Irán moviliza su diplomacia para frenar un ataque de EEUU y un nuevo estallido popular
Teherán busca un consenso con Washington sobre su programa nuclear, que evite un ataque de EEUU y dé tiempo al régimen islámico para afrontar la rebelión interna.

-Actualizado a
Omán podría albergar este viernes una reunión entre enviados de Estados Unidos e Irán, impulsada por buena parte de los países de Oriente Medio que quieren evitar una nueva guerra que esta vez podría poner en llamas toda la región. El encuentro tendrá lugar mientras navíos estadounidenses ponen proa al Golfo Pérsico al son de los tambores de guerra que resuenan en la Casa Blanca e Israel con el objetivo esta vez de derrocar la cúpula de poder iraní. Bajo estas amenazas y sacudido aún por las revueltas internas de enero, Irán ha accedido a verse cara a cara con los enviados de Donald Trump antes de que sea demasiado tarde.
La Casa Blanca a través de medios de comunicación estadounidenses indicó que la reunión se podría celebrar en Turquía, en concreto en Estambul, pero después especificó que los iraníes preferían Omán para el encuentro. Finalmente, este miércoles, la agencia oficialista Tasnim indicó en Teherán que "las conversaciones indirectas entre Irán y Estados Unidos se celebrarán el viernes en Mascate". Indirectas porque finalmente habrá mediadores entre iraníes y estadounidenses.
Según fuentes de la Casa Blanca, al encuentro del viernes deberían acudir altos cargos de Arabia Saudí, Catar, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Pakistán y Turquía, aunque los iraníes apuestan más por una reunión bilateral. La delegación de la Casa Blanca estaría encabezada por Steve Witkoff, enviado especial de Trump para todos los grandes conflictos en los que EEUU intenta inmiscuirse de una u otra forma. También podría participar el yerno de Trump y mediador en otros conflictos, Jared Kushner. Por parte de Irán, acudiría el ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abás Araqchí.
El viernes, pues, es la fecha y Mascate el lugar previstos, si es que los acontecimientos no los cambian. Este martes las cosas se pusieron muy tensas cuando un dron espía iraní se acercó demasiado al portaaviones Abraham Lincoln despachado por EEUU hacia el Golfo Pérsico. El dron fue derribado en el mar Arábigo, donde se encontraba ese navío estadounidense y varios destructores que lo escoltan, solo una parte de la fuerza letal que está desplegando Washington para intimidar a Teherán.
De trasfondo, las revueltas populares y el espinoso asunto nuclear
Entre los argumentos utilizados por Trump para lanzar sus amenazas están las masivas revueltas ocurridas en el país persa en enero. Las reivindicaciones, inicialmente económicas por la depauperación que viven los iraníes, pronto se convirtieron en demandas políticas y de cambios en el régimen instalado en Teherán con la revolución islámica de 1979. Estas protestas han sido las mayores ocurridas en Irán desde ese año y sus rescoldos, que aún arden, podrían desatar un incendio difícil de aplacar si se produce al tiempo un ataque estadounidense a gran escala.
En su momento, Trump prometió ayudar a los manifestantes a derrocar al régimen de los ayatolás. No hizo nada más que azuzar la protesta. La sangrienta represión a manos de las fuerzas de seguridad iraníes causó un número no confirmado de víctimas mortales, que oscila entre las 3.117 asumidas oficialmente, las casi 7.000 que han denunciado varias ONGs y los 20.000 muertos, como otras fuentes de estas organizaciones no gubernamentales insisten.
Trump prometió ayudar a los manifestantes a derrocar al régimen de los ayatolás
La inteligencia iraní teme que el ataque de EEUU pueda producirse no ya contra los centros nucleares sino contra autoridades del régimen, civiles o militares, a fin de promover una insurrección generalizada. La calma que mostró la población iraní cuando EEUU e Israel atacaron en junio las instalaciones energéticas y los centros de investigación nuclear podría derivar esta vez en revueltas a gran escala, avivadas por la represión sufrida en enero.
Como trasfondo también está la pugna que enfrenta a Washington y Teherán por el programa nuclear iraní. Las instalaciones de investigación atómica han sido repetidamente bombardeadas por EEUU e Israel, pero sin llegar a desactivar esos proyectos que en Occidente vinculan con la supuesta intención de Irán de conseguir armas atómicas.
De producirse, este será el primer encuentro oficial entre enviados de EEUU e Irán desde que en junio del año pasado se cortaron los contactos a raíz de la doble ofensiva, israelí y después estadounidense, lanzada contra ese país de Oriente Medio. El 22 de junio, días después de que Israel lanzara una oleada de bombardeos sobre Irán, EEUU atacó con misiles y bombas de aviación las tres instalaciones nucleares iraníes más importantes, lanzando así el mensaje de que Washington jamás permitirá al régimen islámico disponer de su propio armamento atómico. Teherán insiste en que su programa nuclear es civil y que no pretende enriquecer uranio para producir material susceptible de ser utilizado para armar cabezas atómicas.
Teherán insiste en que su programa nuclear es civil
La capitulación del régimen, objetivo a medio plazo
El argumento de las armas nucleares es poderoso en el largo conflicto con Irán, pero pesa también la intención declarada una y otra vez por la Administración Trump de acabar con el gobierno de los ayatolás y "liberar" al pueblo iraní de su yugo. Israel también apuesta, si cabe con más determinación, por destruir al régimen iraní y ha perseguido este objetivo con bombardeos dentro de Irán, asesinatos selectivos de sus altos mandos y dirigentes islamistas aliados por todo Oriente Medio, especialmente en Siria y el Líbano, donde la guerra de Tel Aviv contra las milicias de Hizbulá forma parte de esta campaña.
Israel también apuesta por destruir al régimen iraní
Al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, le convienen una nueva guerra "a distancia" contra Irán y la erradicación de su cúpula dirigente en unos momentos en los que la atención internacional vuelve a mirar a Gaza. En este territorio palestino, devastado por el genocidio lanzado por Israel desde octubre de 2023, el Ejército judío sigue violando una y otra vez el alto el fuego que entró en vigor el pasado octubre.
Este miércoles, nuevos ataques lanzados más allá de la Línea Amarilla que separa las posiciones del ejército israelí del resto de Gaza asesinaron a más de veinte palestinos. Una guerra "quirúrgica" en Irán le convendría mucho a un Netanyahu acorralado entre quienes en su Gobierno demandan la anexión de la Gaza ocupada y quienes le piden cierta contención para evitar el disgusto de Trump, autor del surrealista plan de paz para la Franja.
Por su parte, Irán no se queda corto en sus propias amenazas a Israel, al que ha jurado borrar del mapa de Oriente Medio, y a los EEUU, a quienes advierte de que cualquier ataque sobre territorio iraní será respondido con el bombardeo de las bases estadounidenses en la región. En los últimos dos años, Irán ha asistido a la derrota de sus aliados de Hizbulá en el Líbano y del régimen del dictador sirio Bachar el Asad, derrocado en diciembre de 2024. El prestigio de Irán en Oriente Medio se ha desplomado y el régimen islámico precisa de algún tipo de victoria sobre sus enemigos. La inferioridad militar y la inestabilidad interna, tras las revueltas, apuntan a que eso no parece posible en estos momentos.
Un encuentro con brechas profundas
Por eso, finalmente, el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, ante la amenaza cada vez más tangible de que EEUU, presionado por Israel, esté preparando un ataque a gran escala, aceptó este martes que sus representantes participen en unas "negociaciones justas y equitativas, guiadas por los principios de dignidad, prudencia e interés propio".
Trump, también acosado dentro de EEUU por su despótica política de migración y las violaciones de derechos humanos que está acarreando, tras perder la cara en la confrontación con Europa en su fallido intento de arrebatar Groenlandia a Dinamarca y después de su fracaso para alcanzar una paz rápida en Ucrania, tiene en la crisis de Irán un pretexto para apuntalar la caótica política exterior de su país.
Para eso, si no hay una guerra relámpago y victoriosa (la defenestración de la cúpula iraní parece complicada), al menos demandará un éxito en la negociación sobre el programa nuclear iraní. Su estrategia en este ámbito solo sirvió en su primer mandato (2017-2021) para tumbar el acuerdo con los iraníes que Barak Obama logró en 2015, cuando era presidente de EEUU.
Trump rescindió ese acuerdo en 2018 e impuso sanciones muy dolosas a Irán. De nada sirvieron los esfuerzos posteriores de su antecesor en la Casa Blanca, Joe Biden, y de los mediadores europeos. Cuando retornó al poder el año pasado, se celebraron varias rondas de negociaciones sin mayor éxito; las ofensivas de Israel y EEUU contra Irán en junio acabaron por enterrar cualquier intento de arreglar por las buenas la crisis y el programa nuclear iraní quedó cerrado a cualquier inspección internacional pese a las resoluciones de la ONU reclamando su transparencia.
Ahora, las amenazas renovadas de Trump, avaladas por el éxito de su intervención en Venezuela y la detención de Nicolás Maduro, y el terror de las autoridades de Teherán a que se produzca una insurrección popular a mayor escala en medio de un ataque total estadounidense e israelí o una operación quirúrgica para acabar con el líder supremo iraní, Alí Jameneí, han llevado al régimen islámico a reconsiderar su oposición a un arreglo negociado. Un acuerdo que solo puede implicar la renuncia definitiva al ambiguo programa nuclear iraní y al enriquecimiento de uranio.
EEUU también apunta a los misiles iraníes
El problema es que EEUU quiere que en la reunión del viernes se aborden también otras cuestiones, que son de vital importancia para la supervivencia del ejército de los ayatolás. En primer lugar está la cuestión de las armas producidas por Irán, uno de los más exitosos fabricantes de misiles, drones y otros dispositivos de ataque a distancia de Oriente Medio, que han demostrado una gran eficacia en manos de los hutíes de Yemen, pero sobre todo en Ucrania, suministrados al ejército ruso con profusión.
EEUU quiere poner sobre la mesa de las negociaciones en Omán o en cualquier otra parte la reducción del número de misiles balísticos iraníes y de su alcance, tal y como, entre bambalinas, le pide Israel que haga. Irán ya ha advertido que no cruzará esa línea roja y no renunciará a esos misiles.
También para Israel es clave, tanto o más que para EEUU, el desmantelamiento de esa red de organizaciones paramilitares y milicias de credo chií (y alguna suní, como la palestina Hamás) agrupadas bajo el llamado Eje de Resistencia proiraní. Washington y Tel Aviv quieren que los Guardianes de la Revolución iraníes, encargados de propagar el mensaje y las armas de Irán por todo Oriente Medio, rompan sus lazos con Hizbulá, los hutíes de Yemen, la Resistencia Islámica en Irak y otras organizaciones que en cualquier momento pueden amenazar a los intereses israelíes y estadounidenses en la región.
Esto es más complicado, porque a la vez que Irán ampara a estas milicias islámicas, tales grupos suponen un escudo para el régimen de Teherán y su desaparición, por ejemplo en Irak y Siria, limpiaría el terreno para un eventual ataque invasor a gran escala de sus enemigos, como ocurrió en 2003 con el régimen de Sadam Husein en Bagdad.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.