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Evo Morales Un nuevo 'macho' para incitar a la oposición contra Evo Morales

Los enfrentamientos entre Policía, opositores y simpatizantes del gobierno en Bolivia dejan tres muertos, miles de heridos, pérdidas de hasta 800 millones de dólares y un intento de bloqueo con cortes de carreteras y huelgas.

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08/11/2019.- Grupos de manifestantes afines al presidente boliviano, Evo Morales, se manifiestan frente a la Policía Boliviana. EFE/Juan Carlos Torrejón

Bolivia vive en medio de protestas, bloqueos y enfrentamientos. Las movilizaciones que comenzaron la semana del 20 al 26 de octubre cuando el Tribunal Supremo Electoral dio la victoria a Evo Morales en la primera vuelta han aumentado su intensidad con tres fallecidos, miles de heridos, amenazas a líderes sociales e imágenes de disturbios y humillaciones a rivales políticos. Todo con un cambio en la oposición que ha virado de reclamar una segunda vuelta (era el resultado que daba el domingo 20 –día de las elecciones– cuando se paró el escrutinio con el 84% de los votos) a exigir directamente la renuncia de Evo Morales y la convocatoria de nuevas elecciones sin su presencia.

La nueva estrategia tiene, además, un nuevo nombre al frente: Luis Fernando Camacho. El presidente del Comité Cívico de Santa Cruz se ha convertido en el líder de las protestas más por testosterona que por ideas. Su empeño de llevar una carta de renuncia para Evo Morales hasta el palacio presidencial le han alzado como el nuevo referente opositor. Sus 11 horas bloqueado en el aeropuerto de El Alto ante las protestas de los seguidores gubernamentales le hicieron viral . Él representa la línea dura frente a lo que grupos opositores consideran la "tibieza" de Carlos Mesa, segundo candidato más votado en las elecciones. El "Macho Camacho" con el que le animan a este abogado y empresario perteneciente a la burguesía agroindustrial cruceña es una buena muestra de ello.

Su irrupción se ha llevado por delante la petición de una segunda vuelta y la violencia ha tomado posiciones en las calles. El miércoles se vivió una de las jornadas con mayores altercados con manifestaciones en torno al aeropuerto que mantuvieron encerrados a numerosos pasajeros dentro de las instalaciones, enfrentamientos en Cochabamba que dejaron el tercer muerto desde que comenzasen las protestas -un chico de 20 años- así como 89 heridos y choques entre la policía, universitarios opositores y mineros pro gobierno en las calles de La Paz donde hasta se detonó dinamita.

"Tenemos que hacer, como Pablo Escobar y anotar los nombres de los traidores"

Las acciones violentas van más allá de los enfrentamientos. Dirigentes de ambos bandos denuncian presiones, vigilancias y amenazas en aquellas zonas en las que son minoría. “Tenemos que hacer, salvando las diferencias, y sacar la agenda como lo hacía Pablo Escobar, pero solo para anotar los nombres de los traidores de este pueblo porque queremos que el día de mañana vayan presos, pero no por rencor y odio, sino por justicia”, llegó a decir Camacho el pasado día 30 ante sus seguidores.

Desde el MAS, uno de sus integrantes denuncia a Público que en Santa Cruz es el grupo Unión Juvenil Cruceñista, de extrema derecha, el que está “amedrentando a nuestro líderes, esperándolos en esquinas, no dejándoles salir”. Otra de las imágenes que habla por sí sola fue la de la alcaldesa de Vinto (en Cochabamba), Patricia Arce, también del Movimiento Al Socialismo, el partido de Evo Morales. El pasado miércoles, un grupo juvenil opositor la sacó de las dependencias municipales (instalaciones que destrozaron con piedras y fuego), le pintaron de rojo, le cortaron el pelo y le obligaron a pasearse descalza y posteriormente a ponerse de rodillas y pedir perdón . Desde la oposición también señalan a Público este tipo de acosos por parte de los militantes a favor del gobierno, especialmente en El Alto, una zona con fuerte implantación socialista y denuncian que los mineros que apoyan a Evo Morales utilizan dinamita contra los jóvenes para reventar sus protestas.

Mientras se espera a que la Organización de los Estados Americanos (OEA) termine con la auditoría que mostraría si hubo fraude o no, las fronteras terrestres han sido cortadas por grupos de apoyo a la oposición con el objetivo de bloquear y colapsar el país para forzar al gobierno. En esta labor tienen su importancia los motoqueros, grupos de motoristas que se mueven con una bandera tricolor a la espalda por algunas zonas del país como Quillacollo, en Cochabamba, evitando que mineros y campesinos proGobierno desbloqueen las carreteras. “No vamos a permitir que retiren nuestros bloqueos, nosotros acudimos a las llamadas de auxilio de los nuestros”, dice uno de sus integrantes.

Intervención de la OEA

  El paro dura 15 días en ciudades como Potosí y Cochabamba; conexiones como la de Oruro con La Paz también han sido cortadas, según confirma Francisco Javier, un español que reside en la localidad desde hace cinco años y que esta semana tenía que ir a la cancillería en la capital y no pudo por el bloqueo a la carretera. La oposición ya ha anunciado que no considerará el informe que salga de la auditoría de la OEA (que apoyan países como España) porque consideran que el fraude está más que demostrado mientras que el gobierno ha asegurado que si la OEA demuestra fraude acudirá a la segunda vuelta de las elecciones.

"Las marchas y los bloqueos han afectado principalmente a las actividades urbanas"

Las protestas obligan asimismo al cierre de negocios en las principales ciudades. Carolina trabaja en una céntrica tienda de telefonía móvil en la Avenida Mariscal Santa Cruz, conocido como El Prado, y explica que a mitad de tarde tiene que cerrar porque en cuanto hay manifestaciones hay riesgo de que la tienda se llene de gases lacrimógenos y que sufra saqueos. Según explica Luis Carlos Jemio, economista del Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo y analista para entidades como el Banco Mundial, a Público “las marchas y los bloqueos han afectado principalmente a las actividades urbanas” y hace un cálculo de unos 67 millones de dólares diarios, unos 800 millones en 15 días.

El conflicto comenzó la semana después de las elecciones. El domingo 20 los bolivianos votaron y las primeras estimaciones (con el 84% escrutado) daban una victoria insuficiente a Evo Morales que tendría que acudir a una segunda contra Carlos Mesa. La distancia entre ellos no llegaba al 10% necesario para formalizar un triunfo en primera vuelta. No obstante, al día siguiente se continuó el recuento y con el 99% la diferencia aumentó hasta el 10'5%. La explicación del gobierno era que los votos del exterior y de las zonas rurales, que tardan más en ser contabilizados y donde Morales tiene un fuerte apoyo, habían inclinado la balanza a favor del actual presidente (https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-50171147) . Para la oposición, fue fruto de fraude y manipulación electoral. De las primeras protestas exigiendo la segunda vuelta se ha llegado a una espiral de tensión que nadie sabe bien cómo se puede resolver.