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Francia Los Ayuntamientos verdes contra Macron, una nueva rivalidad se instala en Francia

Un año después de conquistar las principales ciudades francesas, los alcaldes ecologistas logran avances en la lucha contra la contaminación y el cambio climático. Pero reciben duros ataques por parte de la derecha y el macronismo.

El primer ministro francés,  Emmanuel Macron.
El primer ministro francés, Emmanuel Macron. Sadak Souici / Europa Press

Prácticamente no hay una semana en la que no se hable de ellos. Los verdes franceses conquistaron hace casi un año las principales alcaldías de Francia. Lyon, Burdeos, Estrasburgo, Grenoble, Marsella… Es larga la lista de grandes ciudades que cayeron en manos de listas ecologistas o rojiverdes en la segunda vuelta de las municipales del 28 de junio de 2020. La barrera simbólica de los primeros doce meses se acerca para estos alcaldes y alcaldesas verdes y una cosa ha quedado clara: su paso por la política —muchos de ellos son rookies al frente de altas instancias— no ha suscitado indiferencia.

Aunque han impulsado ambiciosas medidas contra la contaminación y a favor de la "vegetalización", estos ediles hicieron correr ríos de tinta por las múltiples polémicas en las que se vieron implicados. Desde el reproche de la alcaldesa ecologista de Poitiers al hecho de que los niños sueñen con volar en avión hasta una controvertida subvención del Ayuntamiento de Estrasburgo a una asociación islamista, recibieron numerosas críticas por una visión de la ecología considerada, según sus adversarios, punitiva y dogmática, además de una supuesta condescendencia con el islamismo radical.

Muchos de estos ataques llegaron curiosamente por parte de miembros del ejecutivo macronista. A pesar de que la victoria de Marine Le Pen en las presidenciales de 2022 ha dejado de ser una hipótesis descabellada, el gobierno francés prefiere demonizar a los verdes en lugar de concentrarse en combatir a la ultraderecha. De hecho, la ecología podría representar una alternativa al pronosticado duelo entre Le Pen y el presidente Emmanuel Macron. Una opción que, sin embargo, se ve obstaculizada por la fragmentación de la izquierda en múltiples candidatos.

"Disputar la batalla cultural"

Las polémicas salpicaron a los ediles de Europa Ecología Los Verdes (EELV) desde los primeros meses de mandato. En septiembre, el alcalde de Lyon, Grégory Doucet, generó controversia al considerar que el Tour de Francia —un tótem intocable para los amantes del deporte en el país vecino— contaminaba demasiado y "vehiculaba una imagen machista" del deporte. El alcalde de Burdeos, Pierre Hurmic, también atacó ese mismo mes otro símbolo cultural, como el árbol de Navidad. Habló de él como "un árbol muerto" del que se podía prescindir. La municipalidad lionesa volvió a estar bajo el foco de las críticas en febrero, cuando anunció que en las escuelas públicas solo se servirían menús vegetarianos durante varias semanas, tanto por motivos de logística como ideológicos.

"Es triste decirlo, pero lo aéreo debe dejar de formar parte de los sueños de los niños en la actualidad", dijo a finales de marzo la alcaldesa de Poitiers, Léonore Moncond'huy, de 31 años. Pretendía justificar la retirada de una subvención a dos clubs aeronáuticos. Una decisión que conllevó una lluvia de críticas. El ministro de Transportes, Jean-Baptiste Djebbari, denunció "unas elucubraciones autoritarias y moribundas". Gérald Darmanin, ministro del Interior y uno de los halcones del ejecutivo macronista, también acusó a la municipalidad de Estrasburgo de apoyar el "islam político" y una "injerencia extranjera" por haber dado una subvención de 2,5 millones de euros a una asociación afín al islamismo turco para construir una de las mezquitas más grandes de Europa.

A pesar de que estas críticas pretenden alejarlos de la centralidad política, también han dado una mayor visibilidad a los dirigentes de EELV, que hasta el año pasado solo habían dirigido Grenoble como única gran ciudad. "Ahora se habla mucho más de los dirigentes ecologistas, se los considera actores de primer nivel", asegura a Público el politólogo Simon Persico, profesor en Sciences Po Grenoble. "Los ediles verdes han cometido errores de comunicación, pero muchas de estas polémicas reflejan en el fondo una pelea ideológica", sostiene Daniel Boy, experto en la ecología política. Según Persico, "las competencias de los municipios son limitadas, lo que refuerza la importancia de disputar la batalla cultural y defender una visión distinta de la economía, el deporte o la alimentación".

Acelerar la transformación urbana

"Estas críticas muestran que los conservadores y el viejo mundo se sienten en peligro ante la llegada de una nueva clase política", sostiene Ninon Guinel, jefa de gabinete del alcalde de Lyon. El ruido marcó los primeros meses de estos ediles ecologistas, pero esto no impidió que impulsaran políticas valientes. "Todos ellos aprovecharon la crisis sanitaria para acelerar las transformaciones urbanas que afectan a la movilidad e invirtieron a favor de la 'vegetalización'", recuerda la politóloga Agathe Cagé, directora de la consultoría Compass Label. Plantar centenares de árboles, convertir en zonas peatonales las calles en los aledaños de las escuelas, restringir la circulación o renovar energéticamente los edificios públicos; han sido algunas de sus recetas preferidas.

Una de las municipalidades más valientes este primer año ha sido Lyon. Allí dirigen tanto el Ayuntamiento como la diputación metropolitana, que reúne 59 localidades y dispone de un presupuesto de 4.000 millones de euros. Ambas administraciones impulsaron un plan de 2.500 millones para promover los transportes públicos, con la creación de cuatro nuevas líneas de tranvía y dos de autobús. También iniciaron la conversión del centro en una zona de bajas emisiones, en la que se prohibirá la circulación de los vehículos más contaminantes. Está previsto que se doblen los kilómetros de carriles bici de los 1.000 actuales hasta 2.000, además de la creación de una red específica para bicicletas, de 450 kilómetros, que conecte las localidades periféricas con el centro.

Estas transformaciones no solo empezaron en Lyon, la tercera ciudad más poblada de Francia, sino también en Estrasburgo, Burdeos y en ciudades medianas como Tours. En la capital alsaciana, destinaron 350 millones a medidas medioambientales, especialmente la renovación térmica de edificios. Los transportes públicos serán gratuitos para los menores de edad a partir de septiembre. Burdeos ha previsto plantar más de 1.000 árboles. En Tours, se prohibió la circulación de vehículos en uno de los puentes neurálgicos de esta localidad del centro del país y se retiró la subvención a Ryanair, que opera en el aeropuerto local.

Para no caer en la caricatura de que solo se dedican a plantar árboles y construir carriles bici, "estos alcaldes verdes también deben impulsar políticas de protección social", defiende Cagé. En Grenoble, por ejemplo, adoptaron unas tarifas sociales (más baratas) para los servicios municipales de agua y luz y el abono de transporte público. También rebajaron a un solo euro diario el precio de los comedores escolares, en los que se sirve comida biológica y local, además de dos menús vegetarianos cada semana.

Sin embargo, su gran desafío social es la política de vivienda, al estar muchas de ellas sometidas a una fuerte presión especulativa por su atractivo económico y turístico. El Ayuntamiento de Lyon ya ha anunciado que limitará los precios de los alquileres a partir de septiembre y que construirá unas 6.000 viviendas de protección oficial cada año. También creó de manera experimental una renta mínima de 400 euros para los jóvenes. Además, estas municipalidades coinciden en su oposición a los macroproyectos y la artificialización del suelo.

¿Lograrán repetir su éxito en las elecciones regionales?

"Como también ha sucedido en París con la socialista Anne Hidalgo, estas políticas ecologistas sirven para mejorar la vida de la gente. El cambio climático es un fenómeno global que no es fácil de afrontar para los dirigentes, ya que no les aporta resultados inmediatos. Pero las políticas en materia de transportes y plantación de árboles sí que son eficaces a corto plazo", explica Boy. Los verdes aspiran a convertir estas alcaldías en una vitrina de su proyecto nacional. Un espejo de su ambición climática en contraposición al balance del ejecutivo macronista, criticado por sus pobres resultados en este sentido.

El Parlamento francés aprobó el 4 de mayo una nueva ley climática que decepcionó al movimiento ecologista. A pesar de incluir medidas emblemáticas como la prohibición de los viajes nacionales en avión cuando exista una alternativa ferroviaria de dos horas y media, el texto no cumplió con las expectativas y es insuficiente para alcanzar su objetivo de reducir en un 40% las emisiones de CO2 antes de 2030. Aunque la ley se basaba en las propuestas de la Convención Ciudadana por el Clima —una asamblea formada por 150 ciudadanos elegidos al azar que elaboraron una ambiciosa batería de medidas y que Macron prometió adoptar en su práctica totalidad—, solo reprodujo de manera fidedigna 15 de las 149 propuestas y descartó 79.

Esta decepción desembocó en una jornada de protestas nacional el 9 de mayo, en la que, según los organizadores, participaron unas 115.000 personas (56.000 en París) en el conjunto del país. ¿Los verdes y la izquierda en su conjunto lograrán sacar partido de este malestar en materia ecológica? Tras haber sido uno de los triunfadores de las municipales del año pasado, EELV espera obtener unos buenos resultados en las elecciones regionales y departamentales del 20 (primera vuelta) y 27 de junio (segunda vuelta). Unos comicios en los que podrían conquistar su primer gobierno regional, a pesar de que la coyuntura nacional —con un debate mediático dominado por la inseguridad— favorece a la ultraderechista Reagrupación Nacional.

"¿Repetirán el mismo éxito que en las municipales? No lo tengo claro, aunque quizás lograrán ganar en una de las regiones", afirma Boy, sobre las listas verdes o rojiverdes que cuentan con opciones de ganar en la región parisina, en Pays de Loire (oeste) y en Auvergne-Rhône-Alpes (región de Lyon). Estos comicios regionales podrían reflejar, de hecho, los límites de los verdes franceses. Pese a su implantación en las grandes ciudades, su atracción es menor entre los votantes de las ciudades medianas y las zonas rurales.

Aún más complicadas resultan las opciones de los verdes para las presidenciales de 2022. La división de la izquierda en múltiples candidatos dificulta seriamente su capacidad para torpedear el duelo anunciado entre Macron y Le Pen. Según los últimos sondeos, el eurodiputado ecologista Yannick Jadot (potencial candidato de los verdes) solo lograría el 6% de los votos, el mismo pobre resultado que la socialista Hidalgo, mientras que el insumiso Jean-Luc Mélenchon sería el candidato de izquierdas más votado, con un modesto 12%. Ante este panorama sombrío, las distintas formaciones progresistas se reunieron el 24 de mayo para construir una candidatura única de izquierdas. Pero esta tentativa se encuentra encallada y todo apunta a que fracasará.

"Para que la izquierda llegue a la segunda vuelta, necesita una candidatura que logre cerca del 25% de los votos. Si hay tres candidatos progresistas con cerca del 10%, es imposible que ninguno de ellos llegue a la segunda vuelta", recuerda Cagé. Los verdes franceses empezaron su transformación ecológica en las grandes ciudades, pero aún deberán esperar antes de dar el salto a nivel nacional.

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