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Llega la batalla final en las elecciones británicas

El tercer debate televisado se centrará en la economía, pero el insulto de Brown a una pensionista ayer sobrevolará el plató de la BBC

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Tercer debate electoral televisado en Reino Unido esta noche. En el plató de la BBC en Birmingham las preguntas se centraran en los planes económicos de los tres principales partidos, Laborista, Conservador y Liberal Demócrata. Pero tras los acontecimientos de ayer todas las miradas se centrarán en el primer ministro, Gordon Brown.

El jefe de Gobierno insultó a una pensionista de 66 años a micrófono abierto al entrar en su Jaguar. ¿Cómo podrá dirigirse esta noche a los votantes? La sensación es que el incidente de ayer es como una puñalada de Brown a la clase trabajadora. Una encuesta de The Sun anoche reflejaba el sentir de la gente. Sólo uno de cada cuatro entrevistados se creyeron las disculpas.

Aunque si Brown sobrevive, puede ser por la economía, algo que le ha traído de cabeza en el último año. Sus planes para la recuperación económica son los más consistentes según los expertos.

Pero los candidatos se han dejado por el camino una cosa en el tintero. Todos hablan de recortes y ninguno ha sido capaz de explicar con pelos y señales cómo van a reducir la deuda pública, situada en 168.000 millones de libras. Ayer, el diario The Independent publicó un extenso artículo basado en un informe del Instituto de Estudios Fiscales (IFS).

El IFS acusa a los tres partidos de no aclarar lo suficiente cómo piensa reducir la deuda pública

El organismo dejó bien claro que los candidatos no están siendo transparentes y que, por ejemplo, el 87% de los recortes que proponen los laboristas en su programa no han sido explicados. Los Conservadores no han contado cómo van a llevar a cabo el 82% de los recortes que proponen y los liberal demócratas, el 74%.

Una vez fuera de la recesión, el próximo primer ministro será el encargado de confirmar la recuperación económica. Los laboristas apuestan por aumentar los impuestos y sufragar así los recortes de presupuesto en todas las áreas del Gobierno.

Los liberal demócratas proponen un sistema parecido, mientras que los conservadores hablan de un recorte de la inversión pública radical sin subir los impuestos. Los expertos creen que una medida así hará sufrir a los servicios estatales y alertan de que eso, en Grecia, no ha funcionado, precisamente.

Lo que es más precocupante para los conservadores es que según el IFS, con las propuestas en la mano, todos los partidos conseguirán reducir la deuda pública en el mismo porcentaje tras la legislatura, el 40%. El IFS afirmó también que de los tres partidos la propuesta más progresista para las familias es la de los laboristas, seguida de la de los liberal demócratas y los conservadores.

La única manera que Brown tiene de salvarse es mostrando su experiencia económica

Brown, que fue ministro de Finanzas durante ocho años en la era Blair, tiene la oportunidad de redimirse después de la catástrofe de ayer. El primer ministro llamó 'intolerante' a Gilliam Duffy, una pensionista de 66 años que lo abordó en la calle para preguntarle sobre inmigración.

El comentario lo hizo sin darse cuenta y a micrófono abierto dentro de su coche, cuando la mujer ya se iba a su casa. Sky News escuchó la grabación y ya había material sobre el que hablar todo el día.

Brown llegó media hora después al estudio de la BBC 2 en Manchester para una entrevista. Cuando escuchó la grabación se llevó las manos a la cabeza. Se disculpó públicamente y por la tarde visitó a Duffy en su casa para explicarle en primera persona lo ocurrido. El primer ministro dijo que había malinterpretado una pregunta de la mujer sobre los inmigrantes de Europa del Este y que por eso reaccionó así.

Pero la fama le precede y difícilmente podrá quitarse de encima las acusaciones de persona iracunda y fuera de control que le llegan hasta de algunos miembros del partido. Algo que el periodista Andrew Rawnsley contó con todo lujo de detalles en su libro, 'The end of the Party'.

No es la primera vez que sucede algo parecido o incluso peor. En 2001, el viceprimer ministro John Prescott le asestó un puñetazo en la cara a un manifestante. No pasó nada.

Nick Clegg. AFP

En cualquier caso, Brown le ha hecho un favor enorme a Nick Clegg. El líder de los liberal demócratas ganó los otros dos debates y esta noche se enfrenta a su prueba de fuego, la economía. Por mal que lo haga, es muy probable que unos cuantos millones de votantes hayan cambiado de signo político después de ver a Brown ayer.

Si el segundo cara a cara significó la confirmación de Clegg como aspirante real, el tercero será la consagración. Desde que comenzaran los debates televisados, los liberal demócratas barren a los laboristas en todas las encuestas y los han relegado a la tercera plaza.

Atacar a Brown o centrarse en su política, son las opciones de Cameron esta noche

La tercera incógnita es cómo va a reaccionar el líder de los conservadores, David Cameron. En el primer debate mostró una de sus dos caras: la del personaje que se divierte ridiculizando a Gordon Brown y deja de lado la política.

En el segundo, sin embargo, mostró la otra: la de una persona sensata, sosegada y segura de sí misma que se limitó a explicar sus proyectos sin entrar al trapo a los ataques del primer ministro y de Clegg.

Esta noche es posible que muestre las dos a la vez. Si quiere seguir teniendo opciones de alcanzar la mayoría absoluta, no le quedará más remedio que darle la puntilla al primer ministro. Pero para conseguir que un votante laborista acabe confiando en los conservadores le hará falta algo más.

Los laboristas han aumentado la deuda pública hasta límites insospechados. Hoy podrá explicar de verdad cómo piensa deshacerse de ella.