Israel sigue asesinando en Gaza y frenando el camino hacia la paz un mes después del alto el fuego
Más de 240 gazatíes asesinados desde que empezó la tregua en Gaza muestran el desdén israelí por la paz de Trump, quien envía a su yerno a Tel Aviv para garantizar la segunda fase del acuerdo.

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El número de palestinos muertos por el genocidio lanzado por Israel en Gaza en octubre de 2023 se acerca ya a los 70.000. Y son más de 240 los gazatíes asesinados desde que hace un mes entró en vigor el alto el fuego firmado con el grupo palestino Hamás. En este mes, Israel rompió y reanudó la tregua cuando quiso, alegando que Hamás estaba retrasando la entrega de los cuerpos de los israelíes secuestrados por la milicia palestina. Y aunque el Parlamento israelí aprobó la primera fase del alto el fuego, la paz solo avanzará con arduas negociaciones en las que el extremismo judío tendrá mucho que objetar. Lo espetó este lunes el primer ministro Benjamin Netanyahu: "La guerra no ha terminado".
Pese a todo, la Casa Blanca no quiere que el proceso descarrile. Están en juego demasiados intereses geopolíticos y económicos, con la reconstrucción de Gaza como apuesta personal del presidente estadounidense, Donald Trump, destinada a engrosar su ego como "pacificador" y futuro merecedor del Premio Nobel de la Paz, y a enriquecer las arcas de su país en la rehabilitación inmobiliaria de Gaza.
Por eso, Trump despachó a Tel Aviv a su yerno, el empresario e "intermediario" Jared Kushner, quien este lunes, acompañado del enviado especial de la Casa Blanca para Oriente Medio, Steve Witkoff, se reunió con Netanyahu. Los tres abordaron la cuestión de los cuatro rehenes de Hamás cuyos cuerpos debe aún devolver Hamás, el último supuesto escollo para la nueva fase del proceso de paz.
El 13 de octubre, Hamás puso en libertad a los últimos veinte rehenes con vida que mantenía cautivos desde que el 7 de octubre de 2023 atacó la frontera israelí, asesinó a 1.200 personas y secuestró a otras 251. A cambio de esos veinte rehenes israelíes, el Gobierno de Netanyahu puso en libertad a 2.000 palestinos que permanecían en las cárceles de Israel, muchos de ellos sin juicio alguno.
Quedaban además los cuerpos de 28 rehenes israelíes en manos de Hamás. Poco a poco, la organización islamista devolvió 24 cadáveres; con muchas dificultades, pues buena parte estaban sepultados bajo las ruinas en que Israel ha convertido la mayor parte de las ciudades de Gaza. Esta lentitud en la recuperación, en la que han colaborado especialistas de varios países, ha servido de excusa a Netanyahu para ordenar varias veces la reanudación de los ataques en Gaza, con el resultado de al menos 242 muertos y más de 620 heridos en este mes de tregua.
La segunda fase del proceso de paz en el aire
La tardanza en la devolución de los cuerpos de los rehenes israelíes muertos ha servido también a Israel para ir aplazando el comienzo de la segunda fase del proceso de paz, al que Netanyahu se comprometió tras numerosas presiones de Estados Unidos.
En esa segunda etapa, se debe negociar el desarme y desmilitarización de Hamás, el despliegue de una fuerza militar internacional de estabilización, el desarrollo de un plan de reconstrucción de la Franja y también han de comenzar los contactos para examinar la forma de Administración que debe entrar en funcionamiento en Gaza a fin de ir devolviendo a la Franja palestina una mínima gobernabilidad.
El plan de Trump contemplaba una especie de monitoreo de transición por una junta de Gobernación de tecnócratas palestinos, liderada por el propio presidente estadounidense y en la que tendría cierto papel el ex primer ministro británico Tony Blair, una figura muy poco apreciada en los países árabes y en la misma Palestina debido a su papel en la invasión de Irak en 2003 junto a EEUU.
En lo que va de mes de tregua, las tropas israelíes siguen controlando más de la mitad de Gaza y no parece que tengan muchas intenciones de retirarse muy lejos de sus actuales posiciones y la llamada "línea amarilla", al menos hasta que se produzca el desarme total de Hamás. La organización palestina sigue teniendo una presencia activa en el territorio que no queda bajo control directo de Israel y ha protagonizado escaramuzas armadas con el ejército israelí que éste ha replicado con bombardeos masivos contra la población gazatí, a pesar de la tregua.
En dos ocasiones, el 19 y el 28 de octubre, Israel acusó a Hamás de atacar sus posiciones en Gaza y reanudó sus bombardeos con una virulencia similar a la de los peores días de la invasión, con cerca de 150 gazatíes masacrados en esas jornadas en las que estuvo a punto de venirse abajo el proceso de paz.
Miles de cuerpos bajo las ruinas
La tregua ha permitido que se recuperara más de medio millar de gazatíes masacrados por la ofensiva israelí de entre las ruinas en que los ataques han convertido la Franja. No obstante, podrían quedar 10.000 cuerpos entre los escombros de los edificios de las ciudades gazatíes.
La ayuda humanitaria comenzó a entrar una vez firmado el alto el fuego. Sin embargo, Israel también incumplió lo acordado al respecto, al limitar el volumen de los ingresos de comida, agua, medicinas y bienes básicos para los más de dos millones de gazatíes que malviven en campamentos de refugiados, en tiendas de campaña desvencijadas y entre los restos demolidos de sus hogares.
Solo 150 de los 600 camiones diarios de ayuda humanitaria pactados en el plan de paz de Trump están entrando en Gaza, denunció este lunes la directora ejecutiva del comité español de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos en Oriente Próximo (UNRWA), Raquel Martí.
En estos momentos, aseveró Martí, "cientos de miles de personas enfermas no tienen acceso a medicamentos", no hay agua potable y, debido a las toneladas de residuos, basura y escombros que no pueden ser retiradas en Gaza, "se están propagando las enfermedades y epidemias entre la población".
La ONU ha indicado que solo se han podido hacer llegar a los desplazados en Gaza poco más de 5.400 tiendas de campaña de las 190.000 prometidas. La llegada del invierno a Gaza hará de nuevo muy difícil la supervivencia de los refugiados, especialmente si ni siquiera la comida y el agua entran con regularidad e hileras de camiones esperan bloqueados en la frontera egipcia para acceder a la Franja.
Los generadores eléctricos, por ejemplo, son considerados por el Ejército israelí como material susceptible de ser usado con fines militares y no se tiene en cuenta que son imprescindibles para bombear agua corriente o producir la electricidad en los hospitales, que intentan recobrar una mínima atención para las decenas de miles de personas heridas durante estos dos años de genocidio y limpieza étnica.
EEUU lucha para que Netanyahu atienda sus sugerencias
En Israel hay dos centenares de estadounidenses, entre militares y personal técnico, encargados de monitorear el proceso de paz. Pero esta presencia no ha podido impedir las rupturas de la tregua por parte del ejército israelí y menos aún detener la ofensiva lanzada por los colonos ilegales israelíes en el otro territorio palestino, Cisjordania, que la extrema derecha judía pretende anexionar a Israel.
Por eso han sido necesarias sucesivas delegaciones enviadas a Israel por Trump, muy preocupado de que su cacareado éxito de pacificación en Gaza se diluya de un día para otro. Así, en este primer mes de tregua se reunieron con Netanyahu el vicepresidente de EEUU, JD Vance; el secretario de Estado, Marco Rubio; la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, y el enviado especial Witkoff.
La visita de Kushner a Israel de este lunes tuvo finalmente un matiz de advertencia. Según la prensa israelí, los enviados estadounidenses trataron con Netanyahu el estado del alto el fuego en Gaza y las condiciones existentes para empezar a negociar "ya" la segunda fase del plan de paz de Trump. Kushner ya estuvo en Israel cuando se puso en marcha el acuerdo, antes de su reiterada vulneración. Y el mensaje que llevó esta semana a Tel Aviv fue más claro: EEUU no consentirá que Netanyahu vuelva a dinamitar, como hizo en anteriores ocasiones, la tregua y la negociación con Hamás.
Como muestra de esta determinación de EEUU de hacer cumplir el plan de Trump, el jefe del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), almirante Brad Cooper, visitó Israel el pasado fin de semana para supervisar el funcionamiento del nuevo centro de mando estadounidense en Kiryat Gat, que coordina con el ejército israelí. Uno de los puntos de fricción de EEUU con el Gobierno de Netanyahu está en la distribución de la ayuda humanitaria. Israel quiere controlarla al máximo posible, para tener una palanca de presión sobre la futura Administración de Gaza, sea o no palestina. En este sentido, el Gobierno de Trump quiere reconducir la entrega de ayuda humanitaria a Gaza y eludir su control por Israel.
La fuerza de paz, clave para que Israel deje Gaza
Otro elemento de discusión entre israelíes y estadounidenses está en el despliegue de esa futura fuerza internacional en la parte de Gaza que no se encuentra directamente bajo la bota de Israel. Se está negociando desde hace semanas su composición, con muchas objeciones israelíes. Pese a todo, según reveló la directora de Inteligencia Nacional de EEUU, hay 16 países, la mayor parte islámicos y árabes, y una veintena de ONG trabajando para sentar las bases de esa "fuerza de estabilización" mixta, con civiles y militares en sus filas.
El domingo, Catar y Egipto, países que median desde hace dos años en las negociaciones entre Hamás e Israel, pidieron que se establezca ya el mandato y los poderes de esa fuerza de estabilización. Ese mandato podría durar al menos dos años, según las conversaciones que tienen lugar en Nueva York. No se sabe aún qué países podrían integrar ese contingente.
Una de las cuestiones clave estará en el poder que tendrá EEUU sobre esa fuerza y su independencia respecto a Israel. Las amenazas más reales para esos militares desplegados en Gaza podrían venir no solo de elementos islamistas relacionados de alguna forma con Hamás o la Yihad Islámica, sino sobre todo del propio Israel y de los extremistas que en este país apuestan por el fracaso del plan de Trump, a fin de culminar la anexión y recolonización judía de los territorios palestinos.


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