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Merkel y Macron pactan sus planes para una nueva Eurozona

La canciller de Alemania asegura que  ha alcanzado una "buena solución" con el presidente de Francia que incluye un presupuesto común y la reconversión del fondo de rescate en una versión europea del FMI. En materia de inmigración, demandan un reforzamiento de las fronteras exteriores de la Unión Europea a través de más capacidad y recursos para la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex

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La canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron, en su encuentro bilateral en el marco de la cumbre franco-germana, en el Palacio de Meseberg. REUTERS

Una cita clave para el futuro de la Unión Europea. Así se presentaba la reunión entre Angela Merkel y Enmanuel Macron en el Palacio de Meseberg, a unos 60 kilómetros al norte de Berlín. Pero como en el contexto europeo el concepto cita clave se ha convertido ya casi en rutina, el ministro de Economía y Finanzas francés, Bruno Le Maire, quiso darle más drama y la tildó como “la hora de la verdad”.

“En las próximas horas o el presidente y la canciller alcanzan un acuerdo y dan un paso significativo a la hora de fortalecer la Eurozona, o son incapaces de hacerlo y, por tanto, volveremos, no dudo en decirlo, a tiempos incluso más turbulentos para la Eurozona y la Unión Europea”, aseguró Le Maire antes del encuentro a la televisión francesa BMF.

El Gobierno francés quería dar un golpe de efecto con esta reunión, mostrar que las demandas de Macron del conocido como discurso de la Sorbona, en la que detalló un ambicioso plan para la integración europea hace ya más de ocho meses, han sido finalmente escuchadas y aceptadas por la capital del otro lado del Rin. “Esta cumbre era muy esperada -ha dicho Macron en la posterior rueda de prensa junto a Merkel-. Y creo que no hemos decepcionado”.

La canciller llegaba a la cumbre tras sufrir una revuelta del ala más conservadora de su Gobierno, representada por el ministro del Interior Horst Seehofer, que amenaza con cerrar las fronteras de su país unilateralmente a aquellas solicitantes de asilo que ya hayan sido registrados en otro país de la UE.

El presidente francés Emmanuel Macron a su llegada al encuentro con la canciller alemana Angela Merkel, para la cumbre franco-germana, en el Palacio de Meseberg. REUTERS/Hannibal Hanschke

Merkel necesitaba a Macron para poder sofocar por completo esa rebelión y mantenerse en el puesto; Macron necesitaba a Merkel para seguir mostrándose como el adalid de la integración europea. Los dos estaban obligados a entenderse a pesar de las discrepancias que mantienen. Tanto para una como para el otro, un entendimiento bilateral era crucial para llegar con un acuerdo preestablecido a la cumbre de los líderes de la UE que se celebra entre los próximos 28 y 29 de junio. Así pues, ¿qué han acordado?

Presupuesto para la Eurozona

No ha sido el primer tema con el que ha empezado la canciller, pero sí era el más problemático. “Respecto a economía y política monetaria, ha sido el asunto más complicado en nuestras discusiones, pero creo que hemos encontrado una buena solución”, reconocía la canciller en rueda de prensa.

El presupuesto acordado, “un presupuesto real, con ingresos y gastos”, en palabras de Macron, estaría operativo a partir del año 2021 y se crearía en el marco de las instituciones y organismos europeos ya existentes. “Hemos acordado un borrador -señalaba Merkel-. Los detalles los tenemos que acordar también con el resto de países miembros”. Por tanto, la cuantía y la financiación de ese presupuesto no se han aclarado.

“Estamos trabajando para asegurarnos de que el presupuesto de la Eurozona servirá para fortalecer la inversión y también para fortalecer la convergencia”, ha explicado la líder alemana. “Porque sabemos que una unión monetaria y económica solo puede permanecer intacta si las políticas económicas convergen”.

La canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron, en la rueda de prensa conjunta tras su reunión en el Palacio de Meseberg, en el 'lander' alemán de Brandeburgo. REUTERS/Hannibal Hanschke

En este sentido, Francia y Alemania también tienen planes planes de transformar el Mecanismo de Estabilidad Europea (ESM por sus siglas en inglés), creado en 2012 cuando la eurozona atravesaba una de sus peores crisis, en un fondo monetario europeo. Este organismo podría ofrecer préstamos a países con problemas económicos, pero, a cambio, el Estado receptor tendría que permitir que el fondo monitorizase sus cuentas fiscales. Un Fondo Monetario Internacional (FMI) a escala europea

Asimismo, la canciller también se ha referido a la posibilidad de avanzar hacia una mayor unión bancaria, algo que solo podrá ocurrir, ha dicho, cuando el riesgo al que están expuestos las cuentas de los bancos se reduzca.

Macron, sonriente antes y durante la intervención, ha conseguido arrancar a Merkel la promesa de un presupuesto común, pero los detalles dictarán si realmente se traduce en una reforma significativa. Y es que no es solo la oposición de Alemania con la que se enfrenta.

“Un informe publicado a principios de año por un grupo de países más pequeños de la UE, liderados por Holanda, muestra que hay pocas ganas de mayor integración fiscal en muchas partes de la eurozona y de la UE”, explica a Público Pepijn Bergsen, analista político de The Economist Intelligence Unit. Y añade: “En cambio, estos países se querrán centrar en la disciplina fiscal de los mercados, creando mecanismos de reestructuración de deuda soberana, algo a lo que se opondrán con fuerza Estados miembro como Italia, Francia y España”.

Reducir la inmigración

El acuerdo entre Alemania y Francia tras meses de espera por parte del lado galo. “Mi impresión es que frustración es una buena palabra para definir cómo se ven las cosas desde el Gobierno francés”, señalaba antes de la reunión a este diario Barbara Kunz, del Instituto Francés de Relaciones Internacionales.

La canciller alemana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron, con sus ministros, antes para posar para la foto de familia de la cumbre franco-germana, en el Palacio de Meseberg. REUTERS/Hannibal Hanschke

Sin embargo, Merkel y Macron también han terminado el encuentro con un acuerdo sobre el otro asunto más espinoso que afronta la Unión Europea: las políticas migratorias.

Ambos líderes quieren reforzar de forma significativa la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex) con el refuerzo de 10.000 unidades con el objetivo de reducir la llegada de personas a través del Mediterráneo y otros puntos de llegada a la Unión Europea. Su objetivo es conseguir crear una oficina europea que gestione todas las solicitudes de asilo, lo que supondría la jubilación del polémico tratado de Dublín, que hasta ahora es el marco legal que gestiona qué país se tiene que hacer cargo de cada solicitud de asilo.

Merkel incluso ha hecho una mención específica a Italia, y ha insistido en la necesidad de trabajar de forma coordinada con todos los miembros para llegar a acuerdos duraderos. Y ya han mostrado por dónde irán los pasos para justificar ese cierre total de las fronteras europeas: destinar más ayuda y fondos a Libia y otros países africanos.

Los líderes han sido capaces también de acordar planes en materia de asuntos exteriores, defensa y seguridad. “Queremos que Europa encuentre su puesto en un mundo multilateral”, ha señalado Macron; mientras que la canciller ha subrayado que la UE tiene que poder reaccionar más rápido a eventos de carácter mundial para los que “no siempre tendremos un consenso absoluto”.

La canciller alemana y el presidente francés sí que necesitarán ese consenso, sin embargo, para poder materializar estas reformas anunciadas en cambios reales en el funcionamiento de la Unión Europea. Una tarea extremadamente difícil con el crecimiento de las fuerzas euroescépticas.

La primera prueba de fuego tendrá lugar en apenas diez días. Por momentos Macron, durante la rueda de prensa, con un tono solemne y grandilocuente, parecía olvidarlo. Merkel, en cambio, incidía en el carácter de borrador de varias de las decisiones tomadas. Con el tiempo se verá si este acuerdo franco-alemán realmente abre “un nuevo capítulo” en las relaciones de la UE, o si se pierde o es bloqueado en los laberínticos pasillos de las instituciones europeas.

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