Los europeos temen cada vez más un ataque de Trump
El 21% de los ciudadanos del continente considera que su país puede ser objeto de una agresión militar de Estados Unidos.

Bruselas-
Las humillaciones y amenazas de Donald Trump contra la Unión Europea han ido a más desde que recuperó la Casa Blanca. Después de iniciar una guerra comercial y ningunear a sus aliados europeos en la mesa de negociaciones de Ucrania y Gaza, el presidente estadounidense cruzó una línea roja inédita: amenazar con invadir territorio soberano, Groenlandia, de un Estado miembro de la Unión Europea y socio de la OTAN, Dinamarca.
Pocos días después de lanzar las amenazas, Trump dio marcha atrás y anunció que había llegado a un acuerdo con el secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte. Aunque aún no se saben los detalles de este pacto, el presidente de Estados Unidos descartó el uso de la violencia para apoderarse de Groenlandia, que era el principal temor de Copenhague y del resto de los aliados europeos.
Sin embargo, la actitud del magnate neoyorquino ha hecho mella entre los ciudadanos europeos y cada vez son más los que ven a la administración Trump como un peligro real. Según una encuesta publicada por el diario Le Grand Continent realizada el 23 de enero, un 21% de los europeos creen que Estados Unidos podría entrar en guerra contra su Estado. En cambio, casi solo la mitad, solo el 11%, considera que su país podría entrar en un conflicto armado con China. Cabe recordar que, mientras la Unión Europea considera a Estados Unidos su principal aliado, tiene calificado al gigante asiático como un "rival sistémico".
Además, la encuesta del periódico francés recoge que el miedo de los europeos de siete países (Francia, Alemania, España, Italia, Bélgica, Polonia y Dinamarca) de que llegue un conflicto armado entre la potencia norteamericana y su país ha crecido, y mucho, durante el último mes. En concreto, ha crecido un 110%, ya que en diciembre solo contestaron que lo veían posible un 10% en un barómetro hecho por Le Grand Continent.
Como es lógico, donde hay más ciudadanos que ven más posible una agresión estadounidense contra su país es en Dinamarca, que es el Estado que ha recibido durante días amenazas constantes de una invasión por parte de Trump después de que atacara contra Venezuela. El 44% de los daneses respondieron que existe un "alto riesgo" y el 13% un riesgo "muy alto" de entrar en guerra contra Estados Unidos.
La estrategia de Trump
Los expertos consultados por Público ven poco probable que Estados Unidos ataque a un Estado miembro o territorio comunitario, así como otro aliado de la OTAN. Sin embargo, tal y como apunta Federico Tomasone, encargado de los proyectos relacionados con los derechos sociales en la Fundación Rosa Luxemburgo, Trump está "expresando de manera muy abierta una forma de imperialismo muy abierto", el cual "no tiene ni por barreras el derecho internacional". Así, además de las amenazas sobre la soberanía de Groenlandia y Dinamarca, Tomasone pone de ejemplo el caso de Venezuela. "Es normal que cambie la percepción de la gente sobre la seguridad respecto a Estados Unidos", añade.
En la misma línea, el catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad de Barcelona Cesáreo Rodríguez-Aguilera responde que "descartaría un ataque militar", aunque comprende absolutamente que la "desconfianza" de los europeos sobre Estados Unidos vaya a más. Aunque Rodríguez-Aguilera cree que Trump tiene la intención de ampliar el territorio estadounidense con Groenlandia, ve "inverosímil" que un aliado de la OTAN ataque a otro. Además, el experto de la UB recuerda que Estados Unidos ya podría recuperar las 17 bases que tenía en la isla ártica durante la Guerra Fría.
Tanto Rodríguez-Aguilera como Tomasone coinciden que las humillaciones y las amenazas es una estrategia del presidente de Estados Unidos para conseguir sus objetivos. "Es un estilo un poco mafioso. Pone el listón altísimo, hace demandas de entrada imposibles y, aunque no acabe consiguiendo el 100% de ellas, sí que lleva una gran parte", apunta el profesor de la Universidad de Barcelona. "Veo esta actitud como una manera muy agresiva de exagerar y ganar posiciones en las discusiones", añade el encargado de los proyectos relacionados con los derechos sociales en la Fundación Rosa Luxemburgo.


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