasada. Evidentemente, las elecciones no se ganan en función de los asistentes en los mítines, sino de las papeletas en las urnas. Al presumir de los mítines masivos de su aspirante —ni Le Pen, ni Philippe ni el macronista Gabriel Attal se acercan a cifras parecidas—, la Francia Insumisa intenta dar un mensaje a los votantes de los otros partidos de izquierda: el único aspirante progresista para clasificarse para la segunda vuelta es Mélenchon.
“Soy militante de Los Ecologistas (verdes franceses), pero no puedo negar que la dinámica actual está del lado de Mélenchon”, explicaba a Público Ugo Guillerme, de 25 años, una joven mujer transexual mientras hacía cola para pedir una cerveza en uno de los mostradores de la Fiesta de L’Humanité. Su amigo Antoine, simpatizante insumiso, presumía de que “algunas de las propuestas de los insumisos centran ahora mismo el debate político” en el país vecino.
Así sucedió la pasada primavera cuando hizo correr ríos de tinta el concepto mélenchonista de la “Nueva Francia”, más mestiza, multicultural, femenina y joven. El líder insumiso centró sus intervenciones en torno a la lucha contra el cambio climático durante un verano asfixiante, marcado en Francia por grandes incendios y cinco olas de un calor intenso. En concreto, puso sobre la mesa las “eco-regiones”, una reforma territorial que redefiniría las regiones en función de los ríos y las costas marítimas. También propuso una conscripción climática, es decir, que una parte de los jóvenes de cada generación reciba una formación obligatoria en tareas de preservación de la naturaleza y pase a formar parte de los grupos de voluntarios de los bomberos o agentes forestales.
Polémica por la anulación de la deuda francesa
Mélenchon centró el sábado su discurso en la lucha contra la inflación, acentuada por la crisis energética por la guerra en Irán, y en otra medida que está dando que hablar en Francia: su propuesta de suprimir la deuda francesa que posee el Banco Central Europeo, que representa entre el 20% y el 25% de la deuda pública gala.
“El macronismo nos ha quitado un gran margen de maniobra presupuestario”, dijo el aspirante insumiso refiriéndose al mal balance en materia económica de Macron, que ha aumentado a lo largo de su presidencia en más de un billón de euros el endeudamiento del país. Esta propuesta de que el BCE anule su parte de la deuda francesa ha suscitado duras críticas por parte de sus adversarios, siendo tachada de “ilegal, peligrosa e inútil” por el presidente del Banco de Francia, el macronista Emmanuel Moulin.
“El hecho de que lo critiquen tanto sus rivales y en los grandes medios me parece que demuestra cierta fortaleza. Muestra que es el único aspirante de izquierdas con opciones para clasificarse para la segunda vuelta”, afirmaba Sacha Levy, estudiante de ingeniería y filosofía, mientras seguía uno de los debates en el evento de L’Humanité. Este simpatizante de la izquierda radical no parecía demasiado preocupado por la multiplicación de candidaturas progresistas de cara a los comicios del año que viene.
¿Se repetirá el fracaso de 2017 y 2022?
A diferencia de lo que sucedió en las elecciones legislativas de 2022 y 2024, cuando insumisos, socialistas, comunistas y verdes se presentaron en una misma coalición, ahora afrontan divididos los comicios del año que viene. “La izquierda corre el riesgo de sufrir una situación parecida a la que se produjo en las presidenciales de 2017 y 2022”, cuando su división contribuyó a que ningún aspirante progresista se clasificara para la segunda vuelta, a pesar de que entonces el candidato insumiso ya consiguió alrededor del 20% de los votos, advierte el analista Fabien Escalona, periodista en el diario digital Mediapart. Este experto en el progresismo galo se muestra escéptico respecto a una hipotética victoria de Mélenchon, “debido a la detestación de su figura entre las élites y una parte de la población”.
La propuesta de celebrar unas primarias de las principales formaciones de izquierdas acabó siendo un fracaso. El comunista Fabien Roussel anunció el 3 de septiembre su intención de presentarse. La ecologista Marine Tondelier también anunció su candidatura al Elíseo, aunque podría retirarla ante sus bajas intenciones de voto (del 3%). Si al final hay 50 candidaturas de izquierdas y ninguna de ellas se clasifica para la segunda vuelta, sería un fracaso total”, advierte la militante ecologista Guillerme, quien no disimula su preferencia de que Tondelier “retire su candidatura y apoye a Mélenchon”. “Pero es cierto que mi partido está dividido” entre los que se decantan por pactar con los insumisos y los que apuestan por una alianza con los socialistas.
El Partido Socialista (PS) elegirá a su aspirante en octubre en unas primarias cerradas. Este proceso interno se ha visto rodeado en las últimas semanas por una serie de polémicas, como el precio (15 euros para poder votar) o el veto a algunos candidatos; por ejemplo, el insumiso disidente François Ruffin. Parece un escrutinio hecho a medida para que lo gane el eurodiputado Raphaël Glucksmann, de 46 años y que lidera el pequeño partido Plaza Pública. Cuenta con una intención de voto del 10% en los sondeos.
Este representante social-liberal es conocido por su hostilidad hacia la Francia Insumisa —a principios de año comparó a Mélenchon con el ultraderechista Jean-Marie Le Pen—, así como sus posiciones atlantistas en asuntos internacionales. Su principal rival en esas primarias es el secretario general de los socialistas, el poco carismático Olivier Faure. El favoritismo de Glucksmann refleja el peso creciente del ala derecha del PS.
A pesar de que esta histórica formación frenó su declive en los últimos años gracias a sus alianzas electorales con los insumisos, sus sectores más conservadores se impusieron en las últimas votaciones de la dirección nacional, lo que dificulta que esos pactos unitarios se repitan. Por un lado, esta situación lleva el progresismo galo a un escenario en que coexistan dos izquierdas aparentemente irreconciliables. Por el otro, deja a Mélenchon un considerable espacio electoral. Los socialistas prefieren disputar a los partidos afines a Macron los votantes de centro-izquierda en lugar de competir con los insumisos para seducir a los jóvenes y clases populares. Es una configuración propicia para la Francia Insumisa.



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