Palestina apenas figura en los programas de los partidos judíos pese a ser la principal afectada de las elecciones
El próximo 27 de octubre, Israel celebrará sus 26ª elecciones a la Knéset, las primeras después de los ataques del 7-O. Por ello, el tema central de la cita electoral es la seguridad del Estado israelí.
Salvo en el caso de los dos partidos árabes que concurren a las elecciones, Ra'am y la Lista Conjunta, las formaciones israelíes evitan abordar la cuestión de la autodeterminación palestina, cuando no la niegan rotundamente.
Dentro de la marginada centroizquierda sí existe cierta predisposición a frenar la anexión de Cisjordania y a establecer un diálogo con la Autoridad Palestina.

Madrid-
En las primeras elecciones que se celebrarán en Israel tras los mortíferos ataques de Hamás del 7-O, los partidos de mayoría judía han centrado sus narrativas en la seguridad del Estado. Estas toman diferentes formas en sus programas electorales, oscilando entre la desmilitarización del grupo islámico, la libertad de acción militar de Israel y el control de los territorios palestinos. Más tangencialmente, las formaciones sionistas en la oposición insisten en el refuerzo de las instituciones democráticas de Israel, que consideran mermadas tras cuatro años de guerras auspiciadas por el gobierno de extrema derecha de Benjamín Netanyahu.
En todos los casos, la centralidad de la seguridad de Israel opaca la cuestión palestina, cuyo núcleo es la autodeterminación de los árabes y el regreso de los refugiados a casa. A corto plazo, supone contener y castigar la violencia de los colonos en Cisjordania, revertir su anexión a Israel, retirar las tropas de la Franja de Gaza y poner fin a más de dos décadas de bloqueo a este enclave. Apenas los dos primeros puntos han sido integrados en los programas electorales de algunos de los partidos de mayoría judía en Israel.
De hecho, una gran parte de las formaciones judías consienten y promueven la violencia de los colonos, defienden la soberanía de Israel sobre Cisjordania y se oponen a la posibilidad de que exista un Estado palestino. Por esta razón, dentro y fuera del país los árabes siguen con escepticismo la campaña electoral y concentran sus escasas esperanzas en que "Netanyahu pierda", tal y como afirma el investigador social Mustafa Ibrahim en un artículo de Haaretz.
Aunque cambiara el gobierno israelí —algunas encuestas señalan que el bloque de la oposición, liderado por Yashar!, podría arrebatarle el poder a Netanyahu—, nadie espera que Israel esté próximo a embarcarse en un proceso de reconocimiento de Palestina, ni siquiera de concesión de unos derechos mínimos a sus vecinos. Todo lo contrario.
Al defender posturas que niegan el derecho a la existencia de los palestinos, la mayoría de los partidos israelíes desafían el derecho internacional. Es decir, las resoluciones que la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas han aprobado a lo largo de 80 años. En ellas se pide la retirada de Israel de los territorios ocupados desde 1967 —242 (1967)—, se confirma la ilegalidad de los asentamientos levantados en ellos y se exige su desmantelamiento —446 (1979) y 2334 (2016)— y se rechaza la anexión de Jerusalén —ES-10/19 y 478 (1980)—, entre otras cuestiones.
Debido al carácter garantista de estos textos, los sucesivos gobiernos israelíes han rechazado aplicarlos, fuera cual fuera su ideología. La diferencia era el tono: mientras que los ejecutivos liderados por la derecha y la extrema derecha sionista lo hacían de forma explícita, los laboristas se mostraban proclives al diálogo, marcando unas líneas rojas que hacían imposible la negociación real. Esto es el reflejo del papel que ocupa la cuestión palestina a la hora de vertebrar la ideología de los partidos judíos de Israel. Como explicó Rosa Meneses, directora del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos (CEARC) en un artículo en Público, "las divisiones ideológicas en Israel tienen que ver con la cuestión palestina".
Los israelíes asocian a las izquierdas con posicionamientos aperturistas respecto a la cuestión palestina. El absoluto arrinconamiento de estas formaciones en el actual panorama político israelí —pasaron de superar el 50% de los votos en las siete primeras elecciones del país a rascar solo el 11,5% en 2022— evidencia lo lejos que está su sociedad de iniciar un proceso de descolonización. El desinterés por resolver por medio de concesiones el problema palestino ha ido en paralelo al aumento de la violencia en Palestina e Israel y a una profunda "ultraderechización de su política".
Anexión total y expulsión de palestinos
La propuesta más rotundamente opuesta a un futuro Estado palestino es la presentada por los partidos sionistas religiosos de Israel. Así lo ha podido comprobar Público tras analizar sus programas electorales —en el caso de los partidos que los han presentado— y las fichas electorales elaboradas por Israel Policy Forum (IPF). Estos partidos son Otzma Yehudit, liderada por el político de extrema derecha y actual ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir; Amcha Yisrael, con Ofer Winter a la cabeza; Sionismo Religioso, liderado por el ministro de Finanzas, Bazalel Smotrich; y Zehut, que concurrirá junto a la formación de Smotrich en las elecciones del 27 de octubre.
Promueven la proliferación de asentamientos y la anexión total de Cisjordania y Gaza a Israel, algo que se conseguiría mediante la victoria militar. Solo Otzma Yehudit y Amcha Yisrael se han pronunciado acerca del potencial "problema demográfico" que crearía esta situación, que solventarían mediante la expulsión de los palestinos de sus tierras en un ejercicio que ellos denominan "promoción de la emigración voluntaria" de los árabes. El Estatuto de Roma recoge la práctica del desplazamiento forzoso de una población como un crimen de guerra y de lesa humanidad, mientras que el Convenio de Ginebra lo considera una violación del derecho internacional humanitario.
Para estos partidos, ningún actor político palestino tiene legitimidad suficiente como para merecer algún tipo de interlocución. Esta idea parte del convencimiento de que toda la Palestina histórica pertenece al pueblo de Israel. La idea de que las generaciones de árabes que habitan Palestina desde hace siglos realmente son invasores está bastante arraigada en la ideología sionista pero especialmente entre los religiosos. Para ellos, cualquier concesión a los palestinos, ya sea territorial o simbólica, es una muestra de debilidad frente a un enemigo bíblico.
Otzma Yehudit y Sionismo Religioso han hecho gala de este inmovilismo a lo largo de la última legislatura, en la que gobernaron junto al Likud de Benjamín Netanyahu tras amasar, junto a un tercer partido, el 10,8% de los votos en las elecciones de 2022. Ellos son en parte responsables del desinterés de Tel Aviv por dialogar con Hamás para la liberación de los rehenes secuestrados por la milicia palestina el 7-O. Además, han promovido normas para reforzar la salida de la UNRWA de Israel y se han mostrado contrarios a la entrada de cualquier tipo de ayuda humanitaria en la Franja de Gaza. Por último, aprobaron con entusiasmo la reforma penal impulsada por Ben-Gvir que aplica de la pena de muerte únicamente para los palestinos.
Anexión de Cisjordania y control militar de Gaza
Una de las visiones más extendidas acerca del lugar que deben ocupar los palestinos en Cisjordania y Gaza es la que comparten el Likud, de Benjamín Netanyahu, y el partido ultraortodoxo Shas, liderado por Aryeh Deri. Ambos se oponen a la creación de un Estado palestino, apuestan por multiplicar los asentamientos en Cisjordania y un férreo control militar sobre la Franja de Gaza y sobre su población. En este esquema, la Autoridad Palestina se presenta como prescindible.
La última legislatura de Israel es un ejemplo de la puesta en práctica de este modelo ultramilitarista. Durante el Gobierno de coalición de Likud, Sionismo Religioso, Otzma Yehudit, Shas y Nueva Esperanza, los asentamientos ilegales en Cisjordania se han disparado. En este periodo, surgieron cinco nuevos puntos avanzados en tierras palestinas y se autorizaron 103 nuevos asentamientos, según el seguimiento realizado por la organización israelí Peace Now. La entidad también registró un crecimiento del 531% del número de viviendas incluidas en planes aprobados antes de la llegada al poder del gobierno más conservador de la historia de Israel.
Anexión de parte de Cisjordania y entrega del resto a países árabes
"Hasta hace unos años, [Avigdor] Lieberman era el Ben-Gvir del momento", esbozó Rosa Meneses en conversaciones recientes con Público. Con esta comparación, la experta venía a evidenciar la cotidianidad con la que las ideas cada vez más violentas se asientan en Israel en pro de la seguridad del Estado. Inicialmente, el partido de Lieberman, Yisrael Beytenu, creado a finales de los 90, planteó una variante de la solución de los dos Estados para zanjar el conflicto árabe.
El plan era intercambiar territorios por población, de manera que Israel se anexionaba una parte de Cisjordania mientras que un futuro Estado palestino se quedaba con otras poblaciones de mayoría árabe. A cambio, los ciudadanos árabes de Israel, conocidos como palestinos del 48, debían ser reubicados —o forzosamente desplazados— para así asegurar la homogeneidad étnica de Israel.
Tras el 7-O, Lieberman sustituyó este plan por una propuesta aún más extravagante: formalizar la anexión de la zona C de Cisjordania a la par que se entregaba el control administrativo de la A y la B a Jordania. La división de estas tres áreas correspondía, inicialmente, a diferentes regímenes de control por parte de la Autoridad Palestina (AP) e Israel de los territorios palestinos, tal y como quedó fijado al inicio de las negociaciones de Oslo. La C era la más grande de todas ellas, y debía ser controlada militar y administrativamente por Israel hasta que pudiera llevarse a cabo un traspaso de poder seguro a la AP. Aquel momento nunca llegó. Es en esta área donde han proliferado la mayoría de los asentamientos israelíes.
En el caso de la Franja de Gaza, el líder de Yisrael Beytenu ha propuesto ceder su dominio a Egipto. Ni la Autoridad Palestina, ni la vuelta de los refugiados a sus casas ni, mucho menos, la autodeterminación del pueblo palestino, caben en esta propuesta.
Anexión de parte de Cisjordania y vigilancia del resto
Pese a que la escala ideológica israelí no encaja bien con la europea, no es descabellado aceptar la etiqueta de derecha moderada con la que los medios israelíes se refieren a Beyachad y a Yashar!. La primera es fruto de la alianza establecida entre los políticos liberales Yair Lapid y Naftali Bennett, mientras que la segunda está liderada por Gadi Eisenkot, militar de carrera y el candidato con más posibilidades de destronar a Netanyahu, según la mayoría de las encuestas.
Pese a que ambos se oponen a la creación de un Estado palestino y defienden posiciones militaristas —especialmente Eisenkot, quien fue jefe del Estado Mayor con Netanyahu— y represivas con la población palestina, no comulgan con el expansionismo mesiánico de las formaciones más conservadoras. En relación a Cisjordania, ambos defienden el mantenimiento y el control de los asentamientos levantados sobre la zona C, mientras que se oponen a la proliferación de aquellos establecidos en la A y en la B.
Ahora bien, las razones por las que defienden esta estrategia son muy diferentes. Lapid y Bennett se oponen de forma explícita a los puestos de avanzada en la zona y a la violencia general de los colonos en Cisjordania. En este sentido, sus argumentos son puramente legalistas. Por su parte, Eisenkot cree que avanzar en dichas áreas de Cisjordania terminaría dotando al país de un mayor carácter multiétnico que podría desequilibrar el dominio judío del territorio. Esto, teme el militar, podría desembocar en una propuesta de Estado binacional, que rechaza tajantemente. Por ello, Yashar! considera importante evitar el colapso de la Autoridad Palestina.
Aperturismo hacia los dos Estados priorizando la seguridad de Israel
Dentro de los partidos de mayoría judía, la postura más transigente respecto a la cuestión palestina la detentan Los Demócratas. Este partido, surgido a mediados de este año de la fusión del defenestrado Partido Laborista con el Meretz, ocupa el espacio del centroizquierda en Israel. A efectos comparativos, es el único partido judío cercano a la socialdemocracia europea. Las encuestas israelíes auguran que los antiguos socialistas se harán con nueve de los 120 escaños del Knéset, según la media calculada por el IPF.
De acuerdo al análisis del mismo instituto, Los Demócratas se oponen a la anexión de Cisjordania y a la violencia de los colonos. Además, preservan la posibilidad de una futura separación israelí-palestina. Público ha comprobado que esta última cuestión, sin embargo, no aparece en su programa electoral. En lo que atañe a Palestina, las propuestas recogidas en este documento se limitan a reforzar la diplomacia con los países árabes afines, así como fortalecer y estabilizar a los actores palestinos moderados, encarnados en la Autoridad Palestina, para lo que es preciso "debilitar" y "desmilitarizar" a los grupos extremistas palestinos.
Todo ello queda, sin embargo, supeditado a la seguridad de Israel, que constantemente exige a sus líderes mantener la "capacidad para defenderse". El proceso de Oslo demostró que esta cuestión siempre primaría sobre la autodeterminación palestina, posponiendo esta conversación a un futuro indeterminado.
El resultado de este inmovilismo fue el fracaso de los Acuerdos de Oslo, el recrudecimiento de la violencia y el desgaste de los laboristas. Es posible que fuera aquel aprendizaje lo que ha llevado a los ahora demócratas a plantear sus posicionamientos sobre la cuestión palestina de manera más imprecisa.
Otro partido que carece de un posicionamiento claro sobre la cuestión palestina es el partido Judaísmo Unido de la Torá (UTJ), de carácter puramente religioso y no sionista. Tal y como recoge el Israel Policy Forum (IPF), solo pone el foco en los asentamientos ultraortodoxos, pero sin el enfoque mesiánico del que hacen gala los partidos sionistas religiosos.
![Una gorra con el lema "Yo voto a Bibi [Benjamín Netanyahu]" expuesta junto a otros materiales de campaña en los que aparece el primer ministro israelí en Tel Aviv (17/09/2026) Una gorra con el lema "Yo voto a Bibi [Benjamín Netanyahu]" expuesta junto a otros materiales de campaña en los que aparece el primer ministro israelí en Tel Aviv (17/09/2026)](https://www.publico.es/files/image_horizontal_mobile/uploads/2026/09/25/6ab6ae9b3dc4a.jpeg)

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