La UE busca en la India la amistad perdida con Estados Unidos, China y Rusia
Bruselas y Nueva Delhi negocian para cerrar un gran acuerdo comercial antes de que se acabe el año.

Bruselas--Actualizado a
La Unión Europea es sobre todo una potencia comercial. Después de la Segunda Guerra Mundial, dejó las armas y puso su seguridad a merced de Estados Unidos, bajo el gran paraguas de la OTAN. Sin embargo, el proyecto europeo no dejó de ejercer el conocido como el poder blando y expandir su influencia y exportaciones en todo el mundo a través del comercio. Esta ha sido la base de crecimiento económico y riqueza, pero es una estrategia que ahora se ve truncada por el retorno de Donald Trump, la amenaza creciente que supone China y el imperialismo de la Rusia de Vladímir Putin.
En este contexto, Bruselas se está recolocando en el nuevo orden mundial y, al verse cada vez más sola, está buscando socios alternativos debajo de las piedras y se ha obcecado en firmar un nuevo gran acuerdo comercial con la India. De hecho, en estas primeras semanas del nuevo curso político en las instituciones europeas, diversas autoridades comunitarias ya han viajado hasta Nueva Delhi para avanzar hacia un pacto y el pasado miércoles la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, mantuvo una conversación telefónica con el primer ministro indio, Narendra Modi. Los dos líderes se reafirmaron en el compromiso de zanjar un acuerdo comercial antes de que se acabe el año.
La Comisión Europea ve en la India una gran oportunidad para reducir su dependencia con respecto a Estados Unidos y China, igual que con el acuerdo comercial que está a punto de cerrar con Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia). Bruselas insiste en que el país indio es la democracia más grande del mundo y destaca que la UE y la India significan cerca del 25% de la población y del producto interior bruto (PIB) mundiales. Además, ya tienen una gran relación comercial: el valor total de las transacciones bilaterales asciende año a año y en 2024 alcanzó los 120.000 millones de euros anuales.
Para la Comisión Europea el interés principal es la importación de materiales y productos esenciales para potenciar la industria limpia europea, tales como baterías eléctricas, productos químicos, diamantes o servicios digitales. Además, la UE presiona para reducir los aranceles de la India sobre las importaciones europeas, y poder exportar de forma más económica coches, bebidas alcohólicas y diversos productos agroalimentarios. Por su parte, Nueva Delhi pretende que los trabajadores indios puedan tener un acceso más fácil al mercado laboral de la UE y tener algún tipo de ventaja en sus principales exportaciones al bloque europeo, como la ropa, el acero, productos petroleros, maquinaria eléctrica y, entre otros, productos farmacéuticos.
Ahora bien, Nueva Delhi se muestra reacio a los acuerdos comerciales agroalimentarios y ve como un obstáculo los requisitos medioambientales que impone Bruselas para todos los productos que se importan a la Unión Europea. Además, el Gobierno indio cree que una apertura de su mercado agroalimentario va en contra de su sector primario, que no está tan tecnificado como el europeo y está formado sobre todo por pequeñas y medianas explotaciones. Hay que tener en cuenta que India es un país eminentemente agrícola, ganadero y pesquero, y estas actividades en 2023 supusieron un 16% de su PIB y trabaja en este campo un 44% de su población activa, según datos del Banco Mundial. Por contraste, Bruselas calcula que para la UE el sector primario solo significa el 1,3% de su PIB y ocupa al 5% de sus trabajadores.
El peligro de la equidistancia india
El ataque de Putin contra Ucrania fue un golpe muy duro para la Unión Europea, también en materia comercial. El hecho de que muchos de sus socios comerciales o potenciales nuevos aliados, como Mercosur o la India, hayan adoptado un papel neutral ante el conflicto supone una gran contradicción y complicación para el bloque a la hora de firmar acuerdos con ellos. Sin embargo, el Ejecutivo comunitario hasta ahora relativiza el hecho de que Modi está jugando a dos bandas y se está acercando al bloque que van reforzando Putin y Xi Jinping.
Así, Bruselas mantiene que puede convertirse en un nuevo aliado clave, incluso en materia de seguridad y defensa. La Comisión Europea también obvia que el presidente de Estados Unidos haya presionado públicamente a la Unión Europea para que aplique restricciones contra China e India en el marco del 19º paquete de sanciones que están negociando contra Rusia. De hecho, adoptar un tono más agresivo contra Pequín y sobre todo con Nueva Delhi significaría un paso más hacia el aislamiento de la Unión Europea y, por lo tanto, agudizaría su dependencia a Estados Unidos, tal y como anhela Trump.
En todo caso, y pese a las diferencias sobre la guerra de Ucrania, ambas partes anunciaron este miércoles que en el acuerdo comercial también pretenden incluir un apartado sobre la defensa y potenciar su colaboración en materia de seguridad. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, aseguró en rueda de prensa que, con este acuerdo, Bruselas aspira a mejorar su lucha contra "las amenazas híbridas" y, entre otros, "las flotas de barcos fantasma rusos". Además, pretende aumentar la presión internacional contra Putin por la guerra en Ucrania y evitar que pueda esquivar las sanciones de la Unión Europea. Habrá que ver, sin embargo, hasta qué punto Nueva Delhi tomará partido por Bruselas o continuará haciendo equilibrios, beneficiándose de un acercamiento a la Unión Europea y, a la vez, a Putin.
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