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Gran Bretaña se encara a su pasado esclavista, imperial y racista

Las manifestaciones contra el racismo en Reino Unido, a raíz de la muerte de George Floyd en EEUU, están sirviendo de espejo para mirar su propia historia: imperialistas, esclavistas y racistas. Términos, ahora inaceptables para la mayoría de británicos.  El alcalde de Londres anuncia una revisión de las esculturas y los nombres de las calles "por la incómoda verdad" que representan. La estatua del traficante de esclavos, Edward Colston, en Bristol, ha sido derribada por los manifestantes

Los manifestantes arrojan al agua la estatua de Edward Colston, en el puerto de Bristol, en las protestas contra el racismo tras la muerte en EEUU del afroamericano George Floyd por un agente de policía en Minneapolis. E.P./Ben Birchall/PA Wire/dpa
Los manifestantes arrojan al agua la estatua de Edward Colston, en el puerto de Bristol, en las protestas contra el racismo tras la muerte en EEUU del afroamericano George Floyd por un agente de policía en Minneapolis. E.P./Ben Birchall/PA Wire/dpa

CONXA RODRÍGUEZ

Las reacciones a la muerte de George Floyd en EEUU y la campaña Black Lives Matter, que se ha desencadenado contra el racismo, están abriendo viejas heridas en Gran Bretaña y su pasado. ¿Qué hay que hacer con los símbolos públicos del imperio, el comercio de humanos y el legado histórico de abuso del hombre blanco sobre el negro? Esta semana hay convocada una manifestación cada día en una ciudad distinta.

El inició de las protestas quedó marcado el domingo pasado en Bristol por el derribo de la estatua de Edward Colston (1636-1721), traficante de esclavos, nacido en la citada ciudad del oeste de Inglaterra. Colston ha pasado de ser hijo predilecto sobre un pedestal a podrirse en el río Avon, al que fue arrojada su esfinge de bronce ante la ausencia de la Policía.

El primer ministro, Boris Johnson, y la ministra de Interior, Priti Patel, han condenado el desplome, aunque no han hablado de restaurar el monumento, ni tan siquiera de reflotarlo de las aguas en las que se está ahogando.

El alcalde de Bristol, Marvin Rees, de origen caribeño, ha manifestado a la BBC que "esa estatua ha sido una ofensa para mí cada vez que he pasado junto a ella, y lo he hecho muchas veces". El alcalde ha reproducido en su cuenta de Twitter la larga lista de entrevistas que ha dado estos días. "Para mí, la estatua era una ofensa", ha apostillado.

El martes el foco de protesta estaba en la ciudad de Oxford, blasón de la academia inglesa, cuyo Oriel College está presidido por una escultura de Cecil Rhodes (1853-1902), fundador de Rodesia (hoy Zimbaue), político y explotador de minas en África.

Rhodes lleva tiempo protegido de una red metálica, no únicamente para librarse de las heces de las palomas, sino también de la hostilidad de una parte de los estudiantes que se la tienen jurada. Además, una treintena de los 48 concejales del Ayuntamiento de la ciudad han pedido a la Universidad la retirada de la imagen de piedra.

Varios miles de manifestantes llegaron el martes hasta los edificios universitarios pidiendo la caída del hombre que simboliza la supremacía del blanco sobre el negro y, concretamente, la explotación de África por parte del Imperio británico.

La última ofensiva de los estudiantes de Oxford contra el mecenas del Oriel College topó, en 2016, con la negativa de la facultad a retirar la obra. Oriel College ha publicado un comunicado en el que dice que su objetivo es "luchar contra los prejuicios y abanderar la igualdad de oportunidades para todos al margen de la raza, el género, la sexualidad o la fe".

Carteles de la campaña Black Lives Matter, por la muerte del afroamericano George Floyd por un policía en Minneapolis, colocados en las puertas del Oriel College de Oxford durante una protesta reclamando la retirada de una estatua del imperialista británico Cecil Rhodes en el exterior de la Universidad. REUTERS/Hannah McKay

Los que se han adelantado a un eventual derribo han sido las autoridades del río Támesis al retirar del exterior del museo Docklands (de los Muelles) la figura del escocés Robert Milligan (1746-1809), que presidía la plaza de la entrada al edificio.

Milligan fue un magnate o propietario de una flota de barcos en los que transportaba, entre otras materias, esclavos de África a Europa y América. Milligan construyó los diques del río, el puerto fluvial de Londres que enalteció la Inglaterra industrial en tiempos en los que Gran Bretaña dominaba un imperio en el que nunca se ponía el sol porque cuando anochecía en una parte de él, amanecía en la otra.

Las protestas del domingo pasado mancharon con graffiti hasta la estatua de Winston Churchill en Westminster, centro político de Londres, con la frase "was a racist" (era un racista). Churchill, probablemente, se librará de la criba de la que podrían caer otros como Thomas Picton, en Cardiff (Gales), o Thomas Guy, en Londres.

Estatua de Winston Churchill frente al Parlamento británico, en Londres, con una pintada que dice "Era un racista". REUTERS/Dylan Martinez

La controversia generada por las protestas contra el racismo ha obligado al alcalde de Londres, Sadiq Khan, a anunciar una revisión de los monumentos públicos y los nombres de las calles. "Es una verdad incomoda que nuestro país y nuestra ciudad deben una buena parte de su riqueza al comercio de esclavos, y que ello todavía se refleja en el espacio público". Una comisión municipal estudiará qué hacer con los símbolos de la historia que son inaceptables al pensamiento de la Gran Bretaña de hoy.

El rechazo a los símbolos y la narrativa del pasado imperial, esclavista y racista de Gran Bretaña y su conquista de África y Asia está traspasando el ámbito de las estatuas en calles y plazas. Un popular programa de la BBC, Little Britain, ha sido retirado de Netflix, iPlayer y de la programación "porque los tiempos han cambiado". El tratamiento de las minorías étnicas o de los minusválidos en el espacio humorístico había provocado quejas que, estos días, han urgido a la BBC a retirar el programa.

El debate sobre qué hacer con los símbolos del pasado histórico y con la historia misma, continúa a pesar de que las estatuas de traficantes de humanos tienen los días contados. Hasta Lewis Hamilton, corredor de Fórmula 1, británico de origen afro-caribeño y residente fiscal en Mónaco, ha hecho a través de la BBC el siguiente llamamiento al mundo: "Retirar todos los símbolos racistas".

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