Redadas, deportaciones y espionaje: los riesgos del activismo propalestino en Alemania
El informe Represión de la solidaridad con Palestina en Alemania revela cómo las críticas a Israel por el genocidio y la colonización están en el punto de mira de las autoridades germanas.

Madrid--Actualizado a
Las calles de Neukölln, en Berlín, son el epicentro de la comunidad árabe en la ciudad alemana. El pasado 11 de febrero, varios gendarmes de la policía irrumpió en una cafetería del famoso barrio y detuvo a decenas de personas, incluidos refugiados palestinos. Seis de ellos fueron enviados a Grecia pese a que no fueron acusados de cometer ningún acto violento.
La razón del traslado resultó inaudita para muchos defensores de los derechos humanos en Alemania. Los jóvenes palestinos habían participado en varias protestas contra la incesante y mortífera intervención de Israel en Palestina, que varios organismos internacionales ya han definido como genocidio. Por la presunta comisión de este delito, la Corte Penal Internacional emitió órdenes de arrestro internacionales contra el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y su anterior ministro de defensa, Yoav Gallant.
En cambio, fueron los seis refugiados quienes terminaron en el calabozo y posteriormente trasladados a Atenas. Ello, pese a que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos afirmara en enero que Grecia había llegado a cabo deportaciones ilegales a terceros países.
Este y otros casos han sido recolectados e investigados en el informe Represión a la solidaridad con Palestina en Alemania, publicado recientemente por varias organizaciones propalestinas con el apoyo en España de Defender a quién defiende. A lo largo de 70 páginas, los investigadores identifican "cinco ámbitos interrelacionados a través de los cuales se ejerce esta represión". Estos son, la represión legal, el establecimiento de un estado de violencia y securitización, la deslegitimación narrativa, la censura en el sector social y cultural y la exclusión en el sistema educativo.
"Es difícil separar uno ámbito de otro, porque operan a la vez", explica a Público Salah Said, activista alemán de origen palestino y coautor de la investigación. El informe recoge como, desde los ataques de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, la coerción del estado alemán en estas cinco áreas se ha redoblado. Sin embargo, la represión de los movimientos propalestinos en Alemania es previa a esta fecha e, incluso, a la existencia de Hamás, fundada en 1987.
Alemania es un Estado perseguido por los fantasmas de su pasado genocida y antisemita. Para redimirse ha adoptado una política de defensa a ultranza de Israel. Más aún, después experimentar en su propio territorio uno de los muchos capítulos del sangriento conflicto palestino-israelí, cuando en 1972 el grupo armado palestino Septiembre Negro, asesinó a 11 atletas de la delegación israelí en las Olimpiadas que se celebraban en Múnich.
Desde entonces, un continuum de resoluciones ha puesto en el punto de mira a los movimientos propalestinos. De esta forma, se justifica el registro de domicilios y el espionaje a activistas, la restricción del derecho a la protesta y el endurecimiento de las políticas migratorias para los extranjeros que simpatizan con la causa palestina.
Antisemitismo vs. crítica a Israel
"Se han presentado mi casa varias veces", relata Said a este periódico. La última de ellas, en marzo de 2024, los gendarmes entraron en su domicilio, registraron sus pertenencias y se llevaron sus aparatos electrónicos bajo la excusa de recibir "ordenes de arriba" y alegar que su actividad suponían "una amenaza para la seguridad pública". "Nunca se me ha acusado de nada", alega Said, quien cree que se trataba de un simple ejercicio de intimidación para impedirle hablar de Palestina.
Su caso no es el único. La activista alemana Yasemin Acar, quien formó parte de la expedición de la Flotilla de la Libertad, detenida por Israel el pasado el 9 de junio en aguas internacionales, ha denunciado en numerosas ocasiones el acoso policial al que se ve sometida en Alemania. La policía ha tocado a la puerta de su casa en varias ocasiones, y sus intervenciones en foros públicos han sido cancelados. Los motivos siempre remiten al supuesto carácter antisemita de los mismo, y al peligro que supone su celebración para la seguridad y orden público.
La definición de "antisemitismo" más utilizada por gobiernos e instituciones multilaterales, como la ONU, es la adoptada por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA) en 2016. Según esta, el antisemitismo "es una cierta percepción de los judíos que puede expresarse como odio hacia ellos". Y añade: "las manifestaciones retóricas y físicas del antisemitismo están dirigidas a personas judías o no judías y/o a sus bienes, instituciones comunitarias y lugares de culto".
Las autoridades alemanas confunden la crítica a Israel con antisemitismo
La guía práctica de este concepto ejemplifica que estas manifestaciones podrían incluir los ataques contra el Estado de Israel, "concebido como una colectividad judía". Sin embargo, también especifica que "las críticas a Israel similares a las dirigidas contra cualquier otro país no pueden considerarse antisemitas". Pese a esta aclaración, Salah Said cree que las autoridades alemanas confunden "antisemitismo con la crítica al Estado de Israel".
En conversación con Público, Said explica que esta definición, así como el trabajo de la IHRA, fue respaldado oficialmente por el Gobierno Federal alemán en 2017. Aquel año, la entrada de Irlanda en la Alianza puso en primera línea mediática tanto a la organización como a la definición de antisemitismo. Paralelamente, las campañas del movimiento Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel (BDS), comenzaron a ganar protagonismo. Una de las más sonadas fue la cancelación del concierto de la artista Lorde en Tel Aviv, en apoyo al boicot cultural a Israel promovido por el BDS.
En mayo de 2019, el Parlamento alemán aprobó una resolución no vinculante en la que se definió el trabajo del BDS como antisemita, remitiéndose a la descripción de este concepto que hace el IHRA. El documento reflejaba la posición política de la mayoría de la Cámara Baja alemana, pero carecía de estatus legal. "Estamos viendo cómo, en algunas ocasiones, jueces y fiscales utilizan la resolución para evaluar el discurso y las protestas relacionadas con Palestina", lamenta Said. Es decir, que "aunque [la definición] no forma parte del derecho penal, se remite a ella. Aquí es donde comienza la controversia".
El informe en el que participa Said, recoge varios ejemplos de lo que es considerado antisemitismo según las autoridades alemanas. Uno de ellos es el famoso cántico From the river to the sea, Palestine will be free -en español, "desde el río hasta el mar, Palestina será libre"- es considerada una premisa antisemita. Los autores del informe aseveran que, "mientras que para los palestinos este eslogan anti-colonial es un canto a la liberación y la libertad de todas las personas desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo (Shallah, 2015), la policía de Berlín, algunos fiscales y, de momento, tres tribunales alemanes, lo interpretan como un eslogan propiedad de Hamás (...) que llama a la destrucción de Israel y que, por tanto, es antisemita".
Políticas antimigratorias
Las últimas elecciones generales en Alemania se celebraron el 23 de febrero. Como en otros tantos países occidentales, el discurso antimigratorio ocupó un papel fundamental durante la campaña electoral. Este es el contexto en el que se llevó a cabo la redada contra los activistas y refugiados palestinos en el barrio berlinés de Neukölln. Dos semanas después de los altercados, la extrema derecha alemana, AfD, se posicionó como la segunda fuerza del país.
Poco después, el Ministerio de Interior alemán anunció que cogelaría las solicitudes de asilo en sus fronteras. Esta medida se sumó a la puesta en práctica del último convenio de Dublín (2013), según el cuál un Estado miembro de la UE puede deportar a una persona al primer país que pisó al entrar en Europa. Con todo ello, confirma Said, "la islamofobia y arabofobia se ha disparado en Alemania".
Las políticas antimigratorias también se utilizan para acabar con los movimientos propalestinos
El investigador afirma que estas políticas también se están utilizando para acabar con los movimientos propalestinos en el país. Un caso conocido fue el de "los cuatro de Berlín", en el que cuatro residentes legales en la ciudad alemana -tres de ellos ciudadanos de otros países de la UE como Irlanda y Polonia y otro procedente de EEUU- recibieron órdenes de deportación, de momento paralizadas, por participar en protestas propalestinas, pese a que no se demostró que hubieran cometido ningún delito.
Impedir la protesta, un desafío a la democracia
Cada 4 de mayo, los israelíes celebran su fiesta nacional. Diez días después, los palestinos se manifiestan por la "catástrofe" -nakba- que provocó la creación del Estado de Israel, y que supuso el desplazamiento forzado de 700.000 palestinos de lo que hasta aquel día de 1948 había sido su territorio histórico. Por eso, cada año, los palestinos recuerdan esa fecha con manifestaciones y protestas en las que denuncian la imposibilidad de sus antepasados de retornar a sus hogares y la ocupación colonial de Israel del menguante territorio que, de acuerdo a varias resoluciones de la ONU, todavía les pertenece.
Las protestas anuales por la Nakba llevan prohibidas en Alemania desde 2022
En Alemania, las movilizaciones por la nakba fueron prohibidas en 2022 y 2023. Es decir, un antes de que tuvieran lugar los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023. La policía de Berlín alegó entonces que dichas prohibiciones se debían, de nuevo, a su supuesto carácter antisemita y cuestiones de seguridad.
Este escueto argumento fue el mismo que utilizó para impedir la celebración del Congreso sobre Palestina fechado para abril de 2024 en Berlín y la entrada al país otro de los panelistas, el médico palestino-británico, Ghassan Abu Sitta, quién estuvo trabajando en la Franja de Gaza durante los primeros meses del genocidio.
Las presiones contra la celebración de actos críticos con Israel llevaron a la Universidad Libre de Berlín y la Universidad de Múnich a cancelar a principios de año una ponencia de la relatora de la ONU para los derechos humanos de los palestinos, Francesca Albanese. A estas cancelaciones se suman los obstáculos burocráticos, silencios administrativos y prohibiciones de protestas que conlleven una postura propalestina o contraria a la intervención israelí en Gaza.
Esta es la punta de iceberg de una estrategia política, en palabras de Salah Said, pone en peligro las democracias en Europa. "Las leyes y las políticas que se usan para criminalizar los movimientos propalestinos, como también ocurre con el ecologismo, están atacando los fundamentos de las democracias liberales, como las libertades civiles". Se trata, en última instancia: "de una crisis de la democracia".

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