Rusia y Ucrania se reúnen en Estambul en medio del esfuerzo contrarreloj de Occidente para armar a Kiev
La reunión entre rusos y ucranianos prevista para esta semana corre el riesgo de fracasar ante la apuesta occidental de acelerar el envío de armas a Kiev.

Madrid--Actualizado a
Es la tercera vez que se reúnen frente a frente sendas delegaciones de Rusia y Ucrania desde que el presidente estadounidense, Donald Trump, abriera unos canales de diálogo con Moscú que no han acabado de prosperar, como lo demuestra el ultimátum de cincuenta días que el jefe de la Casa Blanca lanzó al Kremlin la semana pasada como amenaza para avanzar hacia la paz. Ninguno de los dos encuentros anteriores ruso-ucranianos acercó un alto el fuego en una guerra que se prolonga ya tres años y cinco meses.
Las nuevas misiones enviadas por Moscú y Kiev llegarán a Estambul ya este miércoles, según las informaciones ucranianas. Los rusos han indicado que las reuniones podrían prolongarse incluso hasta el viernes, pero el Kremlin fue muy claro este martes sobre el encuentro: "Por supuesto, no hay ningún motivo para esperar alguna clase de avance milagroso. Dada la actual situación, esto es difícilmente posible", afirmó el portavoz presidencial ruso, Dmitri Peskov, en la mañana del martes.
La representación ucraniana es del más alto nivel y estará encabezada por el secretario del Consejo para la Seguridad Nacional, Rustem Umérov. El hasta hace unos días ministro de Defensa encabezó también las dos delegaciones anteriores enviadas por Kiev a las reuniones ruso-ucranianas del 15 de mayo y 2 de junio.
Entonces no se logró nada, salvo un intercambio de prisioneros de guerra, y desde esas fechas la contienda se ha recrudecido, sobre todo este mes de julio, con los mayores bombardeos con drones y misiles por parte de Rusia desde que comenzó la guerra el 24 de febrero de 2022. Rusia también ha consolidado varias cabezas de puente en el norte de Ucrania, en las regiones de Sumi y Járkov, y su infantería sigue avanzando lentamente, pero sin pausa, en la región de Donetsk, en el este ucraniano.
Un encuentro incierto
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, quien el pasado domingo instó a su homólogo ruso, Vladímir Putin, a celebrar esta nueva reunión en Estambul, tampoco es muy optimista y ha señalado que al menos quiere conseguir en este encuentro la liberación de todos los prisioneros de su país en manos rusas y el retorno de los menores ucranianos que, al desatarse la invasión y ser evacuadas amplias zonas en el este de Ucrania, fueron enviados a la Federación Rusa por el Ejército invasor. Ucrania ha pasado a Rusia una lista de 339 menores, aunque Moscú apenas reconoce una decena susceptibles de ser retornados.
Pero ni siquiera estas demandas tienen garantía de cumplirse. El acercamiento del presidente Trump a Ucrania en las últimas semanas y el fin aparente de la cordialidad que mantenía con Putin, además de la creciente presión europea para incrementar el respaldo militar a Ucrania, han alejado a Moscú de una salida dialogada.
Peskov reconoció que la brecha es muy grande entre ambas posiciones y no parece que nadie vaya a ceder. Si Rusia vuelve a presentar el memorando que ya puso sobre la mesa de las negociaciones de Estambul el 2 de junio, se repetirá su demanda de una retirada total ucraniana en las cuatro regiones anexionadas en parte por el Ejército ruso (Lugansk, Donetsk, Zaporiyia y Jersón). Además, Rusia reclamará el reconocimiento ucraniano e internacional de su anexión de Crimea en 2014 y el compromiso de Kiev y Occidente de renunciar a la integración de Ucrania en la OTAN.
La posición de Ucrania es más simple, pero solo aparentemente. Reclama un alto el fuego incondicional y la retirada de las tropas rusas de los territorios invadidos. Esta petición choca con los objetivos inalienables de Rusia, que no está dispuesta a dejar pasar el coste material y humano que le ha supuesto la invasión.
El primer punto, el alto el fuego incondicional, parecería el elemento más consecuente de las peticiones ucranianas, al menos mientras se negocia un armisticio. Sin embargo, Zelenski y sus aliados británicos y franceses, al frente de la llamada Coalición de Voluntarios por Ucrania, pretenden usar esa tregua inicial para desplegar tropas occidentales en este país a fin de "mantener la seguridad" ucraniana. Moscú ha calificado tal paso como un disparate.
Trump y la reunión de Estambul
Además de estas posiciones irreconciliables, otros factores externos hacen muy complicado un mínimo acuerdo en Estambul. La semana pasada, Trump amenazó con desatar una tormenta económica sobre Rusia si no se avenía a alcanzar ya un pacto para la pacificación de Ucrania. Trump señaló que dispararía en un cien por cien los aranceles secundarios estadounidenses a los países que sigan comprando petróleo, gas y otros productos claves rusos si en 50 días Rusia no ha llegado a un acuerdo de paz. Esta amenaza se cernirá sobre la reunión de Estambul.
Además, Trump ha prometido incrementar las armas que el Pentágono envíe a Ucrania, especialmente defensivas y pagadas por los aliados europeos. Estos se han mostrado en principio de acuerdo con asumir esos costes, especialmente Alemania, y, además, han tocado a zafarrancho de combate para acelerar su entrega a Ucrania. Lo que ocurre en el frente es motivo de alarma en Bruselas, tanto en los cuarteles de la OTAN, como en los despachos de la Unión Europea.
El último toque de clarín para avivar los envíos de armas lo dio este lunes el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. El responsable de la Alianza defendió la propuesta de Trump para que los 32 compren armamento a Estados Unidos y lo despachen cuanto antes a Ucrania. Rutte insistió en la "urgencia" de esta iniciativa durante su participación en el encuentro telemático de los ministros de Defensa del medio centenar de países del Grupo de Contacto para la Defensa de Ucrania (UDCG), convocado por Reino Unido y Alemania.
Un plazo de 50 días para que lleguen las armas a Ucrania
Este impulso de Rutte a la conversión de la OTAN en un intermediario entre los fabricantes de armas estadounidenses y los países europeos (ahora presionados por Trump para asumir el coste total de la guerra y de paso proporcionar pingües beneficios a los fabricantes de armamento de EEUU), coincidió con la llamada del ministro de Defensa británico, John Healey, a acelerar la entrega de armas a Kiev antes de dos meses.
"Como miembros del Grupo de Contacto para la Defensa de Ucrania, debemos redoblar esfuerzos con una campaña de 50 días para armar a Ucrania en el campo de batalla y llevar a Putin a la mesa de negociaciones", defendió Healey en la apertura de la 29ª reunión de esa coalición.
En Reino Unido y Alemania aprovecharon la reunión del Grupo de Contacto para anunciar su nuevo acuerdo de colaboración en el abastecimiento a Ucrania de munición crítica antiaérea, adquirida a través del Fondo Internacional para el país eslavo que lidera Londres. Buena parte de esa munición será británica (el negocio ha de quedar en casa), pero sobre todo incluye el suministro de misiles Patriot estadounidenses para los sistemas antiaéreos de este tipo que tienen los ucranianos.
Precisamente, Trump ha animado a sus socios europeos a sacudir sus bolsillos y comprar algunos de esos sistemas en EEUU. Estas baterías interceptoras de misiles balísticos y de cruceros rusos cuestan 1.000 millones de euros la unidad, todo un negocio para los mercaderes de armas estadounidenses, gracias a la generosidad alemana especialmente.
El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, se comprometió este martes a que su país ayude a proporcionar a Ucrania cinco de esos sistemas Patriot, dos de ellos del propio arsenal germano. En este sentido, Pistorius pidió a Washington que le garantice que en el curso de no más de ocho meses podría tener el repuesto (pagado también por las arcas germanas) a las baterías Patriot que ahora done a los ucranianos.
La cuestión es que se está corriendo contrarreloj en esta guerra y que el tiempo juega a favor de Rusia. Será en estos meses cuando Moscú haya definido la nueva fase de la guerra en Ucrania, marcada por el uso masivo de drones y misiles (contra los que se necesitan los citados sistemas antiaéreos), y numerosas incursiones de infantería en todos los frentes de la contienda.
Zelenski quiere que Ucrania se beneficie del rearme europeo
En su último mensaje nocturno a la nación, el presidente Zelenski urgió a la OTAN a que le proporcione no solo sistemas antiaéreos, sino también financiación para comprar y fabricar más drones y ayudar a mantener el Ejército ucraniano, que no pasa por sus mejores momentos, con el creciente agotamiento de las tropas ante una guerra que no tiene visos de solución y que ganará el contendiente que aguante más el desgaste.
Zelenski recordó que Ucrania puede recibir parte de ese incremento del presupuesto de defensa de los miembros de la OTAN hasta el 5% de su PIB, acordado en la última cumbre de la Alianza celebrada en La Haya en junio pasado. "Debemos aprovechar el hecho de que EEUU y los principales líderes europeos no se oponen a la idea de que fortalecer a Ucrania pueda formar parte del nuevo objetivo de defensa del 5% tras la Cumbre de La Haya", aseveró Zelenski.
El problema que va a tener el mandatario ucraniano con este traspaso a la OTAN por parte de EEUU de la organización y despacho de armas a Ucrania pagadas con dinero europeo es la lentitud de la burocracia del viejo continente. Y eso fue de lo que se quejó Zelenski. Recordó que la UE ha habilitado el acceso a 150.000 millones de euros para apoyar a Ucrania y que una decena de países ya han mostrado su disposición para emplear ese dinero. Sin embargo, dijo Zelenski, "aún no hemos visto el resultado: que realmente lo hayan tomado y nos lo hayan transferido".
"Creo que es un asunto que compromete tanto a la OTAN como a la UE. Pero lo necesitamos ya. Es una prioridad", instó Zelenski. Según el ministro de Defensa ucraniano, Denis Shmigal, Ucrania precisará al menos 102.000 millones de euros para gastos de defensa en 2026. El problema ahora será poner de acuerdo a la OTAN y la UE para que al menos la mitad de ese dinero pueda venir de la financiación de sus aliados.
Y no parece que eso vaya a ser sencillo. Tampoco que se produzca finalmente la venta de armas por parte de Estados Unidos, cuyo presidente, pese a su actual posición crítica con Moscú, podría cambiar de opinión en cualquier momento y reorganizar por enésima vez todas las fichas del tablero.



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