La crisis de los drones con Rusia y la nerviosa respuesta europea constatan el fracaso negociador de Trump en Ucrania
Moscú reta a Europa con la incursión de drones en Polonia y sus maniobras militares en sus fronteras, y evidencia la fragilidad de la estrategia de Trump para Ucrania.

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A la crisis desatada con la incursión de drones rusos en Polonia, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha respondido con un chantaje a sus propios aliados europeos: si quieren que Washington sancione a Moscú, tendrán que dejar de comprarle petróleo y adquirirlo, por tanto, de EEUU. Además, deberán disparar incluso hasta el 100% sus aranceles a China como coacción ante las compras de crudo de Pekín a Moscú. Las perspectivas de que esta estrategia ayude a terminar la guerra de Ucrania son ínfimas y Rusia quiere dejarlo muy claro.
Supuestamente, Trump quiere castigar el apoyo económico de Pekín a Moscú, pero en realidad tal extorsión, que denota una posición despótica de EEUU ante Europa, simplemente es un paso más en la cruzada comercial emprendida por la Casa Blanca contra China. Trump cada día que pasa muestra menos interés por el conflicto de Ucrania y apuesta más por sacarle el mayor rédito económico posible a todo el mundo implicado en esa contienda directa o indirectamente, en primer lugar a sus "amigos" europeos en la OTAN.
En estos momentos, el único logro de Trump en su estrategia de "pacificación" para Ucrania ha sido la debilitación de Europa, en su economía y en su cohesión noratlántica. Un éxito que solo beneficia a la plutocracia en que se ha convertido EEUU con Trump al frente. Si los países europeos declaran la guerra arancelaria a China, una guerra que Trump ya perdió ante Pekín, eso supondrá la quiebra comercial de Europa, su supeditación total a EEUU y la exclusividad de trato con los chinos para las empresas estadounidenses.
Trump lo quiere vender de otra forma: "Si la OTAN hace lo que digo, la GUERRA terminará rápidamente y todas esas vidas se salvarán. Si no, solo están desperdiciando mi tiempo, y el tiempo, la energía y el dinero de Estados Unidos". Así lo indicó en una carta enviada este sábado a los miembros de la Alianza Atlántica, en la que demandaba también que los países de la OTAN que aún compran crudo ruso dejen de hacerlo. Oficialmente lo hacen Turquía, Eslovaquia y Hungría, pero son muchos más los que adquieren indirectamente ese hidrocarburo a través de terceros países.
La histeria europea
Todo esto en medio de la auténtica histeria prebélica europea desatada por la entrada de un enjambre de drones rusos en Polonia el jueves pasado y las maniobras militares a gran escala entre Rusia y Bielorrusa, que comenzaron el viernes y se prolongarán hasta el martes próximo. Unos ejercicios militares de gran calado por el tiempo en que ocurren, pero que no son superiores a otros similares organizados por Moscú.
En estos momentos, son muchas las voces entre los aliados europeos de la OTAN que ven estos ejercicios como el preámbulo de un ataque ruso sobre Europa del este, aunque nadie sepa cómo puede ser ese golpe, sobre todo partiendo de una superpotencia que está empantanada militarmente en Ucrania.
Según el Ministerio de Defensa ruso, la agenda de las maniobras contempla ejercicios militares de eliminación de grupos subversivos en las cercanías de Minsk, a menos de 500 kilómetros de la frontera polaca. También participa la flota rusa del Báltico y las unidades del mar de Barents, unidades de artillería y baterías de misiles, escuadrillas de bombarderos Tu-22M3 y prácticas con armas nucleares tácticas y misiles hipersónicos Oréshnik, una de las armas más poderosas del arsenal ruso. Este domingo, la armada rusa disparó en el mar de Barents el misil de crucero hipersónico Zircon, indetectable por los sistemas antiaéreos.
Hay quienes en Europa comparan las maniobras Zapad (Oeste) con las que, bajo el mismo nombre, desplegó Rusia en 2021 pocos antes de la invasión de Ucrania en febrero del año siguiente. Incluso vaticinan una inminente provocación armada rusa en las fronteras de Lituania o Polonia. No importa que las actuales maniobras sean mucho menores y estén diversificadas entre los ejercicios terrestres y los que se desarrollan en el Báltico y el Ártico. Tampoco importa que apenas participen 30.000 militares, de ellos solo una tercera parte tropas de combate, en comparación con los 200.000 soldados rusos que intervinieron en las maniobras Zapad de 2021.
Una oportunidad para el militarismo europeo
El ministro polaco del Interior, Marcin Kierwinski, afirmó rotundo que estas maniobras están directamente dirigidas contra Polonia y la Unión Europea. La respuesta rusa no se hizo esperar y la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, acusó a Varsovia de dar "pasos hacia la confrontación" y "justificar una estrategia de escalada de tensiones en el centro de Europa".
Son los militaristas europeos quienes más se frotan las manos ante el frenesí provocado en la OTAN y la UE por los últimos pasos que ha dado Rusia. Un primer efecto fue el anuncio por la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, de la creación de un "muro de drones" que acelerará los planes de rearme del viejo continente proclamado meses atrás por esta misma dirigente.
Un día después, el viernes, la OTAN anunciaba la puesta en marcha de una nueva iniciativa de defensa denominada Eastern Sentry (Centinela del Este), cuyo objetivo sería reforzar la seguridad del flanco oriental de Europa. Países como Alemania, Dinamarca, España, Francia y Reino Unido se han apresurado a sumarse a esta iniciativa, aún en pañales.
Aparentemente, la nueva misión, que se puso en marcha ya el pasado viernes, supondrá la participación y coordinación de aviones y bases militares de la OTAN para dar una respuesta rápida ante una nueva violación del espacio aéreo aliado. La incursión de unos 19 drones rusos el jueves en Polonia fue interceptada y algunos de esos aparatos derribados por cazas de la OTAN, en la primera respuesta armada del bloque contra armamento ruso en lo que va de guerra de Ucrania. Lo curioso es que fue el propio Gobierno bielorruso el que avisó sobre la entrada de los drones en territorio OTAN y Minsk no da un paso sin el conocimiento y consentimiento de Moscú.
Blindar Europa del este
Lo que parece más importante no es que se disparen los niveles de alerta de la OTAN en sus fronteras con Rusia. Este incidente y la iniciativa Centinela del Este darán a los aliados la excusa para trasladar más tropas y efectivos hacia las inmediaciones con Rusia. Lo mismo que pretendía, pero en territorio ucraniano, el presidente Volodímir Zelenski antes de que comenzara la invasión rusa y que hoy día es ya algo imposible pues Moscú lo consideraría como una declaración de guerra.
El Kremlin rechaza la aproximación de fuerzas de la OTAN a sus fronteras, pero a la vez le dan el argumento para reclamar la neutralidad de Ucrania en unas eventuales conversaciones de paz.
Pese al rechazo ruso a la presencia de tropas europeas en Ucrania, incluso como fuerzas de "paz" tras alcanzarse un hipotético alto el fuego, varios países, como Francia y Reino Unido, apuestan por ese despliegue como un hecho que más tarde o más temprano impondrán a Rusia.
Es de esperar que en breve la OTAN ponga en marcha unas maniobras similares a las lanzadas por Rusia, como ocurrió en 2021. De momento Alemania está desarrollando en el mar Báltico unos ejercicios de simulación denominados Quadriga, sobre un eventual despliegue rápido en Lituania de fuerzas de la OTAN.
El fracaso de Trump en Ucrania
Toda esta situación, que plasma la ansiedad de Europa ante su incapacidad para revertir la ocupación rusa de una quinta parte de Ucrania, resalta igualmente la ineptitud de Trump para detener la guerra. Si en un principio el líder estadounidense se jactaba de su cercanía con el presidente ruso, Vladímir Putin, al que el 15 de agosto llegó a recibir en Alaska, ahora puede constatar que el Kremlin sigue su propia hoja de ruta y que en realidad no está ahora más cerca de los intereses estadounidenses que en tiempos del antecesor de Trump en la Casa Blanca, Joe Biden.
Por eso el tono intimidatorio lanzado a los países europeos para que boicoteen sus relaciones con China a cambio de unas vagas sanciones estadounidenses sobre Rusia que no dañarán la economía de este país denota, sobre todo, la debilidad cada vez mayor de la Casa Blanca y remarca que el rey está desnudo y solo puede imponer su despotismo en su propio país, con persecuciones supremacistas y amenazas abiertas de una confrontación civil.
Lo indicó ya el Kremlin esta semana: el proceso de negociación con Ucrania está "en una pausa". No solo son los ataques masivos rusos con más de 800 drones y decenas de misiles de golpe contra Kiev y otras grandes ciudades, o sus avances en el este de Ucrania (importantes, pero incapaces de dar la victoria definitiva a Moscú). Ucrania sigue golpeando a su vez el sistema energético ruso, como lo demostró este domingo la lluvia de drones con las que Kiev atacó una de las mayores terminales de petróleo rusas en el Báltico, justo en medio de las citadas maniobras de Rusia y Bielorrusia en la región.
El ataque con drones fue contra la terminal portuaria petrolera de Primorsk, que es la estación final del sistema de oleoductos del Báltico y una de las principales salidas de las exportaciones de crudo de Rusia. También dañó severamente la refinería de Kirishi, en la misma región de Leningrado. Según la Casa Blanca, los ataques a este tipo de terminales y a las refinerías rusas han desmantelado el 20% de la capacidad de refinado de crudo de Rusia.
En estas circunstancias, las compras de gas y petróleo rusos por países como China o India son claves para impedir el colapso económico de Rusia. Es entonces cuando las amenazas de Trump a Europa para que dejen de comerciar prácticamente con Pekín y embarguen sus últimas importaciones de crudo ruso se convierten en un ataque directo contra Moscú y no es de extrañar que Rusia apueste por continuar la contienda y se fíe cada vez menos del presidente estadounidense.
La propia jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, lo dijo esta semana también. La guerra se prolongará al menos dos años más. El mensaje no era tanto para los gobiernos europeos como para EEUU. Y su traducción al lenguaje llano es sencilla: señor Trump, no está logrando la paz rápida que prometió y lo único que está haciendo con sus acciones erráticas es enquistar la guerra y debilitar Europa.
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