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Italia Salvini, la chulería como estrategia

La única forma que tiene el ex ministro de Interior italiano para seguir ganando audiencia es mantener viva la atención sobre sí mismo. ¿Cómo? Entre otras cosas, volviendo a sacar el tema migratorio. El líder soberanista de la Liga va a aprovechar su problema con la Justicia italiana para hacerse el valiente y, a la vez, la víctima. E intentar, de nuevo, el asalto al poder.

18/01/2020 - El líder del partido de la extrema derecha de Italia, Matteo Salvini, hace un gesto durante una manifestación antes de las elecciones regionales en Emilia-Romaña, en Maranello, Italia. REUTERS / Guglielmo Mangiapane
El líder del partido de la extrema derecha de Italia, Matteo Salvini, hace un gesto durante una manifestación antes de las elecciones regionales en Emilia-Romaña, en Maranello, Italia. REUTERS / Guglielmo Mangiapane

Puede permitirse cualquier chulería. Entre otras cosas porque sabe que lo apoyan, al menos, el 30% de los italianos. Y muchísimos seguidores en internet. Su equipo de redes sociales, conocido como la bestia, funciona a todo ritmo para garantizar su omnipresencia digital. Cualquier declaración suya es, en sí misma, una noticia. Diga lo que diga. Cuando estaba en el ápice del poder, el pasado agosto, siendo entonces ministro del Interior, decidió abrir una crisis de Gobierno para que se convocaran unas elecciones anticipadas; para así capitalizar su consenso en las encuestas y traducirlo en escaños en una nueva legislatura con él mismo como premier. Pero el tiro le salió por la culata y ahora se encuentra como líder de la oposición. Ahora, va a aprovechar su problema con la Justicia italiana para hacerse el valiente y, a la vez, la víctima. E intentar, de nuevo, el asalto al poder.

Desafiando cualquier lógica política, el líder de la soberanista Liga, Matteo Salvini, aprovechará su nueva imputación por secuestro de persona para demostrar que no tiene miedo a nada ni a nadie. La clave para entender por qué Salvini está actuando con chulería y optimismo, tiene que ver con el próximo domingo, día en el que se celebrarán las elecciones en Emilia–Romaña, la región más "roja" de Italia. Un territorio que, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, siempre ha votado a la izquierda. Así pues, el líder leguista quiere forzar la lectura de esta convocatoria como un referéndum sobre su auge electoral en el todo el país. Dicho de otro modo: si Salvini arrasara incluso en la mencionada región norteña, hará la vida imposible al actual jefe del Gobierno, Giuseppe Conte, para pedir sus dimisiones y convocar unas urnas anticipadas. Y convertirse él, entonces sí, en el nuevo primer ministro.

La forma en la que se ha materializado la imputación de Matteo Salvini en el Senado ha sido rocambolesca. Este lunes, la Cámara Alta tuvo que decidir acerca de la caída o no de la inmunidad parlamentaria del ex titular de Interior del Ejecutivo transalpino; para así poder juzgarlo por el caso Gregoretti, en el que Salvini retuvo 135 migrantes a la deriva durante seis días en una embarcación de la Guardia Costera, así pues, perteneciente al propio Estado italiano. En la sesión de este lunes en el Senado no se presentó ningún miembro de la mayoría de Gobierno, porque quiso demostrar su desacuerdo por "el uso político de una institución", señaló ayer el diario italiano La Repubblica, en referencia a la junta para las inmunidades. Así pues, de los 10 votos disponibles en dicha junta, todos fueron de la derecha. Pero Salvini fue claro con sus 5 miembros: "Quiero ser procesado. Resolvamos este asunto de una vez por todas".

La próxima cita tendrá lugar en menos de un mes, el 17 de febrero, cuando todo el Senado, en su conjunto, tendrá que votar a favor o en contra de la imputación definitiva de Matteo Salvini por el caso Gregoretti. En Italia los políticos no tienen aforamiento, de modo que de ser juzgado, Salvini sería objeto de investigación por la Fiscalía de Catania (Sicilia) que está llevando el caso. Para la eliminación de la inmunidad será suficiente la mayoría absoluta de 161 senadores, que por el momento estaría más que garantizada con el voto favorable de M5E, PD y la propia Liga bajo el deseo del propio Salvini.

Pero Salvini quiere arrastrar todo el Gobierno anterior consigo. Porque lo ocurrido con el caso Gregoretti tuvo lugar el pasado julio, así pues, antes de que Salvini dejara de ser el ministro del Interior. En el precedente Ejecutivo transalpino, finalizado a finales de agosto, el líder leguista compartía Consejo de Ministros con el actual premier, Giuseppe Conte; y con su socio de entonces, el líder del anti establishment Movimiento 5 Estrellas (M5E), Luigi Di Maio, hoy también titular de Exteriores, quien hoy asegura: "Salvini ha pasado del soberanismo al victimismo".

Por el momento Giuseppe Conte, una figura que presume de ser más institucional que política –que continúa su acción de Gobierno gracias la obligada coexistencia entre dos eternos adversarios, el M5E y el socialista Partido Democrático (PD) de Nicola Zingaretti–; se desmarca de las acusaciones de su ex ministro y asegura que él se ocupó "sólo de la redistribución de los migrantes entre los países de la Unión Europea". Y añade: "La decisión concreta de si permitir o no el desembarque y en qué momento, era competencia del entonces ministro Salvini, quien la reivindicó públicamente".

Por el momento, queda todavía un mes para conocer formalmente si Salvini será o no imputado de forma definitiva, aunque los números no dejan lugar a dudas. Las elecciones regionales en Emilia-Romaña, sin embargo, tendrán lugar en cuestión de cuatro días. La única forma que Salvini tiene para seguir ganando audiencia es mantener viva la atención sobre sí mismo. ¿Cómo? Entre otras cosas, volviendo a sacar el tema migratorio. Y a lo mejor ganarse así el último bastión de la izquierda transalpina. Salvini quiere hacer creer que es el primero en desear su propia imputación; pero tal decisión ya la tuvo el ex jefe del Gobierno italiano Giulio Andreotti ya renunció a su inmunidad en 1993, momento en el que nadie se opuso a la misma. Líderes de otra época, que no necesitaban de la chulería para ganar consensos.