Entrevista a Hernán Zin, cineasta y periodista"Netanyahu sigue el plan de Hitler en Polonia de matar a toda la clase media ilustrada"
El director de cine y reportero de guerra forma parte del 'Ciclo de Cine por Refugio' organizado por CEAR, que proyectará este martes su documental 'Todos somos Gaza'.

-Actualizado a
Hay lugares que se convierten en una obsesión. Para Hernán Zin (Buenos Aires, 1971), cineasta y reportero de guerra, Gaza es uno de ellos. La pisó por primera vez en 2006 y desde entonces ha regresado las veces que se lo han permitido, movido por la necesidad de contar la realidad de quienes habitan un territorio bajo asedio. De aquel primer viaje nació Llueve sobre Gaza, un libro en el que denunciaba unas injusticias que, lejos de desaparecer, no han hecho más que agravarse con el paso de los años.
En 2014, durante otra ofensiva israelí sobre la Franja, rodó Nacido en Gaza, un documental que seguía la vida de varios niños palestinos marcados por la guerra, la ocupación y la pérdida. La película se convirtió en uno de los trabajos más reconocidos de su trayectoria porque ponía rostro a una realidad que a menudo se cuenta en cifras. Diez años después, en pleno genocidio en Gaza, Zin vuelve a encontrarse con tres de aquellos niños -Mohamed, Bisan y Udai- para saber qué ha sido de sus vidas. El resultado es Todos somos Gaza, documental nominado a los Premios Goya y a los Premios Forqué, que recupera las historias de quienes crecieron bajo las bombas y han tenido que enfrentarse de nuevo a la violencia.
Esta vez, sin embargo, el director no ha podido entrar en la Franja. Como al resto de la prensa extranjera, las autoridades israelíes le han impedido el acceso y ha dirigido a distancia un equipo formado por gazatíes. "Han filmado su propio genocidio; no es nada fácil", explica el cineasta.
Este martes, Todos somos Gaza se proyectará en el Ciclo de Cine por Refugio organizado por CEAR, que acerca al público historias de desplazamiento forzado y refugio a través del cine documental.
Ha cubierto guerras durante años. ¿Alguna vez había visto algo comparable a lo que está ocurriendo ahora mismo en Gaza?
No. En 25 años cubriendo conflictos armados he visto las peores atrocidades de la humanidad, nos han secuestrado, me han disparado... Siempre pagamos un precio muy alto por estar ahí, pero lo de Gaza supera cualquier otra cosa que haya visto. No hay comparación a nivel de crueldad y de falta de respeto por los derechos más elementales. Creo que, para toda la humanidad, es el mayor horror que hemos visto desde la Segunda Guerra Mundial. Es terrible, no hay nada que se compare.
Yo fui a Gaza en 2006, después de diez años cubriendo conflictos armados y lo que me sorprendió allí es que tanto los periodistas como los niños, las mujeres y los ancianos éramos objetivos prioritarios, algo que no pasa en ningún otro lugar. No pasa en Irán, en Afganistán ni siquiera en Somalia. Y en Gaza son el objetivo, pero no es algo de ahora, lo denuncié en un libro que se llama Lluvia sobre Gaza y después, en 2014, en mi película Nacido en Gaza.
Se ha anunciado muchísimas veces que el objetivo era la desaparición de Gaza y que se utilizarían todos los medios para lograrlo. Por eso he vuelto tantas veces, he hecho tantos trabajos, libros y documentales. No había visto otra guerra o conflicto de esta magnitud que estuviera tan claramente predestinado a convertirse en un exterminio y en lo que estamos viendo hoy.
Nuestro director de fotografía recibió siete disparos en un hospital durante una operación israelí y nuestro productor, un bombardeo mientras trasladaba material
En el documental Todos Somos Gaza, algunos miembros del equipo fueron atacados durante el rodaje. ¿Cómo se continúa trabajando después de una experiencia así?
Hirieron a cuatro miembros del equipo después de que presentáramos el proyecto en Madrid. El documental estaba prácticamente terminado y habíamos encontrado a los niños protagonistas. A la semana siguiente, fueron heridos en diferentes ataques. Nuestro director de fotografía recibió siete disparos en un hospital durante una operación israelí y nuestro productor sufrió un bombardeo mientras trasladaba material, fueran heridos de gravedad, hasta el punto de que tuvimos que evacuarlos de Gaza.
No tengo claro si alguien informó de ello, pero siempre me ha quedado la sospecha porque todo ocurrió a la semana de anunciar el proyecto en una rueda de prensa muy grande y después de haber estado en todos los medios.
Fue el arranque más duro de mi vida. Esta gente en Gaza, los cineastas, hombres y mujeres que hicieron el proyecto, son héroes, porque estaban grabando su propio genocidio y eso es muy complicado, son un ejemplo de pasión y compromiso con la verdad.
Creo que impedir la entrada de periodistas extranjeros no solo tiene que ver con controlar el relato, sino también con poder bombardear sin el coste político que supondría matar a occidentales
Usted no ha podido entrar en Gaza, como tampoco la mayoría de periodistas extranjeros. ¿Qué implica que un conflicto de esta magnitud se esté desarrollando prácticamente sin la presencia de prensa internacional sobre el terreno?
Creo que impedir la entrada de periodistas extranjeros no solo tiene que ver con controlar el relato, sino también con poder bombardear sin el coste político que supondría matar a periodistas occidentales.
Tal y como está estructurado el mundo hoy en día, una vida del sur vale mucho menos que una del norte y cuando matan a periodistas europeos, la gente sale a la calle -como pasó en Irak con Couso-. Por eso, yo siempre he interpretado que fue una decisión estratégica. Israel sabía que, si estábamos ahí, iban a matar a algunos de nosotros involuntariamente y buscaban evitar que la opinión pública en Occidente se levantase.
Han pasado más de diez años desde Nacido en Gaza. ¿Cómo fue el reencuentro con aquellos niños para el segundo documental?
Fue un reencuentro muy emotivo. Estuvimos dos años siguiéndolos para esta nueva película y mantuve el contacto con ellos durante todo ese tiempo y lo que más me sorprendió fue su capacidad de resistencia. A pesar de vivir encerrados, sin poder salir, con cortes de electricidad constantes y bajo las bombas, seguían intentando construir una vida normal con dignidad y resiliencia. Querían estudiar, enamorarse, formar una familia...
Udai, por ejemplo, ha perdido tres hermanos en distintas ofensivas israelíes. ¿Qué infancia es esa? Vivir bajo drones y bombardeos constantes es una forma de tortura psicológica.
No digo que la salud mental allí esté bien, porque están devastados física y emocionalmente, pero son un ejemplo de dignidad. Encontré mucha dignidad en Mohammed, en Bisan y en Udai. Verlos convertidos en jóvenes adultos, con ganas de seguir adelante y sin quejas constantes, fue profundamente inspirador
El plan de Israel ha sido utilizar esta IA para acabar primero con la población formada para dificultar la reconstrucción futura del territorio
En el documental se aborda el uso de inteligencia artificial por parte del Ejército israelí. ¿Qué impacto está teniendo esta tecnología en la ofensiva en Gaza?
Usaban sistemas de inteligencia artificial para seleccionar objetivos, uno de los programas más conocidos es Lavender, una herramienta utilizada para analizar grandes cantidades de datos y señalar posibles objetivos militares.
Antes se tardaban semanas o un mes en identificar unos 50 objetivos. Ahora, Lavender permite acelerar ese proceso, incorporando incluso reconocimiento facial y generando objetivos a diario. En algunos casos, esos objetivos se atacan de forma automática a través de otro sistema, es la IA al servicio de matar gente.
Utilizan datos del teléfono móvil, voz, texto y reconocimiento facial para localizar a una persona. A partir de ahí se determina su ubicación y se procede al bombardeo, sin tener en cuenta los daños colaterales que pueda haber.
El plan de Israel ha sido utilizar esta IA para acabar primero con la población formada para dificultar la reconstrucción futura del territorio. Sigue el plan que utilizó Hitler en Polonia de matar a toda la clase media ilustrada. Gaza era uno de los lugares con más doctorados del mundo por metro cuadrado y en cinco o seis meses ya se habían cargado a buena parte de los arquitectos o ingenieros. Los localizaban mediante este sistema, porque Gaza es muy pequeño e Israel tiene todo controlado desde hace años.
¿Son tecnologías que acabarán trasladandonse a Occidente?
Sin duda. Israel hace negocios con esto y seguramente muchas de estas tecnologías terminarán exportándose después a otros países y a otros ámbitos. Ya ocurrió con los drones, que fueron utilizados en determinados conflictos antes de extenderse a nivel global.
Europa debería avanzar mucho más en la protección de la privacidad y de los datos biométricos. Quien controla esos datos tiene un enorme poder sobre la vida de las personas. Por eso el documental se llama Todos somos Gaza: lo que pasa en Gaza va a pasar en el resto de la humanidad, a otros niveles, con otros matices, pero pasará.
Además, vivimos expuestos cada día a imágenes de destrucción y muerte. ¿Le preocupa que estemos desarrollando una capacidad para acostumbrarnos a ver este tipo de atrocidades?
No lo veo exactamente así. Las imágenes han sido tan terribles -niños quemados, despedazados, escenas de una violencia extrema- que han generado un impacto enorme. Pero creo que lo que han provocado es un trauma colectivo. Llevamos dos años viendo imágenes extremadamente duras de manera constante. Eso deja una huella, aunque muchas veces no seamos plenamente conscientes de ello.
¿Cree que Gaza puede acabar desapareciendo?
Existe una posibilidad muy grande de que Gaza desaparezca como la hemos conocido. Hoy gran parte del territorio ha quedado destruido y reducido a una mínima expresión. Estamos ante un proceso histórico de enorme gravedad y en un momento decisivo para el futuro de la región, lo que ocurra dependerá de la reacción internacional y de la capacidad de la comunidad internacional para poner límites.
No ha habido ni una sola sanción significativa contra Israel mientras se contabilizan decenas de miles de muertos. Eso demuestra cómo funciona el mundo: quien tiene capital financiero, político y mediático tiene una enorme capacidad para influir y silenciar a su voluntad para sostener situaciones que deberían ser inaceptables.
Defender a Palestina no es una cuestión de izquierdas o derechas, es una cuestión de humanidad
¿Ha sufrido presiones o amenazas por sus posiciones sobre Palestina?
Sí, todo el tiempo recibo muchísimas amenazas de muerte. Antes de los Goya fue cuando más recibí y la Policía estuvo al tanto. Lo bueno es que, con el tiempo, la gente va abriendo los ojos. En 2006 era más difícil convencer a la gente, pero ahora creo que el 98% de la humanidad ha visto con claridad qué es Israel.
Es una cuestión de igualdad. ¿Somos todos seres humanos iguales? ¿Tenemos los mismos derechos o no? Israel está diciendo que no. Entonces la pregunta es si vamos a aceptarlo o si vamos a poner todos los medios posibles, incluso cascos azules, para parar el genocidio.
La gente tiene muy claro cuál es el lado correcto de la historia, pero son los políticos y los poderes financieros y mediáticos los que, por interés, no se atreven a decirlo. Lo importante es entender que defender a Palestina no es una cuestión de izquierdas o derechas, es una cuestión de humanidad. El debate no debería ser ideológico, sino centrarse en cómo detener una tragedia de estas dimensiones y cómo garantizar que se respeten los derechos fundamentales de todas las personas.
España es de los países que se ha pronunciado con más claridad en contra del genocidio
Me he sentido muy orgulloso de vivir en España todos estos años, porque la posición que ha adoptado el presidente creo que ha sido un acierto. Ante una de las mayores atrocidades de nuestro tiempo, tanto los líderes políticos como, sobre todo, la opinión pública han estado a la altura. Creo que debemos sentirnos orgullosos de vivir en un país con esa sensibilidad y con ese compromiso con la justicia.
Muy diferente ha sido la posición adoptada por Javier Milei. Usted, como argentino, ¿cómo valora la postura que ha mantenido el presidente argentino respecto al conflicto?
Argentina siempre ha sido un lugar muy complicado para hablar de estos temas. Ya en 2006 tuve dificultades para presentar mi libro y nunca fue fácil publicar determinadas opiniones en algunos grandes medios argentinos.
Allí el lobby sionista tiene muchísimo poder. Probablemente, después de Estados Unidos, sea uno de los lugares donde más capacidad tiene para influir y silenciar voces críticas. Muchos periodistas han sufrido presiones y cualquier crítica a Israel suele ser respondida con acusaciones de antisemitismo.
Con el actual presidente, que tiene serios problemas mentales, la situación se ha agravado aún más. Por eso valoro especialmente que en España todavía podamos debatir y hablar libremente sobre estas cuestiones.
Conflictos como el de Gaza obligan a miles de personas a huir de sus hogares. Sin embargo, cada vez son más frecuentes los discursos extremistas que presentan a migrantes y refugiados como una amenaza. ¿Cómo valora este auge de la ultraderecha?
El discurso de la ultraderecha es lamentable. Además, es tan burdo que ni siquiera merece mucho esfuerzo desmontarlo. Las cifras hablan por sí solas, la aportación de la migración a España es enorme a nivel económico y el coste que supone para los servicios públicos es mucho menor de lo que se dice.
Llevo veinte años escuchando los mismos discursos islamófobos, como que los musulmanes van a tomar Europa y cosas por el estilo. Al final siempre es la misma estrategia, hacer que los pobres se enfrenten entre ellos para beneficiar a una minoría muy poderosa. El fascismo funciona así, necesita crear un enemigo y, en este caso, el enemigo son los migrantes.
Tenemos que decir claramente que los migrantes vienen a trabajar, a buscar oportunidades y a construir una vida mejor. Yo mismo soy migrante y llevo muchos años aquí generando empleo, riqueza y pagando impuestos.



Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.